Episodio 4:
El Imam Abû Hanîfa- Parte II
En el nombre de Al·lâh,
El más Misericordioso, El muy Misericordioso. Las alabanzas son para Al·lâh,
Señor de los mundos y que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre el profeta Mohammad(SAAWS)
Bienvenidos a
nuestro nuevo episodio del programa "Un llamamiento a la convivencia".
A causa de que
estamos atravesando un período tremendamente difícil y debido a la incapacidad
que tenemos de ponernos de acuerdo y dialogar, sentimos que nuestro deber es
presentar este programa, Un llamamiento a la convivencia, precisamente en
este momento.
Hemos dicho
anteriormente que Abû Hanîfa es el fundador de la primera y más
notable Escuela de Jurisprudencia en la historia del Islam. El profeta, que los
Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, murió dejando a los musulmanes el Corán
y la Sunna (la tradición del Profeta). Sin embargo, los musulmanes, tras
la muerte del Profeta (SAAWS), necesitaban un método que les permitiera hallar
soluciones a los problemas cotidianos de la vida y que les aclarara cómo llevar
a cabo las acciones relativas al culto apoyándose en el Corán y la Sunna
del profeta (SAAWS). Éste es el significado de la palabra jurisprudencia.
Los cuatro
imames fueron quienes establecieron estos métodos basándose en el Corán y en la
Sunna del profeta (SAAWS). El primero de ellos fue Abû Hanîfa,
que nació en el año 80 de la hégira. A él se le atribuye ser la primera persona
que registró y escribió libros sobre la Sharî'a. Además se le atribuye
ser el primero en sugerir la idea de registrar y escribir libros en el Islam.
Aunque no se publicó ningún libro en su nombre, fue él quien divulgó las ideas.
Por ejemplo, él fue la primera persona en distribuir en capítulos los diferentes
asuntos que trata la jurisprudencia, y hasta el día de hoy los libros que
explican la jurisprudencia siguen ese método. Así, hallamos el capítulo de la
purificación, el del rezo, el de las adoraciones, el de la compra-venta, el de
las transacciones, el de los préstamos, el del matrimonio, el del divorcio…,
etc.
Los discípulos
de Abû Hanîfa agruparon todas estas ideas en un libro. Su escuela
de jurisprudencia es la más extendida en el mundo islámico, especialmente entre
aquellos cuya lengua madre no es el árabe. Por eso, los ulemas dicen que todos
los musulmanes deberían suplicar por Abû Hanîfa en sus rezos.
Ese gran
hombre miró a su alrededor y percibió lo que la sociedad necesitaba en aquel
momento, y ese es en efecto el primer paso hacia la convivencia, encontrar un
espacio común entre uno mismo y la sociedad, mirar a nuestro alrededor para
reconocer las necesidades de la gente… Eso era lo que Abû Hanîfa
hacía.
La
situación en Irak y Bagdad en aquella época:
Abû
Hanîfa era de Irak,
mientras que el Profeta (SAAWS) vivió en Al-Hiÿâz
(Arabia Saudí actualmente), lugar donde gobernó el primer califato islámico.
Tras la muerte del Profeta (SAAWS), Abû Bakr, 'Omar Ibn Al-Jattâb
y 'Ozmân Ibn 'Affân le sucedieron en el mismo orden que he citado.
Después, el califato islámico se trasladó a Irak, que pasó de ser un simple
lugar ordinario, al centro del gobierno. Es decir que, en la época de Abû
Hanîfa, Irak era un país abierto al mundo. Era, en aquel período, una
capital internacional y un lugar que gozaba de un nivel de economía y desarrollo
extraordinario. Tened en cuenta que Abû Hanîfa estableció su
jurisprudencia sobre la base de este prodigioso desarrollo. Así pues, Abû
Hanîfa pertenecía a una época en la que cada día había una idea nueva,
un nuevo conocimiento, un nuevo invento...
Además,
en aquella época hubo un número extraordinario de personas que abrazaron el
Islam, millones, de varias nacionalidades como indios, persas y romanos, y todos
residían en Bagdad. Para que os hagáis una idea, la población de Bagdad en
aquella época –en el año 80
de la hégira-
era de dos millones de habitantes. Esto significa que era un país
extraordinario.
Por otro lado,
la traducción constituía una actividad importantísima, se traducían libros de
todas las lenguas del mundo, a la lengua árabe. Quiere decir que había una
invasión muy fuerte de todas las culturas y una gran apertura al exterior.
¿Cómo
era la situación en Al-Hiÿâz
en aquella época? La Meca y Medina no habían experimentado estos avances y la
vida allí era muy tranquila, puesto que la gente acudía a esos lugares solamente
para llevar a cabo la peregrinación mayor y menor (Haÿÿ y 'Omra),
especialmente después de que el califato se trasladara a Irak.
La
jurisprudencia
de Abû Hanifa:
En relación con las
cuestiones de jurisprudencia, lo que se solía hacer en aquella época era
consultar el Corán y la tradición del Profeta en primer lugar, y a continuación
se examinaban los dichos de los Compañeros del
Profeta. Sin embargo, Abû
Hanîfa
trató la jurisprudencia con una visión diferente. Así, empezó a decir que
trabajaría con lo que se
llama en árabe Iÿtihâd,
el punto de vista y la analogía, es decir que se consultan casos
similares para saber qué dictamina en aquellos casos el Corán y la tradición del
Profeta. De esta manera, se busca en las aleyas del Corán, luego en los dichos
del Profeta (SAAWS) y finalmente en las palabras de Abû Bakr,
'Omar, 'Ozmân
y 'Alî,
y a partir de ahí se reflexiona con su propio juicio y se relacionan esos casos
con sus análogos en el Corán o la Sunna. Pongamos un ejemplo: las drogas
son algo nuevo, ¿con qué las relacionamos en el Corán o la Sunna? Con el
alcohol, porque las drogas perturban y alteran el pensamiento al igual que pasa
con las bebidas alcohólicas, lo cual lleva a dictaminar que las drogas están
prohibidas. Por cierto, ¡la Escuela del Hiÿâz le acusó de
ser corrupto e incrédulo!
Abû Hanîfa
pensó que no podía quedarse inmóvil mientras el universo se movía y había tantos
cambios a su alrededor, pensó que tenía que afrontarlos. Abû Hanîfa
se adelantó a su tiempo y por eso mucha gente no le entendía, porque decía cosas
nuevas. Sin embargo, todos los que estaban en contra de él en un principio,
después adoptaron sus opiniones cuando Al Hiyâz
ya empezó a influenciarse.
Abû Hanîfa
razonaba por analogía constantemente, pero si lo que él
opinaba se contradecía con lo que había dicho el Profeta, en ese caso desechaba
su propia opinión y se aferraba a lo que había dicho el Profeta (SAAWS). Y si su
opinión era diferente de lo que hacían o decían los Compañeros del Profeta, del
mismo modo relegaba su opinión personal y adoptaba la de los Compañeros del
Profeta. Sin embargo, cuando su opinión era diferente de la de alguno de los
seguidores del Profeta decía: “Ellos eran hombres igual que nosotros”. Es decir,
en este caso debo razonar por mí mismo, debo reflexionar, comparar y realizar
un dictamen según mi propio juicio.
El Imâm
Al-Adâ'î,
era el Imâm
de Ash-Shâm
(Siria, Palestina, Líbano y Jordania actuales) y
vivía en Beirut. Una vez vino a verle Abdul·lâh
Ibn Al-Mubârak,
que era uno de los estudiantes de Abû Hanîfa. Al-Adâ'î,
que todavía no sabía que el chico era alumno de Abû Hanîfa, le
dijo: “¿Quién es ese innovador en el Islam que apareció en Irak con el apodo de
Abû Hanîfa?”. Abdul·lâh
Ibn Al-Mubârak
narra a propósito de este suceso: "No le contesté, pero me fui a buscar
las cuestiones más trascendentes sobre las que había dictaminado Abû Hanîfa.
Luego, volví a encontrarme con él después del rezo y le dije "lee esto". Me
dijo: "¿quién ha escrito esto?". Le contesté: "uno que se llama An·No'mân Ibn
Zâbet (así se llamaba Abû Hanîfa)”. Mientras Al-Adâ'î
iba leyendo los artículos decía: “¡Qué rara es esta
jurisprudencia!”. Continuó leyendo hasta el rezo del 'Ishâ´
(anochecer), y luego me dijo: "Éste es un hombre
extraordinario, síguele". Cuando le dije que ese hombre era Abû Hanîfa,
el Imâm Al-Adâ'î
me dijo: “¡Te juro que lo que oí sobre él es diferente de lo que él mismo
dice!”.
También nosotros juzgamos
a la gente, decimos Fulano es malo, incluso antes de haberlo visto… Sólo porque
hemos oído esto o lo otro. No debemos hacer eso, las reglas básicas de la
convivencia son escuchar al otro, dialogar con él… aunque nuestros puntos de
vista sean diferentes u opuestos.
Así, las palabras de
Abû Hanîfa llegaron a oídos del emir de los creyentes, el
califa Abbasí Al-Mansûr,
entonces envió a llamar al imâm
Abû Hanîfa.
Le dijo: “He oído que antepones la opinión personal, el
iÿtihâd (esforzarse y reflexionar sobre una cuestión nueva) y la analogía a
los dichos del Profeta (SAAWS)”. Abû Hanîfa le contestó: “No, no
es cierto. Para dictaminar sobre cualquier cuestión, siempre sigo lo que Al∙lâh
dice en su Noble Corán y lo que dice la tradición del Profeta. Después busco en
lo que han dicho Abû Bakr, 'Omar,
'Ozmân
y 'Alî,
y al final reflexiono, si existe un desacuerdo entre los Compañeros del profeta,
en ese caso reflexiono por mí mismo e intento escoger la solución más
beneficiosa para la gente”.
De esta manera, empezó a
hablar sobre temas de jurisprudencia y a solucionar cuestiones. Avanzaba en
paralelo con la vida, no separó los temas religiosos y los mundanales.
La jurisprudencia
anticipada:
Más tarde, Abû
Hanîfa pensó: ¿por qué no damos un paso adelante? ¿Por qué esperar a que
suceda algo para luego buscar la solución jurídica? De eso se trata la
jurisprudencia anticipada: proponer cuestiones que no han ocurrido todavía y
buscar la solución desde el punto de vista del Islam.
¿Sabéis cuántos casos
propuso? Cerca de veinte mil casos en todos los ámbitos: economía, agricultura,
matrimonio, divorcio, etc. ¿Podéis imaginar que Abû Hanîfa llegó a
pensar en casos que pudieran pasar en los cien años siguientes? El primero en
plantear la traducción del Corán a otras lenguas fue Abû Hanîfa.
Por ejemplo, pensó en
veinte posibilidades de lo que podría ocurrir en los ríos Tigris y Éufrates a
causa del aumento de la población en aquella zona y los problemas que se podrían
derivar… ¡Estaba hablando de economía!
La creación
de una Escuela de Jurisprudencia islámica:
Pero Abû
Hanîfa se trasladó a un nivel aún más alto. En primer lugar, habló de la
analogía, el esfuerzo interpretativo y la opinión, luego subió de nivel y
puso en práctica la jurisprudencia anticipada o estimativa. Finalmente, pensó
que él solo no podría conseguir hacer todo eso, porque es un asunto complejo que
necesita que mucha gente unifique sus esfuerzos y sus mentes para poder llegar a
un dictamen correcto. Así pues, decidió crear una Escuela de Jurisprudencia
Islámica.
¿No existe
acaso en nuestra época lo que se denomina “La Asamblea de
jurisprudentes para emitir las fetuas jurídicas”? ¡Abû
Hanîfa fue el primero en fundar una en el año 80 después de la Hégira!
Formó una institución científico-jurídica. Atrajo a alumnos y profesores de
todos los campos del saber y convivieron y trabajaron juntos durante muchos años
para formar la Jurisprudencia Islámica… Y dialogaban entre ellos, sin que nadie
antepusiera sus ideas a las de los demás.
Esto nos lleva
a un cuarto nivel de suma importancia. Les dijo: "Yo creo en la libertad.
Vosotros sois libres, pues, de decir lo que os plazca y de contradecidme de la
manera que os parezca, con el fin de que en nuestras sesiones y en la Academia
perdure la libertad. Aquello en lo que nos pongamos de acuerdo, constituirá
nuestra Jurisprudencia". Por ese motivo, sucedía a veces que la Escuela emitía
dictámenes contrarios a la opinión personal de Abû Hanîfa…
Un
renacimiento científico siguió al renacimiento ideológico:
Lo que Abû
Hanîfa hizo fue un avance que precedió a todas las demás ciencias.
Los musulmanes en el Estado ‘Abbâsî pusieron las bases de la ciencia del
álgebra de la mano de Al-Jawarizmî, y también de la química, la
física, la filosofía, la lógica y la geografía… Sin embargo, Abû Hanîfa
es el primero de todos ellos. Es decir, la jurisprudencia precedió a todas las
demás ciencias.
Gracias a
Abû Hanîfa los científicos empezaron a imitar e inventar. ¿Qué
significa inventar? Pensar en el futuro y constituir colegios colectivos. Abû
Hanîfa no sólo preparó el terreno para el desarrollo de la
Jurisprudencia islámica sino que lo preparó para que pudiera darse un
renacimiento científico completo.
Por eso,
Abû Hanîfa y Ash·Shâfi’î fueron de hecho una de las causas del
renacimiento en Europa, porque establecieron las reglas que se necesitan para
inventar cualquier saber o ciencia. Yâber Ibn Haiyân, entre otros,
los imitó… y Averroes (Ibn Rushd) en Al-Andalus estaba influido
por las ideas de Ash·Shâfi’î de Abû Hanîfa y las trasladó a
Europa. Entonces, empezaron a construirse escuelas cuyos métodos científicos se
basaban en las ideas de Ash·Shâfi’î y Abû Hanîfa.
Aquí tenemos que resaltar un punto importante: la religión ayudó a que las demás
ciencias se desarrollasen. Todo lo contrario de lo que ocurrió en Europa, donde
para que la ciencia triunfase tuvo que apartarse totalmente de la religión,
porque se contradecían entre ellas. La situación en nuestro caso fue totalmente
opuesta: la religión es la que promovió que las demás ciencias se desarrollasen,
gracias a Abû Hanîfa y Ash·Shâfi’î, quienes aprendieron de
la religión el amor al saber, a la libertad y la reflexión. El Corán les
proporcionó estas bases, desde las cuales se pusieron en marcha.
El círculo
de Abû Hanîfa:
Vamos a
observar juntos cómo funcionaba el círculo de Abû Hanîfa: en la
primera fila se sentaban 40 especialistas: un experto en lengua, un sabio en
jurisprudencia islámica, un profundo conocedor de los Ahâdîz
(dichos del profeta), un experto en interpretación, un especialista en poesía,
un sabio en literatura, un experto en asuntos sociales… Incluso a veces cuando
hablaban de un asunto del que no tenían un conocimiento profundo, consultaban a
un especialista en la materia para poder discutir sobre el tema con
conocimiento.
Hasta el punto
de que a propósito de la ciencia de la tintura, por ejemplo, Abû Hanîfa
envió a uno de sus alumnos, Mohammad Ibn Al-Hasan, para que
se uniera a los tintoreros durante un determinado periodo de tiempo y aprendiera
las particularidades del oficio para que cuando hablasen de ese tema dispusieran
de un experto en la materia.
Se trata de
una escuela científica. Ojalá aprendiéramos en nuestros países, en el siglo XXI,
lo que se denomina “trabajo en equipo” y lo aplicáramos en las universidades, en
los colegios… Por desgracia, en nuestros países no se aplica ese sistema de
trabajo tan valioso y fructífero.
"Si tu Señor hubiera querido habría hecho que los humanos fueran una única
comunidad. Sin embargo no dejarán de ser contrarios unos a otros",
((TSQ,)
, Sura 11, Hûd: Aleya 118). El hecho de que las personas
sean diferentes es algo beneficioso, constituye una riqueza para la tierra. Como
nuestro Señor quiere que construyamos la tierra, el que las personas sean
diferentes unas de otras, conlleva que haya ideas que se van alternando. El
hecho de que hubiera dos escuelas diferentes, la de Irak y la de Al-Hiÿâz,
fue algo beneficioso para el Islam… ¡Basta ya de disputas, basta de guerras
y sangre derramada! Queremos convivir para llevar a cabo un renacimiento en
nuestros países.
Cuando Abû
Hanîfa inició su círculo tenía 40 años, en el año 120 después de la Hégira,
y se mantuvo hasta el año 150… es decir, un círculo abierto que duró 30 años.
Además, Abû Hanîfa durante todo este tiempo mantuvo su comercio en
el centro de Irak y con mucho éxito. Incluso es posible que el comercio le
influyera positivamente en su modo de pensar. Trabajaban por la mañana y luego
se reunían los estudiantes y el equipo de trabajo en el círculo desde el rezo
del atardecer hasta bien entrada la noche.
El diálogo
en el círculo de Abû Hanîfa:
A la derecha
de Abû Hanîfa se sentaba Abû Yûsuf, que era su alumno más
distinguido y el más valioso para él. Abû Hanîfa intuía que sería
una persona muy importante en el futuro. A su izquierda se sentaba su alumno
Dhufr o Mohammad Ibn Al-Hasan. Cada uno de ellos tenía un
papel y una pluma. Detrás de ellos había cuarenta personas especializadas en
diferentes temas, y detrás cientos de asistentes sentados.
Abû
Hanîfa abría un tema,
presentaba una cuestión y preguntaba cuál sería el dictamen del Islam respecto a
esa cuestión. Siempre había un experto en el tema presente con ellos. Entonces,
comenzaba el análisis del tema. La regla consistía en levantar la mano, y la
primera fila tenía la prioridad de responder. Abû Hanîfa no daba su
opinión, a veces comentaba, y siempre a su derecha se sentaba Abû Yûsuf.
Después de las consultas se ponían de acuerdo sobre una opinión, que
apuntaba
Abû Yûsuf, y a veces escribía más de una opinión. A su izquierda se
encontraba Mohammad Ibn Al-Hasan o Dhufr. Ambos escribían
todo lo que se decía en la clase para después elaborar un trabajo abreviado,
porque Abû Hanîfa siempre les decía: “No escribáis lo que he dicho sin
que se sepa por qué lo había dicho”. Abû Yûsuf escribía la fetua, y más
abajo tomaba nota de lo que había escrito Mohammad Ibn Al-Hasan
sobre el motivo de haber escogido esa opinión. Aún más, cada vez que las
opiniones se distanciaban y parecía muy difícil ponerse de acuerdo y escoger
una, Abû Hanîfa hacía una especie de juego de rol. Decía al que
estaba delante: "¿Qué te parece si yo defiendo tu tesis y tú defiendes mi tesis
y cada uno aporta los argumentos del otro y los defiende?"
Además iba
cada año a la peregrinación para encontrarse con los ulemas del Hiÿaz
y recoger sus opiniones sobre determinadas cuestiones. Y cuando volvía no tenía
ningún problema en rectificar algo que había escrito o dicho...
La
flexibilidad de Abû Hanîfa en aceptar la opinión del otro:
Una vez,
durante un debate, Abû Hanîfa expresó su opinión y Abû Yûsuf se
puso a escribirla, entonces le dijo: “No, no lo apuntes Abû Yûsuf, ese
sólo es mi punto de vista, espera a que nos pongamos de acuerdo sobre un
dictamen”.
En una
ocasión, sucedió que uno de sus alumnos le dijo: "Estás equivocado, Abû
Hanîfa", mientras que el imâm solamente estaba expresando una
opinión, es decir que todavía no se habían puesto de acuerdo en un dictamen
final. Entonces, Abû Hanîfa calló, y luego expuso otra opinión… y
otro alumno le dijo: "Estás equivocado, Abû Hanîfa". Ese
día, asistía a la clase un hombre nuevo, era mayor de edad y muy respetuoso, y
se quedó perplejo al ver como dos alumnos decían al gran imâm que estaba
equivocado. Entonces, el hombre dijo a los alumnos: “¿Acaso no respetáis a
vuestro maestro?. ¡Le dicen "estás equivocado" y él acepta y calla y no les
recrimináis!" Entonces, Abû Hanîfa dijo al hombre: “Déjeles, yo les he
acostumbrado a hacerlo”.
Lo que
dijeron sobre Abû Hanîfa:
El imâm
Mâlik dijo sobre el imâm Abû Hanîfa: “Juro por Al∙lâh que si
este hombre te quiere convencer de que este tronco de madera es de oro,
conseguirá hacerlo con sus pruebas”.
Abû
Yûsuf, su alumno, decía:
“Discrepábamos con Abû Hanîfa, pero juro por Al∙lâh que pasaban
los días y acabábamos volviendo a su dictamen”.
Dhufr
dijo: “Reunimos el conocimiento de gente muy diferente y lo encontramos limitado
(o sea que cada ulema dominaba una parte), sin embargo lo encontramos completo
con Abû Hanîfa, entonces decíamos ojalá no hubiéramos perdido el
tiempo”.
Ash·Shâfe'í dijo sobre él: “No
conozco a nadie sobre la faz de la tierra que sea más sabio que Abû Hanîfa”.
La gente decía que era el sabio del mundo.
Una vez el
imâm Abû Hanîfa se presentó ante el califa Al-Mansûr que le
dijo: “¿Abû Hanîfa, de quién has tomado el saber?”. Le
contestó: “De los compañeros de 'Omar que, por su parte, lo aprendieron
de 'Omar Ibn Al-Jattâb; de los compañeros de Ibn Mas'ûd
que, a su vez, lo aprendieron de Ibn Mas'ûd, y de los compañeros de
'Alî, que lo aprendieron de 'Alî Ibn Âbî Tâleb”. Entonces, el
califa dijo: “No sigas. Has aprendido el saber de la mejor manera". A pesar de
todo ello el imâm Abû Hanîfa aceptaba que alguien le dijera que se
había equivocado y cuando le preguntaban por qué aceptaba eso, respondía que
'Omar Ibn Al-Jattâb ya lo aceptó antes que él desde su
al-mimbar cuando una mujer le recriminó una opinión suya.
A veces, la
discusión no acababa en un día, incluso podía durar toda una semana hasta que
uno proclamaba “Al·lâh es más grande”, lo que quería decir que habían encontrado
la solución y Abû Yûsuf se ponía a escribir el dictamen. Dicen que gente
que asistía a otros círculos cuando oían “Al·lâh es más grande” iban corriendo
al círculo de Abû Hanîfa para conocer la solución. ¿Os
podéis imaginar? Eso duró 30 años. Amaban intensamente sus clases, prueba de
ello es que cuando murió el hijo de Abû Yûsuf, este celebró los funerales
de su hijo y lo enterró rápidamente para poder asistir a sus clases....
Cuando tienes en cuenta la
opinión de una persona le haces sentir que existe, que tiene importancia. Tras
la muerte de Abû Hanîfa, Abû Yûsuf fue nombrado juez del estado
islámico y era el consejero del califa Harûn Ar·Rashîd, sólo se emitía un
juicio con su benplácito. Cuando murió dejó dos millones de dinares. Su alumno
Mohammad Ibn Al-Hasan era el maestro del imâm Ash·Shâfe'î.
Cuando Abû Yûsuf agonizaba le preguntaron qué deseaba en ese momento, les
dijo que deseaba asistir a una de las clases de Abû Hanîfa a
cambio de la mitad de su fortuna… porque aquellas clases se basaban en el
diálogo, porque inventó un nuevo método. Todo el mundo participaba en la
formación de la jurisprudencia islámica.
Ejemplos de
diálogo dentro del círculo:
Os voy a
relatar algunos hermosos ejemplos sobre los asuntos que se trataban en el
círculo, por ejemplo sobre economía: empezaba Abû Hanîfa diciendo:
“Imaginaos que bloqueáramos el agua de los ríos Tigris y Éufrates, ¿qué
ocurriría, entonces?”. A continuación, la gente exponía sus suposiciones, por
ejemplo algunos decían que habría menos caudal de agua y se formarían islas.
Abû Hanîfa daba otro ejemplo: “Si una persona edifica un muro
alrededor de un terreno que no es de su propiedad, ¿qué es lo que ocurre?”.
Después la gente empezaba a pensar y presentaban sus ideas durante dos días o
incluso más y, al final, llegaban a la conclusión de que el terreno sería suyo y
los cultivos también, porque consideraban que esta persona estaba favoreciendo
el crecimiento del país, apoyándose en el dicho del profeta, que los Rezos y la
Paz de Al∙lâh sean con él, en el que dice: “Quien resucite una tierra muerta
será suya”. A continuación, comenzaban a tratar los detalles de ese asunto
diciendo: “¿Debería dicho hombre pedir permiso al gobernador antes de cultivar
dicho terreno?”. Entonces, la gente se dividió y no se pusieron de acuerdo.
Finalmente, Abû Hanîfa dijo a Abû Yûsuf: Registra las dos
opiniones. Así, quedó escrita la opinión de Abû Hanîfa que pensaba
que debía pedir permiso al gobernador y la del resto, que opinaba que no. Luego,
propuso otra cuestión: “Supongamos que alguien vierte sustancias contaminantes
en el Tigris y el Éufrates, ¿qué se debería hacer?”. Entonces, llegaron a la
conclusión de que se debía multar a esa persona, que debía pagar dinero, puesto
que el Tigris y el Éufrates son un medio de subsistencia para musulmanes y
no-musulmanes y debían respetarse. Después, se escribían posibles soluciones que
se presentaban al emir, por ejemplo que asignara inspectores que vigilaran las
aguas de los ríos, para que nadie pueda contaminarlos.
Puso otro
ejemplo: "En Irak hay gente de todas las nacionalidades que se han convertido al
Islam, sin ser árabes, ¿les está permitido leer durante el rezo la sura de
Al-Fâtiha (la Apertura) en su propio idioma?". Entonces, se pusieron
de acuerdo en que sí podían leerla cada uno en su idioma. Pero ese dictamen
escandalizó a la gente y los sabios de Al-Hiÿâz le enviaron cartas
diciéndole que de esa manera se perdería la lengua árabe, que es la lengua del
Corán. Entonces, se reunieron de nuevo para debatir el asunto y llegaron a una
conclusión equilibrada: se les permitiría leer Al-Fâtiha en su
propio idioma de manera transitoria, sólo hasta que consiguieran aprender la
lengua árabe. Quien no la aprendiese, estaría cometiendo una falta y quien,
habiéndola aprendido, se empeñase en leerla en su propio idioma, su rezo no
sería válido.
La
importancia del diálogo:
El
diálogo puede corregir muchas situaciones, ¿qué os parece si lo llevamos a la
practica en nuestras vidas, si establecemos el diálogo entre padres e hijos,
entre profesores de universidad y alumnos, entre sabios en temas religiosos y
gente sencilla? Me duele que Occidente se enorgullezca de haber inventado
la convivencia… No, señor, nosotros nos enorgullecemos de Abû Hanîfa.
Nosotros no queremos que nuestra relación con el mundo occidental sea de lucha,
porque nuestro lema es: "¡Gente! Os he creado de un
varón y una mujer, y Os he hecho pueblos y tribus para que os reconozcáis. El
más noble de vosotros para Al∙lâh es aquel que más Le teme. Realmente Al∙lâh es
conocedor de todo".
El círculo
de Abû Hanîfa y los otros círculos:
Algunos
sabios que tenían su propio círculo, lo disolvieron para unirse al equipo de
trabajo de Abû Hanîfa. Incluso un famoso sabio llamado Mesaar
Ibn Kidân, a quien la gente le apodaba el Mushaf (el
Corán) por su extraordinaria memorización del Corán, un sabio de mucho renombre
en Kufa, dijo a sus alumnos: "vamos a trasladarnos al círculo de Abû Hanîfa",
y se convirtió en uno de los cuarenta sabios que estaban en primera fila.
¿Por qué no somos igual que ellos?
Algunas veces
Abû Hanîfa notaba que la gente se cansaba un poco de los grandes
asuntos, entonces les hacía una especie de adivinanzas para divertirles un poco.
Había una adivinanza que había tomado de 'Alî Ibn Âbî Tâleb, que
Al∙lâh esté complacido de él: una vez cayó un león en un gran agujero y la gente
se congregó para ver al león caído. Debido al gran agolpamiento de gente, uno de
ellos cayó en el agujero, pero mientras caía arrastró a otro con él, y éste
arrastro a un tercero, y éste a un cuarto… Luego, el león devoró a los cuatro.
La pregunta es: ¿Cuál será la indemnización para sus respectivas familias? La
indemnización en aquellos tiempos era de 100 camellos. Comenzaron a pensar sin
que nadie más que Abû Hanîfa diera con la solución: “El primero
arrastró a tres personas con él, por lo tanto se le restarán tres cuartas partes
de la indemnización y le quedará un cuarto; el segundo arrastró a dos hombres
con él, por lo que se le restará la mitad de la indemnización y le quedará la
mitad; el tercero arrastró al cuarto, entonces se le restará una cuarta parte
del total y, por último, el cuarto no arrastró a nadie, por lo que su familia
recibirá la indemnización completa”.
Llegaron a
presentar veinte mil casos imaginados y sus soluciones. Cuando ocurría cualquier
suceso en Al-Kûfa lo trataban en su círculo. Por ejemplo, una mujer que
era retrasada mental se encontró con un hombre que atravesaba el camino y empezó
a pegarle e insultarle. Asimismo, insultó a su padre y a su madre y le humilló.
Entonces, el gobernador la hizo comparecer ante él y se decretaron dos condenas
contra ella: una por insultar a la madre del agraviado, y otra por insultar a su
padre. Entonces, Abû Hanîfa dijo: “El juez ha cometido
varios errores, ¿alguien sabría decirme cuáles son?". Discutieron el asunto sin
encontrar la repuesta, y finalmente Abû Hanîfa les dijo: “El
primer error es que el juez estableció la condena en la mezquita y eso está
prohibido; el segundo es que no preguntó al hombre si quería perdonar a la
mujer; el tercer error es que estableció una condena por insultar a la madre y
otra por insultar al padre, sin embargo debería ser la misma condena…
¡Así de
extraordinario era el círculo del imâm Abû Hanîfa!
Pido a
Al∙lâh que este episodio suponga el comienzo del diálogo y que nos sintamos
orgullosos de que en nuestra historia tengamos a alguien como Abû Hanîfa…
Que la paz de Al∙lâh sea con vosotros.
Al∙lâh=
significa Dios. Es el Nombre Más Grande que ostenta el
Único Creador que posee todos los atributos propios de la divinidad, tal
como fue revelado en el Qor´ân.
(SAAWS):
Sal·la Al·lâhu Alayhi Wa Sal·lam:
Los Rezos y la Paz de Al∙lâh
sean sobre él, que es explicada por los ulemas como sigue:
Sal·la
Al·lâhu Alayhi:
significa que le cubra con su misericordia…El motivo de
traducirlo literalmente es porque estas palabras son repetidas por los
musulmanes de todo el mundo, siguiendo el precepto divino de decir esta
expresión siempre que se mencione al Profeta, en la llamada a la oración
(Al Âdhân) o en cualquier circunstancia, como veneración concedida por
Al·lâh a Su último Mensajero, que ha sido enviado a toda la humanidad.
Wa sal·lam:
significa: y
derrame Su Paz sobre él.
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