Busco refugio
en Al·lâh, El Más Sublime, El Omnisciente, contra el maldito Satanás.
En el nombre de
Al·lâh, El Más Compasivo, El Muy Misericordioso.
La alabanza es
para Al·lâh, lo alabamos y en Él buscamos ayuda y buen camino y pedimos Su
perdón; y en Él buscamos refugio del mal de nuestras almas y de nuestras malas
acciones. A quien Al·lâh guía nadie podrá desviarlo y a quien desvía, nadie
podrá guiarlo.
La
virtud que vamos a tratar hoy es al îzâr (el altruismo). Se trata de una
de las virtudes islámicas que, por desgracia, desaparecieron de nuestras
sociedades a pesar de, que tanto el Islam como nuestro Profeta, que los rezos y
la paz de Al·lâh
sean sobre él, nos
incitaron a seguirla y aplicarla en nuestras vidas.
Si
examinamos la sunna del Profeta, que los rezos y la paz de
Al·lâh
sean sobre él, descubrimos que al îzâr,
fue una de sus grandes virtudes. Sin embargo, esta virtud ya no existe en
nuestros tiempos.
Hemos
llegado a un punto muy grave, en que los jóvenes ya no saben qué significa la
palabra al îzâr. Si les preguntas por ello, les parecerá que estás
hablando de algo extraño, algo que no saben lo que es.
Por
otra parte, si buscamos el equivalente de esta palabra en otros idiomas, por
ejemplo, si buscas en inglés un sinónimo de la palabra al îzâr, no
llegarás a ningún resultado. Lo mismo se puede decir para otros idiomas como el
francés o el español.
Este
problema no se plantea, únicamente, con este vocablo sino con muchas virtudes y
conceptos islámicos. Por ejemplo si buscas un equivalente de esa palabra en
inglés, no lo encontrarás, tampoco lo vas a encontrar en francés. No sólo al
îzâr sino también otras virtudes islámicas como al hayâ´ (el
pudor). Si buscas, por ejemplo, la traducción de esta palabra en inglés
encontrarás “shame”, pero este término no llega a transmitir la carga semántica
en su totalidad, porque significa “vergüenza”.
Lo mismo pasa con el
término “at-tawâdo’” (modestia). Su equivalente en inglés es “humble”,
una palabra que significa “humillación”, y no tiene nada que ver con at-tawâdo’
al que aludimos. Así pues, lo mismo pasa con el término
al îzâr.
¡Qué lástima jóvenes! Me
pregunto ahora, ¿de dónde sacamos nuestros valores? Pues lo cierto, por
desgracia, es que no las sacamos de nuestros riquísimos valores islámicos, sino
que lo sacamos de los desechos de occidente. ¿Para qué? ¿Para conseguir su
tecnología, su civilización o su gerencia? Pues no, sólo para imitarles
ciegamente, en las cosas que no tienen ningún provecho.
¡Ojala que nuestra nación
hubiera sido lo suficientemente desarrollada y llevamos lo que sobra de
occidente! Pero, realmente, pertenecemos a una comunidad débil y retrasada,
todavía hundida en un aluvión de problemas. Los jóvenes, en vez de dedicarse a
resolver estos problemas, gastan su tiempo imitando a los occidentales en su
forma de vestir y comer, así como en escuchar las canciones orientales. Se
abstienen a adoptar algo de nuestras virtudes islámicas, no quieren sacar nada
de esto.
¿Dónde podemos
encontrar al îzâr si ya no existe actualmente?
Pues
lo encontramos en la escuela del Profeta, que los rezos y la paz de Al·lâh sean
sobre él, y entre hombres que tuvieron una firme creencia en el Islam, que
vivían para él.
Por
tanto, ahora os invito a conocer al îzâr.
Definición
de al îzâr: consiste en preferir a tu hermano más que a ti mismo, y
dejarle gozar de algo de los privilegios de la vida que tú pierdes. Cuando
decimos que alguien ha sido altruista con alguien, queremos decir que, fue
generoso con él aún a costa de sí mismo. Le has agradado con disfrutar de los
deleites de esta vida terrenal, con el fin de lograr los gozos de la otra vida.
Paradigmas
de al îzâr
Hemos
dicho antes que esta virtud, se puede hallar en la escuela del Profeta, que los
rezos y la paz de Al·lâh sean sobre él. Intentaremos entonces, a través de estos
ejemplos, descubrir hasta qué punto ha sido esta virtud presente entre el
Profeta y sus compañeros.
En una de las noches glaciales
de invierno, una mujer medinesa se fue a la casa del profeta. Tenía en sus manos
una túnica de terciopelo. Era un regalo para el Profeta, que los rezos y la paz
de Al·lâh sean sobre él, que padecía en aquellos momentos, del tremendo frío que
hacía. Así pues, el profeta se alegró mucho por el regalo. Al estrenar la nueva
ropa, uno de los compañeros medinenses le vio y le dijo: “¡Oh qué túnica más
bonita llevas! ¡Oh Profeta! Puedo probarla”. Entonces le dijo el Profeta: “si te
la doy. Y quitó el Profeta, que los rezos y la paz de Al·lâh sean sobre él,
aquella túnica y la ofreció al hombre. Viendo esto, los compañeros de Profeta
echaron la bronca al hombre y le dijeron: ¿cómo te atreves a hacer algo así? ¿Acaso
no sabes que el Profeta también necesita ayuda? Entonces replicó el profeta:
pero yo la necesito más que él, la voy a guardar para que me amortajen con ella,
cuando muera.
Ahora
pregunto ¿Qué harías tú si fueras el Profeta? Veis cómo se la dio a pesar de
necesitarla. Pues esto es al îzâr.
Otro
beduino se presentó ante del Profeta, que los rezos y la paz de Al·lâh sean
sobre él, después de la reconquista de la Meca y Jaybar. En aquel momento, los
musulmanes consiguieron mucho botín. Esto fue después de 23 años de llamamiento
al Islam. En esta época, el profeta y sus compañeros eran paupérrimos. Su
pobreza llegó hasta tal punto que el Profeta, que los rezos y la paz de Al·lâh
sean sobre él, ataba su vientre con dos piedras para no sentir hambre. Pero
después, Al·lâh les ha conferido muchos triunfos, con los que pudieron conseguir
muchos botines. Un día, la parte que ha conseguido el Profeta de este botín,
igualaba la cantidad de un ganado entre dos montañas.
Una
gran fortuna en mano de alguien que siempre padecía de la pobreza. Pues ¿qué
haría con tanta fortuna? Es lo que vamos a ver en seguida.
Así
pues, el citado beduino empezó a mirar a estos botines con admiración. En este
momento, le preguntó el Profeta: ¿te gustan? Replicó el hombre: Sí. Entonces le
dijo el Profeta: pues, son para ti. Replicó el hombre: ¡Oh Mohammad! ¿Estás
hablando en serio? Dijo el Profeta: Sí, llévatelas, si quieres. El hombre se
dirigió hacia el ganado y se lo llevó a su tierra. Cuando llegó el hombre a su
pueblo les dijo: “entrad al Islam, acabo de ver a la mejor persona en este mundo,
y os aseguro que es un hombre muy generoso y no teme la pobreza”.
Dice el narrador: el Profeta,
que los rezos y la paz de Al∙lâh sean sobre él, nunca ha negado algo a nadie, es
decir, si alguien le pidiera algo, se lo daría o se lo ofrecería.
Otro
hombre se presentó ante el Profeta y le dijo: ¡Oh Profeta de Al∙lâh, estoy
realmente apurado, no tengo ni para comer. Entonces envió el Profeta, que los
rezos y la paz de Al·lâh sean sobre él, a sus esposas, preguntándolas si tenían
algo de comer. Pero cada vez que pidiera esto a una de sus mujeres le
contestaron: ¡juramos por Él que te envió que no tenemos más que el agua!
Viendo
esto, se levantó el Profeta y dijo a sus compañeros: ¿Quién puede acoger a este
hombre? Se levantó un hombre de los compañeros de la Medina y dijo: Yo,
Mensajero de Al∙lâh. Después, llevó el hombre a su casa y preguntó a su mujer:
¿tienes comida? Dijo: “no tengo más que la comida de mis hijos”, es decir, algo
que ni siquiera es suficiente para sus propios hijos. Entonces le dijo su marido:
distráigales con lo que sea, es decir, entreténgales para que se olviden de la
comida, y cuando te pidan la cena, diles que vayan a dormir. Cuando viene
nuestro huésped, pon la comida y apaga la lámpara para que crea que estamos
comiendo con él, y comerá él también.
¡Percibís aquí al îzâr!
Sin embargo, ahora podemos ver, por ejemplo, a dos jóvenes o tres viajando
juntos. Cada uno de ellos esconde la comida en su bolso, y a la hora de comer no
ponen la comida juntos para que no estén obligados a compartirla entre ellos.
Hacen igual como hacían los Ashâ’era (escuela teológica musulmana) de los
que nos informa el Profeta.
Seguimos,
así pues, vino el huésped a la casa del hombre medinense. En este momento, los
niños estaban dormidos. Entonces, entró el huésped y le dieron la bienvenida.
Luego el citado medinense y su mujer apagaron las luces, fingiendo que están
comiendo con él. Y comió el hombre hasta que se llenó. Cuando llegó la hora de
la oración del alba, se fue el hombre con su mujer a rezar. Una vez allí, les
dijo el Profeta, que los rezos y la paz de Al∙lâh sean con él: Al∙lâh ha
admirado mucho lo que habéis hecho con vuestro huésped, está muy orgulloso de
vosotros. Y fue entonces cuando descendió el versículo en el cual dice Al∙lâh: “prefieren
a los demás más que a sí mismos incluso cuando estén necesitados”. En la
versión árabe, la palabra jasâsa (traducida por necesitados) se refiere
al cansancio, el hambre, la pobreza y la necesidad. Ellos no tenían nada, pero
ofrecieron lo poco que tenían a sus hermanos.
Es una virtud que ya se
ha desaparecido en estos tiempos, ya no la encontramos entre nosotros, ni
siquiera oímos por su existencia. ¿Has pensado alguna vez por ejemplo en ofrecer
a tu hermano un nuevo traje que acabas de comprar? Es muy importante que nuestro
lema sea como dijo el Profeta: “No
será completa la fe de uno de vosotros, hasta que no quiera para su hermano lo
que quiere para sí mismo”
esto es el lema del altruismo. Incluso tu fe no será completa hasta que
quieras a tu hermano lo que quieres a ti mismo.
El altruismo de los compañeros
con el Profeta, que los rezos y la paz de Al∙lâh sean sobre él, no era
únicamente a nivel material, sino también a nivel moral. Citamos por ejemplo lo
que hizo Abû Duÿâna, en la batalla de Uhud.
Cuando
empezaron los enemigos a lanzar las flechas contra el Profeta, que los rezos y
la paz de Al∙lâh sean sobre él, vino Abû Duÿâna y le abrazó para protegerle de
las flechas. Dijo Abû Bakr: “cuando vi la espalda Abû Duÿâna, parecía a un erizo
de tantas flechas”, estaba herido pero no se movió de allí protegiendo al
Profeta.
Os pregunto ahora ¿Dónde
está nuestro sacrifico para proteger la tradición de nuestro Profeta?
Por
otra parte, vemos a Talha Bnu ‘Ubaydal·lâh que se presentó el día de Uhud
también diciéndole: Baja tu cabeza, Mensajero de Al∙lâh, que se hiera mi cuello
y no el tuyo. Luego, cuando lanzaron una flecha en dirección del el profeta, Talha
Bnu ‘Ubaydal·lâh la enfrentó con su mano, que se quedó paralizada después. ¡Se
paralizó esta mano bendita para proteger al Profeta!
También
en el día de Uhud se levantó el profeta y llamó a sus compañeros: ¿quién
me proteja de éstos y tendrá a cambio el paraíso? Porque los infieles, en aquel
momento, se lanzaron contra el Profeta para matarle. En este momento, se
presentaron diez jóvenes entre dieciocho y diecinueve años para defender al
Profeta. De hecho, murió el primero, el segundo y el tercero y siguieron así
hasta que murió Yazîd bnu S.sakan. Era el último que murió
defendiendo al Profeta en esta batalla. Murió sobre el pie del Profeta. En este
momento, se dirigió el Profeta al cielo levantando sus manos y dijo: Oh mi Al∙lâh,
te hago testigo que Yazîd ha cumplido con su palabra hasta el
final.
Casi
siempre, oímos que el altruismo es algo llevado a cabo por una sola persona,
pero casi nunca se habla del îzâr de un pueblo entero.
La Medina era el ejemplo del
altruismo realizado por un pueblo entero. Los aliados medinenses del profeta nos
dieron un ejemplo extraordinario e increíble. Cuando los mecanos salieron para
emigrar a la Medina, salieron sin nada, nadie tenía más de lo llevaba puesto, a
pesar de que antes fueron ricos y comerciantes, mientras que los habitantes de
la Medina eran cultivadores. Los emigrantes no podían trabajar en cultivación de
la tierra. Cuando llegaron a la Medina, ocurrió algo increíble. Los aliados del
Profeta en la Medina se peleaban entre ellos, para acoger a los que venían de la
Meca, cada uno quería que sus huéspedes fuesen mayores que el otro, e incluso
llegaron a hacer un sorteo para ponerse de acuerdo
Pero
ahora, desgraciadamente, incluso la madre cuando sea mayor no encuentra a quien
se haga cargo de ella, y si tuviera una nuera o un cuñado y sus hijas nadie de
éstos querrá encargase de ella y cada uno la manda al otro. ¿Por qué los
habitantes de la Medina no hicieron lo mismo? a pesar de que eran pobres y
débiles, pero nosotros que tenemos todas las comodidades, nadie quiere hacerse
cargo de nadie, por ejemplo la nuera no aguanta a su suegra.
De los ejemplos de al îzâr,
citamos también al compañero del Profeta Sa’d Ibnu Rabî’a, uno de los aliados
medinenses que recibió a ‘Abdurrahmân Bnu ‘Awf, que fue de los emigrantes. Sa’d
dijo a ‘Abdurrahmân: Oh hermano, aquí están todos mis bienes, acabo de ganarlos
de mi trabajo en el mercado, y los comparto contigo. Esta es tu mitad y esta es
la mía. También, ésta es mi casa, estoy casado con dos mujeres, ahora te las
traigo para escoger la que prefieres, luego la divorcio, y así podrás casarte
con ella después de cumplir al ‘idda.
Ahora
me dirijo a vosotros, ¿veis hasta qué punto llegó al îzâr entre estos dos
compañeros? De veras, es algo increíble.
Sin embargo, ‘Abdurrahmân Bnu
‘Awf, era un hombre inteligente y de buen gusto, y viendo tantas ofertas no
quiso aprovechar de su hermano y le preguntó: ¿donde está el mercado? Es decir,
ha preferido ir a trabajar en el mercado, para conseguir dignamente su pan
diario.
Os recuerdo también que
casi todas las emigraciones, a lo largo de la historia, van acompañadas con el
derrame de sangre, como por ejemplo en la inmigración de los europeos a América
en la masacraron a los indios para apoderarse de la nueva tierra de América.
Pero
la emigración llevada a cabo por los musulmanes a la Medina, nos refleja un
acontecimiento lleno de amor y de sacrificio. Los aliados del Profeta en la
Medina, mostraron desde el principio un gran apoyo a sus hermanos emigrantes,
compartían con ellos todo los que tenían, la casa, los bienes, la ropa, hasta
los mínimos detalles. Ahora, os pregunto: ¿quién se imagina compartiendo su
propia casa con otro? Y ¡fijaos! Las casas de los medinenses no eran de 200 o
300 metros, eran pequeñas. Entonces ¿cómo podían compartirlas con otros, sin
tener miedo a que se enfaden sus mujeres? Y ¿cómo que esta última aceptó
compartir su casa con otros? Pues todo esto se realizó gracias al îzâr,
que hizo extender la bendición de Al·lâh. Siempre que tengas esta y te alejas
del egoísmo, sentirás la bendición de Al∙lâh.
Ahora,
quiero que cada uno de vosotros abra su armario, seguramente, habrá ropa de casi
tres años guardada allí, que nunca la lleváis. Pues ¿por qué no la saquéis fuera?
¿Por qué no la deis a otros que la necesitan? Yo no estoy hablando de la ropa
nueva. Pues qué diréis del Profeta que daba de limosna su ropa nueva, y ¿qué
opináis del que comparte su propia casa con otro? ¿Os resulta difícil este
ejemplo no?
Os recuerdo también, que
cuando el Profeta emigró con sus compañeros, dijo a sus aliados en la Medina:
vuestros hermanos han dejado sus bienes y sus hijos, buscando un refugio entre
vosotros. Ellos no saben cultivar la tierra, ¿queréis compartir con ellos lo que
tenéis? Dijeron: Sí, Mensajero de Al∙lâh, repartimos nuestros bienes con ellos
con justicia. El profeta cuando les preguntó esto, quería solamente que les
ayudasen a acomodarse a la nueva vida que emprendían. Luego les preguntó: ¿Podéis
ofrecerles algo más? Dijeron: ¿a qué te refieres Profeta de Al·lâh? Dijo:
podéis compartir con ellos los frutos, ya que ellos no pueden hacer nada con el
dinero, y tampoco pueden salir de la Medina porque está sitiada. Dijeron: Sí,
Mensajero de Al∙lâh. ¿A cambio de qué? Replicó el Profeta: a cambio del Paraíso.
¿Veis la recompense del îzâr?
Así
pues, los medinenses trabajaban para conseguir este objetivo, trabajaban todo el
año, y cuando cosechaban, llevaban su cosecha a los emigrantes antes que a sus
propias casas. Es decir, solían llevar toda la cosecha, directamente, sin
escoger lo bueno para ellos mismos.
Pero
si hablamos de lo que hacemos nosotros, aún cuando damos algo de limosna, damos
el resto del dinero que tenemos o lo que no necesitamos. Les llevaban la cosecha
y les pedían escoger, y les daban tiempo para elegir. Y para evitar cualquier
embarazo, se iban y les dejaban elegir tranquilamente. Cuando volvían, los
emigrantes elegían pocos frutos de mala calidad. Y se peleaban porque cada uno
quería que su hermano llevase lo bueno.
Pasaron
los tiempos, y cuando llegó el momento de conquistar a Jaybar, y se
incrementaron los botines, el Profeta dijo a sus aliados en la Medina: Que Al∙lâh
os recompense, habéis cumplido con vuestras palabras. Entonces dijeron al
profeta, que los rezos y la paz de Al∙lâh sean sobre él: nos pusiste una
condición y te hemos puesto lo mismo, y como ya hemos cumplido con nuestro trato
pues, merecemos el paraíso. Contestó el Profeta: tendréis lo que merecéis.
¿Veis la recompensa de Al∙lâh?
ahora intentad sacar lo que tenéis, y vais a comprobar que cada vez que vencéis
vuestro egoísmo, lograréis más generosidad, y cada vez que lo hacéis os limpiáis
de la envidia y del rencor.
Ciertamente,
existe una relación asombrosa entre el altruismo y la pureza del alma, entre el
altruismo y la indulgencia con la gente, porque con al îzâr nos salvamos
de la soberbia y de la envidia. Por lo tanto, si queréis limpiar vuestras almas,
pues, aprended al îzâr.
Los ejemplos del altruismo
entre los musulmanes de la Medina y los de la Meca, no se dieron únicamente
en los momentos de crisis de los emigrantes, sino siguieron incluso en los
buenos momentos. De hecho, cuando los musulmanes consiguieron mucho botín tras
la conquista de Bahrein, dijo el Profeta: todo esto es para los medinenses,
porque han dado mucho, y han sacrificado mucho. Entonces dijeron los medinenses:
no mensajero de Al∙lâh, los compartimos con nuestros hermanos. En este momento
dijeron los emigrantes: creemos que nuestros hermanos nos han vencido, porque
así han logrado toda la recompensa. Replicó entonces el Profeta: no, podéis
conseguir la misma recompensa siempre que hagáis el bien a favor de vuestros
hermanos.
Bueno,
os estáis preguntando ¿qué sociedad es ésta? ¿De qué ciudad platónica estoy
hablando ahora? Pues os aseguro que estamos hablando de la Medina, que reflejó
el modelo ideal de la sociedad islámica. Por tanto, imitar a este ejemplo no es
algo imposible sino que se puede lograr si recuperamos la fe y las virtudes
islámicas, y si ponemos ante nuestros ojos el paraíso como objetivo final de
nuestra vida.
Os recuerdo también,
que al îzâr no se hace solamente con el dinero, como hemos aclarado
antes, sino también con la vida.
Este
aspecto del altruismo se refleja a través de la siguiente historia: ‘Ikrima Bnu
Abî Ÿahl luchó contra el Profeta durante veintidós años. Luego se convirtió al
Islam, después de haber mejorado su fe en el Islam, e incluso murió como mártir.
Pues
¿os dais cuenta? estoy hablando del hijo de Abî Ÿahl, el gran enemigo del
Profeta, murió como mártir. Pues ¿cómo podía pasar algo así? Pues gracias al
îzâr.
En la batalla de Al-Yarmûk,
cayó ‘Ikrima herido. Entonces, le pusieron con los heridos en un lugar
aislado para cuidarle. Uno de los que cuidaban a los heridos era su primo. Se
encargaba de darles a beber agua. Dijo el primo: busqué a ‘Ikrima hasta que lo
encontré entre los heridos, a punto de morir. A su lado había diez heridos.
Cuando le vi así, me apresuré para darle a beber. Sin embargo, cada vez que le
dirigía el agua para que bebiera, la pasaba a otro hermano, que gritaba de tanta
sed. Cuando oyó sus gritos dijo: ¡juro por Al-lâh! que no beberé hasta que beba
él. Y seguía haciendo lo mismo con los demás hasta que llegó al décimo. Éste
dijo:¡juro por Al∙lâh! que no beberé hasta que beba ‘Ikrima. Cuando volví para
dar a beber a ‘Ikrima, le encontré muerto. Murió como mártir.
Esto
significa que ha preferido a su hermano más que a sí mismo, incluso en la muerte,
incluso cuando estaba herido. Mientras que nosotros ni siquiera sacamos un poco
de dinero, o ropa para los demás, incluso cuando se trata de ayudar a un
compañero de clase con alguna información. No le ayudamos porque tememos que
saque mejores resultados que nosotros.
El altruismo de ‘Abdul∙lâh Bnu
‘Omar es también asombroso. A él le encantaba el versículo en cual dice
Al∙lâh: “no conseguís la piedad hasta que gastáis de lo que más queréis”.
Así pues, él sacaba como limosna lo mejor que tenía, y lo que más prefería. Un
día, se dio cuenta de que su camello le gustaba mucho, entonces bajó de él, y se
quedó esperando en el camino hasta que vio a un anciano y le dijo: toma, este
camello es para ti.
En otra ocasión, le regalaron
pescado, era su plato preferido. Su mujer la asó y se la llevó, ‘Abdul∙lâh se
alegró mucho, pero en vez de comerla se la llevó a la casa de un pobre. Dijo
‘Abdul∙lâh a la mujer que le abrió la puerta: dale a tu esposo este pescado.
Replicó la mujer: gracias, pero tenemos en casa pan, cebada y carne. Entonces le
dijo: pues, dale este pescado, porque Al∙lâh, Alabado y Exaltado sea, dice: “no
conseguís la piedad hasta que gastáis de lo que queréis”, y luego regresó a
su casa. La mujer entendió que ‘Abdul∙lâh renunció a lo que más le gustaba para
dárselo. Entonces dijo la mujer a su marido: ¿me vendes este pescado a cambio de
un dirham?
Entonces
le dio el dinero y llevó el pescado a ‘Abdul∙lâh quien se alegró mucho de este
regalo. Cuando estaba a punto de comer tocó su puerta un mendigo diciendo: dadme
algo por favor. Dijo ‘Abdul∙lâh a su mujer: dale el pescado. Respondió su mujer:
¡Oh hijo de ‘Omar! ya lo has hecho antes. Dijo ‘Abdul∙lâh: Al∙lâh ha repetido
este versículo varias veces. Entonces salió la mujer llevando el pescado y dijo
al pobre: te daré un dirham a cambio de este pescado. Entonces, le dijo la mujer:
Por Al∙lâh, le ruego que no vuelva aquí otra vez. Y cogió el pescado y se lo
llevo a su marido.
Otro
ejemplo fue cuando cayó ‘Omar Bnu Al Jattâb herido por Abû Lu´lu´a
Al Maÿûsiyy. Entonces dijo ‘Omar a su hijo ‘Abdul∙lâh: ¡Oh ‘Abdul∙lâh!
vete a la madre de los creyentes, ‘´isha y dile: ‘Omar Bnu Al Jattâb, no
digas el Príncipe ‘Omar, porque ya no lo soy ahora, te pide permiso para que sea
enterrado con sus dos compañeros; el Profeta que, los rezos y la paz de Al∙lâh
sean sobre él, y Abû Bakr.
Así
pues, se fue ‘Abdul∙lâh para pedir a ‘´isha el deseo de su padre. En este
momento, dijo la madre de los creyentes: este lugar lo he reservado para mí,
pero lo daré a ‘Omar.
Veis
aquí, incluso en el entierro, o en la muerte. Pues ‘´isha reservaba este lugar
para ella misma, para que fuera enterada cerca de su marido y su padre, pero aún
así, no quiso renunciar al deseo de ‘Omar. Ella fue enterrada en
al-Baqî’.
También
Abû Hurayra nos dejó un ejemplo sobre el altruismo. Dice: a veces sentía mucha
hambre, y llegaba a veces a tener crisis por este motivo. Todo el mundo creía
que estaba loco cuando me veían así. Pero, juro por Al∙lâh que no lo hacía a
drede, sino porque sentía de verdad mucha hambre. Entonces para aliviar el
hambre que tenía, solía sentarme cerca del púlpito del Profeta que, los rezos y
la paz de Al∙lâh sean sobre él, y cada vez que pasaba alguien cerca de mí, le
leía los versículos de la generosidad, con el fin de conseguir algo.
Entonces,
cuenta Abû Hurayra, pasó cerca de mi Abû Bakr sin hacerme caso, luego pasó ‘Omar
Bnu Al Jattâb, y tampoco me hizo caso. Después pasó por donde estuve, el Profeta.
Cuando me miró, sabía lo que quería. Entonces sonrió el Profeta y me dijo: Oh
Abû Hirr, síguame. Entró a su casa después de avisar de que estuve con él, y
dijo a su mujer: ¿tenemos algo de comer? Dijo: solo tenemos una jarra de leche,
lo suficiente para dos personas.
Mientras
estaba el Profeta, que los rezos y la paz de Al∙lâh sean sobre él, hablando con
su mujer, Abû Hurayra no miraba ante sus ojos más que la jarra de leche, tenía
muchas ganas de beberla. Pero el Profeta, quiso enseñarle el altruismo. Entonces
le dijo: ¡Oh Abû Hurayra! Vete a buscar la gente de la Safa, que era un grupo de
pobres que no tenían ni para comer. Eran casi cien personas.
Dice Abû Hurayra: entonces me
fui preocupado, porque sabía que iba a darles aquella leche. Y dije al Profeta:
¿a caso crees que esta jarra, es suficiente para casi cien personas? Pero aún
así me fui a buscarles, porque tenía que obedecer al Profeta, y les traje todos
a su casa.
En este momento, sonrió el
Profeta y me dijo: ¡Oh Abû Hurayra! dales a beber. Entonces cogí la jarra y pasé
por ellos, uno por uno, hasta que bebieron todos, mientras que el Profeta se
quedó allí mirándome, sonriendo. Después me dijo el Profeta: ¡Oh Abû Hurayra!
Ahora, no queda más que tú y yo. Le dije: Sí, Mensajero de Al∙lâh. Me
dijo:¡bebe! Entonces bebí un poco y se la di a él para que bebiera también.
Con este ejemplo, percibimos
el altruismo del Profeta, que los rezos y la paz de Al·lâh sean sobre él, y así
aprendimos esta virtud, y nos convencimos de la bendición de Al∙lâh a todas las
cosas. Sigue Abû Hurayra: me ordenó el Profeta de beber otra vez. Entonces, bebí
y bebí hasta que le dije: ya no puedo más. En este momento, la cogió el Profeta
y bebió el resto de la leche que quedaba en la jarra.
Ahora
lo que os pido a todos vosotros, es sacar fuera la avaricia, de vuestras casas,
de vuestros bolsos, para que conseguís la generosidad del alma, y así saboreáis
la dulzura del altruismo. Vais a sentir un placer extraño. Cada vez que des a tu
hermano, será como si das a ti mismo.
Supongamos
por ejemplo que estás sentado a la mesa para comer, junto a tu madre, pero al
mismo tiempo dices a ti mismo: espero que no coja esa parte de la comida, porque
la quieres para ti mismo. Si esto lo haces con tu propia madre, pues ¿qué harás
con los demás en la calle? ¿Cómo podrás llegar al altruismo en todos los
detalles?
Otro
ejemplo nos los dio el Profeta durante la batalla de al jandaq. Cuando se
presentó Ÿâber Bnu ‘Abdil∙lâh e invitó al Profeta a comer en su casa y le
dijo: Oh Mensajero de Al·lâh, tenemos en casa pollo y algo de cebada, ¿vienes a
comer con nosotros? Dijo el Profeta: ¿quieres que vaya solo?
Porque
en aquellos momentos, el profeta y sus compañeros, estaban muy cansados,
llevaban quince días sin comer.
Entonces
le contestó Ÿâber: puedes traer a una o dos personas más. En este momento, subió
el Profeta a un lugar alto y llamó diciendo: ¡emigrantes y aliados! Hoy comemos
todos en la casa de Ÿâber. Dice este último: cuando oí esto, me
fui corriendo a mi casa y dije a mi mujer: El Mensajero de Al∙lâh vendrá con el
ejercito a comer. Entonces le dijo su mujer, que era una buena creyente: ¿has
explicado al Profeta que la comida que tenemos no es suficiente para todos?
respondió: Sí, se lo dije.
Luego
dijo el Profeta a Ÿâber: hoy eres nuestro píloro. Luego empezó el Profeta a
picar el pan, y cada vez Ÿâber hacía entrar a diez personas, grupo por grupo,
hasta que comieron todos.
Esto
se puede considerar como uno de los milagros del Profeta, porque su bendición se
extendía por donde iba y en muchas ocasiones. Con este evento, quiso el profeta
también dar a sus compañeros otro ejemplo del altruismo, y de la bendición de
Al·lâh. Es decir, gracias a Su bendición pudieron comer todos. Dice Ibnu ‘Abdil∙lâh:
cada vez que entraba un grupo, creía que no quedaría comida para los demás. Sin
embargo, salieron todos satisfechos. Al final entró Ÿâber. Una vez allí, le dijo
el Profeta que los rezos y la paz de Al·lâh sean sobre él: que Al∙lâh bendiga tu
comida, a ti y a tu familia. Dice Ÿâber: cuando entré a casa, encontré la comida
tal como era antes, y sólo faltaba una parte del pollo.
¡Bendito sea nuestro
maestro del altruismo! Que lástima que ya se perdió esta virtud entre
nosotros.
Ÿa’far
Ibnu Abî Tâleb, murió en la batalla de Mu´ta, y dejó a tres niños. En
un momento en que los musulmanes, eran todos pobres. Pero a pesar de ello,
cuando les preguntó el Profeta: ¿quién quiere encargarse de los hijos de Ÿa’far?
tres compañeros se pelearon entre ellos, cada uno quería hacerse cargo de los
niños, aunque cada uno de ellos era más pobre que el otro.
¿Por qué? Pues porque Ÿa’far
también tenía esta virtud, el altruismo. Incluso fue llamado “el padre de los
pobres”, por este motivo le recompensó Al∙lâh, y quiso que sus hijos tuvieran
una buena educación y una buena vida.
Sin embargo, si comparamos
esto con lo que pasa ahora, pues incluso los familiares cercanos, no quieren
encargarse de los huérfanos. Cada uno quiere deshacerse de ellos cuanto pueda, y
al final los pobres niños se pierden.
En fin, para concluir se puede
decir que nuestra sociedad no podrá sentir la paz, la tranquilidad y la
estabilidad sin volver a esta virtud: el altruismo. Si analizamos ahora lo que
pasa en nuestras sociedades, llegaremos a entender porqué desapareció esta
virtud. Actualmente, se ve que los hombres trabajan toda la vida, día y noche.
Incluso las mujeres, no dejan de correr detrás del pan del día, intentando
acumular cuanto puedan de dinero, para asegurar un buen futuro a sus hijos, y
para dejarles lo que les haga falta después. Porque saben muy bien que si les
pasaría algo, pues estos hijos se perderán, no hay quien se encargará de ellos.
Porque esta vida está llena de lobos. Pero si existiera esta virtud en nuestra
sociedad, nadie temería por sus hijos.
El imán Al Ghazâlî
divide al îzâr en tres clases:
La primera: que trates a tu
hermano como a un criado, le das de comer y le ofreces lo que te sobra.
La segunda: que lo trates como
si fuera tú mismo, y le das al igual que tomas.
La tercera: que lo trates
mejor que a ti, y prefieres lo suyo a lo tuyo. Sus hijos entrarán a la escuela
pero no tienen ropa, entonces las compras a sus hijos antes que a los tuyos.
Estas
son las tres clases de al îzâr, elige una de ellas.
Sin embargo, el mejor
altruismo del mundo es que des prioridad a la complacencia de Al·lâh antes que a
la de la gente.
Por último, mis
rezos y mis saludos sean sobre el Profeta de Al·lâh,
que los Rezos y
la Paz de Al·lâh sean sobre él.
Que la Paz, la
Misericordia, y las Bendiciones de Al·lâh sean con vosotros.