Episodio 5:
El Imam Abû Hanîfa- Parte III
En el nombre de Al·lâh,
El Todo Misericordioso, El muy Misericordioso. Las alabanzas son para Al·lâh,
Señor de los mundos y que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre el profeta Mohammad(SAAWS)
Bienvenido a todos y seguimos con
nuestro programa ''Un llamamiento a la convivencia''.
Ø
El objetivo de este episodio:
El episodio de hoy sobre Abû Hanîfa
nos enseña una regla muy importante: ¿cómo podemos
tratar con el otro cuando no estamos de acuerdo
con él?
Ø
El razonamiento de las opiniones de Abû Hanîfa y la
prueba de su veracidad:
Abû Hanîfa se dio
cuenta de que había un problema. Éste radicaba en que los cambios y
acontecimientos ocurren de una forma muy rápida, así como el número de las
aleyas de Al Qur`ân (El Corán) y los ahâdiz (dichos del Profeta)
son limitados,
mientras que los acontecimientos son ilimitados. Entonces Abû Hanîfa
pensó en establecer su jurisprudencia dependiendo primero de Al Qur`ân y
de la Sunna
(Tradición del Profeta), y en caso de no encontrar en ambos soluciones adecuadas
para los acontecimientos aplicaría Arrâ´y
(la opinión), entendiendo con ello la buena opinión, que significa elaborar un
dictamen independiente basado en la cuarta fuente de la jurisprudencia islámica
y que se basa en la aplicación y el empeño personal en búsqueda de la solución,
algo que no existía en aquella época.
El resto del mundo islámico no
experimentaba el rápido desarrollo de Bagdad, y por eso el resto de los ulemas
no imaginaron que fuera correcto que Abû Hanîfa
opinara de esta forma, pues para ellos, Abû Hanîfa
aportaba nuevos dictámenes y tenía la
audacia
suficiente para declararlos.
"La escuela de la opinión"
era una escuela de jurisprudencia de opiniones acumuladas, pues las opiniones no
eran individuales sino de todos los sabios que pensaban conjuntamente con toda
libertad para expresar sus opiniones.
Abû Hanîfa basó su
idea en un dicho verdadero del Profeta (SAAWS). El Profeta envió a Mo'âdh Ebnû
Ÿabal a Yemen, y le dijo: "¿con qué aplicarás la ley, Mo'âdh?”. Le
respondió al Profeta: "con el Sagrado Libro de Al·lâh (Al Qur`ân)". Observad las
palabras del Profeta (SAAWS) que dijo a Mo'âdh, como si fuera
determinando la guía que Abû Hanîfa debería seguir más tarde, pues le
preguntó: "¿y si no encuentras lo que buscas en las sentencias de
Al Qur`ân?".
Le contestó al Profeta: "entonces, seguiré La Sunna (Tradición del
Profeta)", le preguntó: "¿y si no encuentras lo que buscas en ella?" Le
dijo: "emitiré un dictamen independiente sin escatimar esfuerzo”. El Profeta
sonrió, le dio un golpe en su pecho y dijo: "las alabanzas son para Al·lâh,
Quien hizo que el mensajero de su Profeta lograra complacer al Profeta de Al·lâh".
Quiere decir que Mo'âdh estaba en lo cierto.
Entonces Abû Hanîfa
dijo a quienes le negaron su pensamiento: "¿por qué me lo negáis
si es lo mismo que fue dicho por el
profeta?"
Pero los ulemas no imaginaron que
había alguien que tuviera la suficiente habilidad como para emitir un dictamen
independiente basado en su pensamiento aplicado, excepto los compañeros del
Profeta.
Ø
Los delitos de los que Abû Hanîfa fue acusado:
Dijeron que era de los persas
que vinieron para devastar el Islam, que era un hereje y formaba parte de Al
Mo’tazila o de Al Mobhi´a (grupos de extremismo intelectual en
aquellos tiempos). Además se dijo que era de Al Jawâriÿ
(un grupo que se distanció de 'Alî Ebnu Abî Tâleb y le mató), aunque Abû Hanîfa
era de los que más lucharon contra esta secta. Se dijo también que era un ateo
que se arrepintió pero que volvió a serlo de nuevo. Todo eso fue porque elaboró
dictámenes nuevos e independientes, hasta tal punto que se llegó a decir que:
"si Abû Hanîfa hubiese enfrentado a los
musulmanes con la espada, habría sido menos dañino que
sus dictámenes emitidos".
Abû Hanîfa dijo,
defendiéndose a sí mismo: "Juro por Al·lâh que mintió y calumnió quien dijo que
aplicáramos nuestra opinión antes de los dichos del Profeta, que los Rezos y la
Paz de Al·lâh sean sobre él, pues esto no es verdad, sino que aplico Al Qur`ân,
luego La Sunna del Profeta y al final
Arrâ´y (la
opinión)…"
¿Cómo
podemos tratar con el otro cuando no
estamos de acuerdo con él?
Ø
Los diferentes tipos de gente que pueden no estar
de acuerdo contigo:
-
Una persona juiciosa que no
está de acuerdo contigo porque no comprende tu punto de vista. Cuando lo
entiende, llegará a comprenderlo y respetarlo. Ésta es una persona justa y
sincera.
-
Una persona buena pero de poca
capacidad mental, que no está de acuerdo contigo.
-
Una persona juiciosa que no
entiende las palabras teóricas, pues quiere ver la aplicación práctica.
-
Una persona que, por más
que intentas explicarle, no quiere entender nada.
Ésta es una persona envidiosa y resentida.
-
Una persona poderosa que no
está de acuerdo contigo y quiere obligarte a aceptar su idea en contra de tu
voluntad.
-
La
gente corriente que no está
informada de los acontecimeintos; son insensatos, actuan tontamente, no
están de acuerdo contigo y te hacen enfadar a menudo.
Ø
¿Por qué tenemos que estar en armonía con aquellos
que no están de acuerdo con nosotros?
Porque el Islam dice lo que podemos traducir como-:
[...reconciliaos entre vosotros...] (TSQ
Sura 8, Al-Anfâl "Los Botines de Guerra": Aleya 1). Tratar con la gente no es un
favor sino una obligación tuya, pues la armonía entre los musulmanes es de los
pilares más importantes de la legislación islámica. No hay una orden legislativa
en el Islam sin tener como meta, de una forma u otra, la armonía.
El Profeta, que Los Rezos y la
Paz de Al·lâh sean sobre él, dijo: “¿Queréis que os diga una cosa más valiosa
que rezar, ayunar y dar limosnas?” Le respondieron: "Sí, Mensajero
de Al·lâh". Les dijo: "reconciliar a la gente",
y concluyó diciendo: "pues
la desavenencia con la gente es “la afeitadora”
que no afeita el pelo sino la religión”. Quiere decir que los
problemas y el desacuerdo entre la gente conduce a la confrontación que afecta
negativamente en nuestra creencia.
Ø
Las formas de convivencia y del tratamiento con los
diferentes tipos de gente:
Hay cinco formas de tratar con
aquellos que no están de acuerdo contigo para que coexistáis:
Primero:
La lógica mental: esto es para la gente que
quiere que les hables de forma lógica para convencerse, pues vamos a
hacerlo así.
Segundo:
La lógica práctica, es para quienes necesitan la explicación práctica
para entender las cosas.
Tercero:
La astucia, observaremos cómo Abû Hanîfa utilizó la astucia sin
violar
a ninguna de
las sentencias invariables (las del Corán y de La Sunna)
Cuarto:
La paciencia e indulgencia, se debe tener a ambos cuando tratamos con
cierta gente.
Quinto:
La persistencia en el principio, debes ser firme con tu principio
especialmente cuando tratas con quien no esté de acuerdo contigo y quiere
obligarte a aceptar su idea. Tu firmeza te hará triunfar.
1.- El trato con la gente mediante el razonamiento
mental:
Primero, ¿Qué
harías si estás en desacuerdo con una persona sensata? Os daré el primer
ejemplo: se divulgó entre la gente que Abû Hanîfa estaba en contra de los
dichos del Profeta, que los Rezos y Paz de Al∙lâh sean con él, porque elegía la
opinión. Llegó a Al Hiÿâz
que Abû Hanîfa estaba perturbando la religión y que prefería su opinión
propia a los dichos del Profeta. Mas, la
realidad era lo contrario. El imán Abû Hanîfa fue a realizar el
peregrinaje a la Meca y ahí se encontró con el imán Mohammad Al Bâqir
(que pertenecía a la descendencia del Profeta),
entonces el imán Al Bâqir se dirigió a él con duras palabras diciendo: “¿Tú eres
quien ha cambiado la religión de mi abuelo, interponiendo la opinión ante los
dichos de mi abuelo?”, le respondió Abû Hanîfa: “No lo hice”, le replicó
Al Bâqir: “Sí lo hiciste”. Entonces dijo Abû Hanîfa: “¡Imán! ¿Porqué no
te sientas donde te guste y yo me sentaré donde me guste?”, entonces Al Bâqir se
sentó en una silla, y Abû Hanîfa le dijo: “te has sentado donde a ti te
gusta y yo me sentaré en el suelo que es donde a mi me gusta, pues quiero estar
entre tus manos”. Se sentó Abû Hanîfa y le dijo: “Hago esto porque tú
eres para mí lo que tu abuelo era para sus compañeros”.
Debes
ser humilde con quien está ante ti, porque tu objetivo es que aparezca la verdad
y que se establezca el afecto entre los corazones. Abû Hanîfa dijo una
frase muy bella: “Mi situación
con quien discrepa conmigo es como la de una persona que perdió su camello en el
desierto, pues a esta persona no le importa quien la encuentre, bien sea él
mismo u otra persona”.
Luego se
sentaron enfrentados y dijo Abû Hanîfa: “¡Imán!
dices que he cambiado la religión de tu abuelo por la opinión y renuncié
a sus dichos”. Dijo el imán Al Bâqir: “Sí, lo dije”. Dijo Abû Hanîfa:
“¡Imán! Te voy a hacer tres preguntas…”. Observa el
modo que siempre utiliza Abû Hanîfa para convencer a la gente y aprended
de él, pues cuando alguien le hacía una pregunta, les contestaba con otra
pregunta, y empezaba con una pregunta fácil para poder encontrar un terreno
común con la otra persona, entonces preguntaba tres o cuatro preguntas fáciles y
luego llegaba al punto de discrepancia y así conseguía tranquilizar a la otra
persona.
La
primera pregunta: ¿Quién es más
débil físicamente, el hombre o la mujer? Contestó el imán Al Bâqir: “La mujer”.
Dijo Abû Hanîfa: “En la religión de tu abuelo ¿La herencia que recibe el
hombre es mayor a la que recibe la mujer?”. Respondió Al Bâqir: “El hombre
recibe el doble de lo que recibe la mujer”. Entonces dijo Abû Hanîfa: “Si
yo utilizase mi propia opinión y dejara los dichos y la religión de tu abuelo,
entonces hubiera dicho que la mujer debe recibir el doble de herencia por ser
más débil físicamente, pero no lo hice porque los dichos de tu abuelo los
antepongo a mi opinión”.
La
segunda pregunta: ¿Qué es más
importante para Al∙lâh, el rezo o el ayuno? Respondió el imán: “El rezo”. Dijo
Abû Hanîfa: “¡Imán! Al terminar el mes de Ramadán la mujer pierde algunos
rezos y días de ayuno (en los días de su ciclo menstrual no debe ayunar ni
rezar), ¿Qué les ordenó tu abuelo a ellas? ¿Que recuperen el rezo o el ayuno?”.
Dijo Al Bâqir: “El ayuno”. Dijo Abû Hanîfa: “Si hubiese preferido mi
opinión propia a los dichos del Profeta, hubiera dicho que debe recuperar los
rezos puesto que son más importantes, pero no lo hice, y dije lo que ordenó tu
abuelo”. Abû Hanîfa hablaba con razonamiento y con humildad.
La
tercera pregunta: ¿Qué es más
inmundo, la orina o el semen?” Dijo: “En la religión de mi abuelo la orina es
más inmunda que el semen”. Dijo Abû Hanîfa: “Si hubiese interpuesto mi
opinión a los dichos del Profeta, entonces hubiera dicho que debemos lavarnos
después de orinar y realizar solamente la ablución después de eyacular el semen,
pero dije lo que ordenó tu abuelo, pues debemos lavarnos después de eyacular y
realizar la ablución después de orinar”.
Entonces se
levantó el imán Mohammad Al Bâqir y le dio un beso en la frente al imán
Abû Hanîfa.
Os doy otro
ejemplo, los Jawâriÿ (son una secta radical que apareció después de la muerte
del Profeta Mohammad, que los Rezos y la Paz de Al∙lâh sean con él) creen
que si un musulmán comete un pecado mayor como el adulterio o beber alcohol, es
considerado incrédulo. Una vez entraron a la mezquita de Al Kûfa, alzando sus
espadas y se dirigieron a Abû Hanîfa diciéndole: “Hay dos funerales a la
puerta: uno es de un hombre que bebía alcohol y murió bebiendo alcohol y el otro
es de una mujer que cometió adulterio y murió embarazada. ¿Cuál es tu dictamen
sobre ambos? ¿Son creyentes o incrédulos? Tienes que respondernos ahora mismo”.
Les dijo Abû Hanîfa: “Guardad vuestras espadas, pues no puedo pensar
estando las espadas delante de mí”, le replicaron: “Nosotros las hemos alzado
porque queremos acercarnos a Al∙lâh cortando tu cuello”. Entonces les dijo Abû
Hanîfa: “No me recuerdo de la pregunta, ¿De quá religión eran los dos?
¿Eran judíos o cristianos?” (Aquí vemos cómo les ha respondido con una pregunta
fácil). Le dijeron: “No, son musulmanes”, les dijo Abû Hanîfa: “Ya me
basta con lo que habéis dicho”. Pero los Jawâriÿ se pusieron nerviosos y le
preguntaron: “¿Estarán en el paraíso o en el infierno?”, les respondió: “Digo lo
que dice Al∙lâh en Al Qor`ân ¿Acaso no creéis en él?”, dijeron: “Sí, creemos”.
Entonces les recitó un versículo del Corán que dice en boca del Profeta Ibrâhîm
(Abraham): “…Quien me siga será de los
míos y quien no me obedezca pues Tú (Al∙lâh) eres el Perdonador y el
Misericordioso” (Sura de Ibrâhîm, 36), luego les recitó otro versículo
en boca del Profeta ‘Îsâ (Jesús) que dice: “Si les castigas son Tus
siervos (de Al∙lâh), y si les perdonas, Tú Eres el más Sabio” (Sura de
Al Mâ´ida- La Mesa servida, 118). Entonces bajaron sus espadas y dijeron:
“Juramos por Al∙lâh que este hombre dice la verdad”. Así consiguió calmarles
utilizando el razonamiento mental.
Observad que
Abû Hanîfa no tenía impedimento alguno en
renunciar a su opinión algunas veces. Un día vino Zuhaîr Ebnu
Mo’âuiya y le preguntó sobre un asunto bastante complicado
relativo a la esclavitud, entonces Abû Hanîfa
le dio la respuesta, pero Zuhaîr le dijo: “pero he escuchado un dicho del
Profeta contado por fulano y fulano y fulano, ¿acaso no te llegó?”, ya que no
todos los ahâdîz llegaban a todos los imanes. Abû Hanîfa no conocía ese
hadîz en que el profeta dice lo contrario. Entonces le dijo Abû Hanîfa
a Zuhaîr que volvería a pensar en el asunto y asegurarse de la veracidad
de este dicho del Profeta. Dice Zuhaîr: “Estuve
fuera de Irak diez años y cuando regresé, envié un hombre para que le
preguntara al imán Abû Hanîfa sobre aquel asunto, y le respondió con la
respuesta que yo le había dicho hace diez años.
Entonces fui a verle y le pregunté si se acordaba de mí, pero él no me
reconoció, entonces le recordé aquella historia y le dije que envié a un hombre
para ver si había cambiado su opinión”. Abû Hanîfa le respondió:
“Nuestros conocimientos son una opinión, quien nos traiga lo que es mejor lo
aceptaremos y dejaremos lo que habíamos dicho anteriormente” y en otro relato
dijo Abû Hanîfa: “es
lo mejor a que hemos llegado…”.
El
razonamiento mental implica aferrarse a la verdad y estar dispuestos a escuchar
y entender…
2.- El
trato con la gente mediante la lógica práctica:
Pasamos
ahora a la segunda lógica y el segundo tipo de personas que no entienden las
teorías. No hay que utilizar con ellos la razón,
sino hechos prácticos que puedan ver. Abû Hanîfa tenía una gran
habilidad al tratar con este tipo de personas. Los musulmanes residentes en
Occidente
pueden sacar provecho del primer
ejemplo de la lógica práctica ya que se enfrentan con problemas a la hora de
tratar con personas ateas. Existían semejantes modelos en la era de Abû Hanîfa
con los que entró en un debate de razón; siempre discutía con ellos diciéndoles
que es imposible que el universo fuera creado de la nada, pero todo lo que
decía, fue en vano. Entonces se puso a pensar
de otro
modo, les presentó excusas diciéndoles que estaba
cansado y que no podía conversar con ellos. Luego, fijó con ellos una cita para
el día siguiente insistiendo en que acudiesen a ella en el mismo lugar y hora.
Al día siguiente, todos se reunieron excepto Abû Hanîfa. Quería
comportarse con ellos según la lógica práctica. Llegó muy tarde a la cita y les
pidió disculpas. Los ateos con los que quedó se enfadaron bastante por su
demora. Abû Hanîfa les dijo: “Lo siento, pero como saben yo vivo en el
otro lado del río Éufrates, y para llegar aquí tengo que coger un barco que no
llegó”. Le preguntaron: “¿Pero cómo has llegado aquí?”, les contestó: “Me he
quedado parado al lado del río, y de repente se acercó hacia mi un palo de
madera, luego otros cuatro palos de madera, entonces los palos se reunieron y se
construyeron hasta convertirse en un barco; lo cogí, fui llevado por las olas
hasta la otra orilla y así he llegado”. El grupo de personas que le estaban
esperando, le dijeron: “¡¿Usted se burla de nosotros?!”. Abû Hanîfa les
contestó: “Habéis confirmado una cosa pero habéis fracasado. ¡¿Su mente no
aceptó el hecho de que un simple barco fue creado de forma arbitraria, pero
aceptaron que el universo milagroso
fuese creado por pura coincidencia?!”. Entonces
se quedaron callados.
Hay otro
ejemplo muy bonito. La ciudad de Al Kûfa era la sede de ‘Alî Ebnu Abî Tâleb.
Sabemos que en esta ciudad había personas que defendían con tenacidad a ‘Alî,
pero que insultaban a ‘Ozmân Ebnu ‘Affân. Había una persona que vivía en Al Kûfa,
que siempre repetía a la gente “¡‘Ozmân es un incrédulo, no es un musulmán!”. Un
día, Abû Hanîfa fue a su casa y llamó a
su puerta. Cuando el hombre abrió la puerta y encontró a Abû Hanîfa, se
puso muy contento. Abû Hanîfa le dijo: “he venido
a pedir la mano de tu hija”.
Le dijo:
“¿Para quién?”. Abû Hanîfa le contestó: “Para una persona digna, un
hombre de gran linaje, adinerado, tolerante, educado, guapo y muy devoto”.
Entonces el hombre le dijo: “Sí, imán, acepto, me basta que venga de su parte”.
Pero Abû Hanîfa le dijo: “Pero es que tiene un defecto”. “¿Cuál es?” le
preguntó el hombre. Abû Hanîfa le dijo: “no es musulmán”. Entonces el
hombre le dijo: “Pero ¿usted me pide que case a mi hija con un hombre que no sea
musulmán?”. Abû Hanîfa le dijo: “pero ¿cómo su mente admite que el
Profeta, que la Paz y los Rezos de Al∙lâh sean con él,
casara a sus dos hijas con un hombre no
musulmán? (Porque ‘Ozmân Ebnu ‘Affân se casó con dos hijas del Profeta,
Ruqayya y Umm Kulzûm). Entonces el hombre le dijo: “Pido perdón a Al∙lâh, me
arrepiento imán”.
Otro
ejemplo del método práctico:
viene en la jurisprudencia del imán Abû Hanîfa que cuando recitaba la
sura de Al-Fâtiha (sura de la Apertura) en voz baja, por ejemplo en la
oración del mediodía, la lectura del imán bastaba a
todos los orantes que
estuvieran detrás de él. Aunque no
leían Al-Fâtiha, su oración fue admitida, el imán la leía en su lugar
pero en voz baja. Esta cuestión fue rechazada
por mucha gente. Algunas personas de Medina
acudieron a Abû Hanîfa y le dijeron: “¡Vamos a discutirlo contigo!”.
Abû Hanîfa
les dijo: “Yo no puedo discutir con todos vosotros”. Entonces le dijeron: “¿Qué
prefieres?”. “Elegid a uno de vosotros para
debatirlo conmigo, elegid al más sabio” dijo el imán. Y así fue. Abû Hanîfa
les dijo: “¿Van a aceptar sus palabras?”, le contestaron: “Sí”. Entonces dijo:
“¿Si debatimos, van a admitir sus palabras?”. Le dijeron: “Sí”. Entonces les
dijo: “Entonces habéis confirmado mis palabras, o sea, es lo que he elegido en
mi doctrina: que lo que va a decir sustituye
lo que vais a decir vosotros –es decir que la lectura del imán
reemplaza la de los orantes- es lo que habéis
hecho. Luego Abû Hanîfa les dirigió bonitas palabras diciéndoles: “Pero
sois de la Medina, y allí está el imán Mâlik que dice que hay que leer la sura
de Al-Fâtiha, entonces seguid el método de los medinenses. Si yo visito
la Medina seguiré lo que hace el imán Mâlik”.
3.- El
trato con la gente mediante la astucia:
El Tercer
punto es muy bonito. Se trata de la astucia. Existen personas que creen en la
justicia, pero son inflexibles. Vamos a ver la
astucia perspicaz y la gran flexibilidad que utiliza
Abû Hanîfa cuando resulta imposible hablar con la razón para que el otro
te entienda.
En aquel
entonces el califa y emir de los creyentes, Abû Ÿa’far Al Mansûr,
asesinaba a muchas personas, y le inquietaban las
opiniones de Abû Hanîfa, porque
era considerado como un líder, además fue innovador.
Abû Hanîfa no estaba satisfecho de los comportamientos del califa Al Mansûr,
sobre todo en lo relacionado con el asesinato de la
gente. Abû Al ‘Abbâs At-Tôsî, jefe de la policía, que
formaba parte de la corte del califa, odiaba y envidiaba muchísimo a Abû Hanîfa.
Al Mansûr invitó a Abû Hanîfa a su reunión.
Cuando Abû
Hanîfa entró al palacio, At-Tôsî dijo al que estaba sentado a
su lado: “Hoy mato a Abû Hanîfa”. Este último lo
adivinó. At-Tôsî entró y dijo al
califa “Oh emir de los creyentes ¿me permite usted debatir con Abû Hanîfa?”.
“Sí pregúntale”, le contestó Al Mansûr. At-Tôsî le dijo a
Abû Hanîfa: “Abû Hanîfa, parece que el emir de los creyentes tiene
una postura hacia una determinada persona. Nos pide,
sin que sepamos el por qué, que la matemos.
¿Qué hago?, ¿lo mato y obedezco al emir de los
creyentes o desobedezco a sus órdenes?”.
Abû Hanîfa,
sabiendo que si decía lo que veía correcto directamente no iba a ganar mucho, le
preguntó: “Abû Al ‘Abbâs, ¿el emir de los creyentes ordena lo que es justo o
injusto?”. Él contestó: “Ordena lo justo”. Abû Hanîfa dijo: “haz lo justo
sin preguntar”.
Entonces Abû
Hanîfa se acercó a un compañero que se
sentaba a su lado y le dijo: “Quería pillarme y le
pillé yo”. Cuando Abû Hanîfa contestó a At-Tôsî de
esta forma, éste se volvió rojo y los presentes empezaron a reírse. Abû Hanîfa
quiso sacar a At-Tôsî de esta situación de dolor y burla con un
chiste, entonces le dijo al califa: “emir de los creyentes, le cuento a usted
una historia que nos había contado un imán muy importante llamado Ash-Sha’bî”, y
se puso a contar: “un día, el león, rey del bosque, se puso enfermo y le
visitaron todos los animales salvo el zorro. El lobo acudió al león y le dijo:
“emir y rey del bosque, le han visitado todos los animales excepto el zorro,
porque no le quiere”. Entonces el león se enfadó mucho y dijo: “vamos
a ver qué dirá cuando venga”. El zorro se
enteró de lo que había dicho el león y fue a verlo. Éste le preguntó: “¿Por qué
no has venido a visitarme cuando me puse enfermo?”. El zorro contestó diciendo:
“todos los animales le visitaron mientras que yo me fui a buscarle el remedio”.
El león le preguntó: ¿y lo has encontrado? Todavía sigo enfermo”. Le dijo: “Sí,
si introduces esta aguja en el pie del lobo, te curarás”. Entonces el rey león
hizo lo que le dijo el zorro e introdujo la aguja en el pie del lobo, que empezó
a sangrar. Cuando el lobo salió de aquel lugar encontró al zorro esperándole. El
zorro le dijo: “Hola, señor del zapato rojo. Si vuelves a repetir lo que has
hecho, la próxima vez la aguja no la introduciré en tu pie sino en tu cabeza”.
El califa se echó a reír y también Abû Al ‘Abbâs. Dicen que luego Abû Al ‘Abbâs
se sentó cerca de Abû Hanîfa y desde aquel día se
hicieron amigos.
La
cuestión de astucia se aprende con el trato con la gente y no con el
aislamiento. Por eso dice el Mensajero de
Al·lâh, que
la Paz y los Rezos de Al∙lâh sean con él:
"El creyente que comunica con la gente, y tiene
paciencia con los perjuicios que le causan, es mejor que aquel que no comunica
con ellos, ni tiene paciencia con sus perjuicios”.
A pesar de todo
ello, Abû Hanîfa
no perderá la amistad de At-Tôsî.
Existe una norma muy bella que hay que aprender. Esa norma dice: “Si hay mil
personas que te quieren y uno enojado contigo, ve en
su busca para que te perdone”.
Otro ejemplo
de estas agradables e inteligentes astucias. Se
cuenta que había una pareja en desacuerdo que fue a Abû
Hanîfa. El marido le
dijo al imán, “juré con el divorcio que no hablaría
con mi mujer, hasta que me hablase ella” y ella dijo: “No hablaré contigo
hasta que me hables tú”, parecía que la cuestión
conduciría al divorcio.
Entonces Abû Hanîfa
Dijo: “Oye hombre, es tu esposa
legal, y no estáis divorciados. Vive con ella
sin problemas, y no pagues ni un centavo por tu
juramento. Anda, vete a tu casa y no vuelvas a repetirlo
nunca más”.
Sufiyân Az-zawrî, que era de los grandes ulemas, se
enteró de esta Fetua, y se enojó mucho.
Fue a Abû Hanîfa
y le dijo: “¿tú das permiso para
fornicar?”
Abû Hanîfa
dijo que no.
Sufiyân Az-zawrî dijo:
“¿entonces a qué viene esa Fetua?”
Abû Hanîfa
dijo: “Oh, Imán, es muy sencillo.
Ella dijo: no te hablaré hasta que me hables. Y así le
habló. Lo que hice era buscarles una salida inteligente y no cometí un
pecado, tal vez así podré
unir a su familia.”
Entonces, Sufiyân
Az-zawrî le dijo: “por Al·lâh,
¡de cuántos problemas eres tú la única solución!
¿Me culpáis por quererlo?, por eso le quiero.”
4.-
El trato con la gente
con clemencia y paciencia:
El
cuarto punto es la paciencia y la clemencia. Existen tipos de gente con la que
no vale comunicar o convencerles, sea con la lógica, la práctica o las
astucias. Por ejemplo, los que te insultan por
odio y envidia. Muchos insultaban a
Abû Hanîfa por tener nuevas
ideas, no aceptadas por todos, en su tiempo.
Pero con el paso del tiempo la gente empezó a
asimilar y a entender sus ideas
llegando a la conclusión de que tenía razón.
Tal vez eso pasa cuando esa persona ya ha muerto. Una vez, un chico vino a
decirle: “oh, inventor y hereje”. Es como si dijeras a alguien en nuestros días:
“¡Oh desviado y desviador!”. Abû Hanîfa
le dijo: “Al·lâh
Sabe que soy todo lo contrario de lo que
dices. Si tienes razón en eso, que Al·lâh
me perdone y si mientes, que Al·lâh
te perdone a ti”.
¿Puedes tener tanta
clemencia como él? ¡¡Puedes imaginar cómo se siente ese joven!! Entonces ese
chico le dijo: “me equivoqué, pide a Al·lâh que me Perdone”.
Otro ejemplo: Uno le
preguntó a Abû Hanîfa
por una fetua y este último le contestó. Otra persona de Basora que estaba
presente oyó esa Fetua y le dijo que el Imán Al Basrî dice todo lo
contrario. Entonces Abû Hanîfa
le dijo: “pues se equivocó el imán Al Basrî”. Ese
hombre era un fanático, que empezó a insultar a Abû Hanîfa.
Me da vergüenza
mencionar los insultos que le dijo ese hombre pero le dijo: “¡Tú, hijo de
puta, dices que se equivocó el Imán Al Basrî!”. Ese hombre le dijo eso a
Abû Hanîfa en la
mezquita de Al Kûfa, en presencia de mucha gente. Abû
Hanîfa le respondió: “Al·lâh
Sabe que mi madre no es como tú dices, y sí, juro por
Al·lâh que Al Basrî se
equivocó y Ibn Al ‘Abbâs acertó. Lo que dije no era mi opinión, sino la de Ibn
Al ‘Abbâs”.
Abû Hanîfa no trataba de
esta forma únicamente con las personas que estaban en discordia con él, sino
también con los pecadores. Es fácil decir que esto es lícito o ilícito, sin
embargo, ¿podemos ser tan clementes con los pecadores? Escuchad esta historia:
Abû Hanîfa rezaba mucho
las oraciones nocturnas, cada noche aproximadamente. Tenía a un joven vecino que
se emborrachaba cada noche y alzaba la voz cantando:
“Me han perdido y qué
joven han perdido”
Era claro que ese joven
padecía de un problema familiar y pasaba toda la noche bebiendo y
emborrachándose. Imagina que eres un devoto y que rezas las oraciones nocturnas
mientras que tú casa está cerca de la casa de este joven. Seguramente irás a
romperle la puerta, insultarle y llamar a la policía. En cuanto a
Abû Hanîfa, pues esperaba la ocasión
adecuada para invitarle, por eso no le hablaba porque tal vez las palabras
no servirían de nada en aquel
momento. Es obvio que cualquier persona cuando ve cometerse un pecado siente
rabia, no obstante, lo importante es cómo corregir a quien cometió el pecado.
Aquí está la habilidad, no en expresar tu ira.
Un día,
Abû Hanîfa se levantó para rezar y no
escuchó el canto del joven. Preguntó por él y le
dijeron que la policía se enteró de lo que hacía y le detuvo. Entonces
Abû Hanîfa se vistió y salió por la
noche a la comisaría. El jefe de policía dijo: “ese hombre nunca vino a la
policía y no quiere nada de nosotros, ¿qué es lo que te hizo venir?”. Abû Hanîfa
contestó: “el joven borrachín, liberadle por mí”. El joven salió y montó con Abû
Hanîfa su mula y regresaron a casa sin que este último pronunciase
palabra alguna. Quería que el joven pensara, ya que el hecho de pensar en esta
situación es mejor que hablar. Cuado llegaron a casa Abû Hanîfa le miró y
preguntó: ¿te he hecho perder joven?
El joven respondió: “¡No! Por
Al·lâh, que Al·lâh te recompense por lo que has hecho por mí”.
“Si quieres puedes asistir a mi
ponencia en la mezquita”, dijo Abû Hanîfa.
El joven respondió: “vendré”.
Y así ese joven se convirtió en un
discípulo de Abû Hanîfa. Esta es la manera de convivir con los pecadores.
Hay otra clase de gente que te
hacen sentir cansancio, pero Abû Hanîfa actuaba con simpatía con este
tipo. Una vez, Abû Hanîfa enfermó y vino a visitarle una persona que
quedó en su casa una hora aproximadamente, hasta que el imán se aburró de su
visita. Cuando el hombre estaba a punto de irse le dijo a Abû Hanîfa:
“¡parece que he sido pesado imán!”, Abû Hanîfa le contestó: “no por
Al·lâh, eres pesado aún siendo en tu casa”, el hombre se puso a reír.
Otra vez, cuando Abû Hanîfa
enfermó, le visitaron algunas personas, que permanecieron en su casa durante un
largo periodo. De vez en cuando les indicaba que quería levantarse, pero a pesar
de ello, no le pidieron permiso para salir. Entonces les miró y dijo:
“¡Levantaos! Al·lâh ha curado a vuestro enfermo”.
A
propósito de la paciencia, un
hombre árabe vino al Profeta, Los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, y le
dijo: “¡Dame dinero!”. El Profeta, los Rezos y
la Paz de Al·lâh sean sobre él, le dio dinero y le preguntó: “¿Te he pagado
bien?”. Le contestó: “Ni has pagado bien, ni has
sido generoso, no has hecho bien.” Entonces ‘Omar Ebn Al-Jattâb
sacó su espada y quiso matarlo. El Profeta le
dijo: “¡‘Omar, déjalo!”, tomó al hombre y siguió satisfaciéndolo y
dándole hasta que el hombre le dijo: “Has pagado bien y
has sido generoso. ¡Que Al·lâh te recompense por ello!” Después el
Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, se dirigió a sus
compañeros, diciéndoles: “el ejemplo de este hombre y yo es igual al de un
hombre que tiene un camello que se perdió en el desierto y cuando pidió a la
gente que lo persiguiera, el camello se alejó más y más. Entonces el hombre
ordenó a la gente: “¡Alejáos de mi camello!
Soy más piadoso con él y lo conozco mejor que a nadie.”
Empezó a acercarse a él, poco a poco, hasta que acudió a él. He hecho lo mismo
con este hombre y habéis querido actuar igual.
Si hubiera hecho lo que
queríais, habría entrado en el infierno”. Este es nuestro método. Me
asombro de que esto sea nuestro Islam. Ahora no vemos esto ni lo aplicamos, pero
es nuestro Islam, así que no lo acuséis.
5.- El
tratamiento con una clase de gente mediante de
la firmeza del principio:
Si te imponen
una opinión en asuntos básicos o cuestiones
principales, mantén firme en tu punto de vista.
Un
ejemplo: Al Mansûr
sintió que el amor de Abû Hanîfa era hacia la familia del Profeta, que
los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, y no hacia él, sino que estaba en
contra de los Abasíes. Entonces trataba de hacerle caer en una trampa hasta que
una vez le llamó y dijo: “Te ordeno encargarte de la justicia.” Pero Abû Hanîfa
se negó a ello porque veía que no había independencia en la justicia y no
aceptaba ser un juez no-libre.
No era
adecuado ser un juez mientras Al Mansûr le dictaba lo que debía hacer y
lo que no, porque así perdería su religión y su vida.
Entonces, Al Mansûr
le dijo: “Te juro que lo vas a aceptar.”
Le contestó:
“Te juro que lo rechazaré.”
Un hombre que
estaba presente exclamó: “¡Rechazas el juramento del príncipe de los creyentes!”
Contestó: “El
príncipe de los creyentes es más capaz que yo de pagar su kaffâra.”
Al Mansûr
ordenó: “Aceptarás el cargo de la justicia.” Su conversación se hizo más
difícil.
Abû Hanîfa
dijo: “Juro por Al·lâh que no lo aceptaré.”
Aquél
preguntó: “¿Por qué?”
Contestó: “No
soy digno de ella.”
¡Fíjate
qué inteligente es!
El príncipe de
los creyentes dijo: “¡mientes!”
Abû Hanîfa
le señaló con su misma lógica: “Has dado testimonio,
príncipe de los creyentes. ¿Cómo encargas la justicia a un mentiroso? Si soy
mentiroso, no seré digno de ella. Si soy
sincero, debiste creerme cuando te dije que no soy apto para ella.”
El príncipe de
los creyentes juró: “Por Al·lâh, que te torturaré.
Paseadlo por los mercados y azotadle 120 veces,
diez fuertes latigazos cada día.” Contaban:
“juramos por Al·lâh que hemos visto la sangre fluir
hasta sus pies mientras decía: “nunca aceptaré
la justicia. Soy libre.”
La sangre derramada de su cuerpo no se secaba
en sus rodillas, sino que bajaba hasta sus pies.”
Lo
encarcelaron y fue emitido el siguiente decreto: “¡Abû Hanîfa no emitiría
ningún dictamen!”
La
muerte de Abû Hanîfa:
Cuando Abû
Hanîfa estaba a punto de morir, cumplió su papel en la jurisprudencia
islámica… estaba en la cárcel y envió a sus discípulos una pregunta práctica que
dice: “¿Es el juez digno del cargo de la
justicia si es acusado de mentir o no?”
Pudo
equilibrarse con todo lo que le rodeaba porque convivía con sí mismo y era
devoto.
Se consideraba
como una escuela o academia. Hay un desacuerdo sobre la historia de su muerte:
¿murió en la cárcel o unos días después de ser
liberado? Parece que Al Mansûr tuvo miedo de una probable revolución
pública después de haber azotado a Abû Hanîfa 120 veces mientras éste
insistía en su rechazo al cargo de justicia. Así Abû Ÿa’far Al Mansûr se
sometió.
Abû Hanîfa
permaneció en su casa en sus últimos días, muy débil, después de fatigarse. Vino
a él su hijo y le pidió: “Oh padre, quiero que me des un dictamen en tal
cuestión.” Le contestó: “Oh hijo, no puedo, el príncipe de los creyentes me
ordenó que no diera ningún dictamen.” Como si dijera: “Obedezco las órdenes del
príncipe de los creyentes pero conservo mi libertad. Nunca
pondré a la gente contra él, pero mantengo mi
libertad y mi dignidad.”
Murió y
rezaron sobre él unos 50.000 musulmanes, quienes no pudieron rezar
reunidos, por eso
rezaron repartidos seis veces. Su discípulo, ‘Abdul·lâh Ebnu Mubârak, se
levantó ante su lápida lloroso y dijo: “murió
Ibrâhîm An-naj‘î y dejó tras él sucesores, murió Hammâd y dejó tras él
sucesores. Mientras tú, no dejaste a ningún sucesor. ¡La ciencia ha muerto!”
Murió Abû Hanîfa
y en el mismo año nació Ash-Shâfi‘î, porque Al·lâh Quiere y Se Compadece de esta
nación. El último que rezó sobre Abû Hanîfa
fue su hijo Hammâd y Al Mansûr tuvo que rezar sobre él e
implorarle por la gente, o Al·lâh sabe muy bien su intención. ¿Dónde está hoy el
valor de Abû Ÿa‘far Al Mansûr y el de Abû Hanîfa? ¿Cuántos son los
seguidores de éste y cuántos son los de aquél?
Murió pero
antes de su muerte apuntó: “No me enterréis en tal lugar porque es una tierra
violada – Abû Ÿa‘far la había robado- … sino enterradme en una tierra que no ha
sido violada.” Como si dijera “Soy libre incluso cuando estoy enterrado.” Cuando
Al Mansûr oyó esta historia preguntó:
“¿Quién me perdona por Abû Hanîfa vivo y muerto?” ¡Que en paz descanse!
Los sabios
dicen: “todo musulmán debe rezar por
Abû Hanîfa porque nos transmitió la jurisprudencia islámica hasta
hoy.”
Terminaré mi
palabra sobre Abû Hanîfa en este episodio. Y en el siguiente estará con
nosotros un gran sabio en la jurisprudencia Hanafî, para hablarnos de él…
Que la paz de Al∙lâh, Su misericordia y Sus
bendiciones sean con vosotros.
Al∙lâh= significa Dios.
Es el Nombre Más Grande que ostenta el Único Creador que posee todos los
atributos propios de la divinidad, tal como fue revelado en el Qor´ân.
(SAAWS): Sal·la Al·lâhu Alayhi Wa Sal·lam: Los Rezos y la Paz de
Al∙lâh sean sobre él, que
es explicada por los ulemas como sigue: Sal·la Al·lâhu Alayhi:
significa que le cubra con su misericordia…El motivo de
traducirlo literalmente es porque estas palabras son repetidas por los
musulmanes de todo el mundo, siguiendo el precepto divino de decir esta
expresión siempre que se mencione al Profeta, en la llamada a la oración
(Al Âdhân) o en cualquier circunstancia, como veneración concedida por
Al·lâh a Su último Mensajero, que ha sido enviado a toda la humanidad.
Wa sal·lam: significa: y derrame Su Paz sobre él.
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