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* La educación y la cortesía
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La educación y la cortesía  

 

Busco refugio en Al·lâh[1], El Más Sublime, El Omnisciente, contra el maldito Satanás.

En el nombre de Al·lâh, El Más Compasivo, El Muy Misericordioso.

 

La alabanza es para Al·lâh, lo alabamos y en Él buscamos ayuda y buen camino y pedimos Su perdón; y en Él buscamos refugio del mal de nuestras almas y de nuestras malas acciones. A quien Al·lâh guía nadie podrá desviarlo y a quien desvía, nadie podrá guiarlo.

 

 

Casi toda la gente se sorprende de que los buenos modales y la cortesía tengan algo que ver con el Islam. Hoy vamos a hablar de la sublimidad del alma,  de la cortesía  y la corrección, de la finura en el trato a los demás.

 

Puede que algunos se pregunten: ¿qué tiene que ver esta virtud con el Islam? Pues en esta lección pretendo demostraros que esta virtud moral tiene su origen en el Islam.

 

En primer lugar, ¿qué significa la cortesía y la educación? Me refiero a tener educación en el trato con la gente, a la amabilidad, la personalidad refinada, la limpieza, el orden, el alma transparente que se da cuenta del error que ha cometido rápidamente -con sólo una mirada- y lo admite con una sonrisa.

 

Esta virtud es una auténtica moralidad islámica. Sé que aún estáis asombrados y que os preguntáis ¿qué tiene que ver esta moralidad con la religión?, y que el título de la lección esta vez no os atrae, y os decís a vosotros mismos que este discurso interesa más bien a los diplomáticos, o que esto se estudia en las escuelas extranjeras, pues ellos son los que valoran estas palabras… Pero, ¿que tenemos nosotros que ver con todo esto?

 

En nuestra sociedad destacan cuatro tipos de personas en relación con esta moralidad:

El primer tipo:

Los que piensan que la educación, la cortesía, la urbanidad, la finura y la sublime moral son valores occidentales, y que los hemos aprendido de ellos. Por eso, enviamos a nuestros hijos a escuelas extranjeras, con el fin de aprender la corrección y la cortesía, para que sean educados en base a dichas virtudes. Nuestra lección de hoy está dirigida, especialmente, a este tipo de gente.

El segundo tipo:

Son gente que han tenido una educación en sus casas basada en estas virtudes, pero que piensan que el Islam está opuesto a ellas. Y cuando oyen algo sobre una persona religiosa practicante, entienden que se trata de alguien poco delicado, desordenado, que no se preocupa de la limpieza, etc. Y así, la cortesía se ha convertido en una barrera entre él y su práctica de la religión.

 

A éstos les digo: “Esta barrera que habéis puesto entre la cortesía, la afabilidad, la urbanidad y la etiqueta por un lado y la práctica de la religión, por el otro, es una ficción. Todas estas virtudes tienen su origen en el Islam.

 

El tercer tipo

Gente que piensa que el Islam está solamente en la mezquita y que no tiene nada que ver con lo que pasa fuera de ella, en cuanto a educación y conducta,  trato con la gente y administración.

El cuarto tipo

 

Se trata de un joven religioso practicante, comprometido, y que entiende el Islam en el sentido de adoración, oración, dhikr (recuerdo de Al∙lâh), oraciones nocturnas voluntarias… pero, desgraciadamente no es educado ni cortés – espero que no os enfadéis conmigo-, y de esta forma ha provocado que los demás odien la práctica de la religión. Tal vez entre estos últimos esté su padre y su madre, que dicen: “Mira, desde que es religioso practicante descuida su apariencia y sus cosas”. Es una persona practicante, ávida en su adoración, y que busca tenazmente la satisfacción de Al·lâh, Alabado y Enaltecido Sea, pero no entiende que la cortesía es uno de los bellos y esenciales valores islámicos que nos enseñó el Profeta, (SAAWS[2]) que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él.

 

Hoy quiero decir a este tipo de personas: “Por favor, entended el Islam como una religión completa, indivisible”. Bajo mi punto de vista, esta moralidad es una de las virtudes islámicas que debemos apreciar y practicar, y que no es menos importante que la sinceridad o la fidelidad. En último término, la finalidad de mi mensaje es fortalecer un significado muy importante: ¡estamos orgullosos de pertenecer al Islam!

 

El motivo de hablaros sobre la cortesía no es porque pienso que no tratáis a los demás cortésmente, desde luego que no, sé que todos nosotros hemos sido educados y hemos aprendido la cortesía en nuestras casas. Sin embargo, nos mostramos corteses  porque esa conducta forma parte de los buenos modales en la relación con los demás -especialmente aquellos que han recibido muy buena educación- y no porque esa conducta forma parte del Islam o porque nuestra religión nos pide tratar a la gente de esta forma. Yo he venido hoy para deciros que vuestra buena conducta en lo que se refiere a la educación y la cortesía en el trato a otras personas tiene su origen en el Islam.

 

Después de esta larga introducción, vamos a empezar nuestra lección de hoy clasificando la educación y la cortesía en tres niveles.

 

1- Educación con Al·lâh.

2- Educación con el Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él.

3- Educación con la gente.

 

La educación con la gente:

 

Vamos a empezar por este apartado y dejaremos para el final el de la educación con Al·lâh, Alabado y Enaltecido Sea.

 

Para ser sincero, al intentar recopilar las conductas de buena educación y cortesía que nos aportó el Islam, me encontré perdido. Entonces, decidí que era necesario seguir un orden. Por esta razón vamos a empezar hablando de la educación y la cortesía en casa, luego en la calle, luego con las personas que visitas, etc.

 

 

La educación y la cortesía en tu casa:

 

Aquí  debemos comenzar con la cortesía hacia tus padres, y no me refiero a la benevolencia con los padres, es preciso que no mezcles los asuntos. Puesto que el tema es muy amplio, me conformo con dar algunos ejemplos sólo para demostrarte la gran importancia que tienen la educación y la cortesía en el Islam.

 

Por ejemplo, imaginaos que uno de nosotros llega a su casa llevando consigo algo de su comida favorita, pero teme que sus padres lo vean y tenga que compartirlo, por consiguiente, se lo esconde, o se lo come por el camino antes de llegar, o con sus amigos. Repito que no estoy hablando aquí de la  benevolencia hacia los padres, sino de la delicadeza del musulmán con su padre y su madre, y de cómo el Islam valora esta delicadeza. Voy a contaros una historia:

 

“En tiempos del Profeta, uno de sus compañeros estaba agonizando, entonces sus hermanos se acercaron a él diciéndole: “¡Di que no hay más dios que Al·lâh y que Mohammad es Su mensajero!”. Pero, el hombre no podía decirlo, era como si tuviera un nudo en la lengua. Entonces, se dirigieron al Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, pues el asunto era muy grave. Se trataba de uno de los compañeros del Profeta, comprometido, obediente a Al·lâh y a Su Profeta (SAAWS). El Profeta les preguntó: “¿tiene madre?”. Contestaron: “Sí, Mensajero de Al·lâh”. Entonces, el Profeta fue a preguntarle si su hijo había sido benevolente con ella. La mujer respondió: “Ha sido benevolente conmigo, sólo que a  veces traía fruta y comida y me la ocultaba para dársela a sus hijos, y a mí no me ofrecía”.

 

Por lo tanto, no pudo pronunciar ash-shahâda porque no trataba a su madre con delicadeza. A continuación,  el Profeta encendió fuego, y dijo a la madre: “Le quemaremos, si no le perdonas”. Entonces, la madre dijo: “Le he perdonado, Mensajero de Al·lâh”. Entonces,  cuando el corazón de la madre se conmovió, la lengua del hijo pudo pronunciar que no hay más dios que Al·lâh  y que Mohammad es Su mensajero.

 

Reflexiona sobre este acontecimiento, y el valor que da el Islam a la educación y la delicadeza en el trato con tu madre hasta en los más pequeños detalles: daba fruta a sus hijos, y no ofrecía a su madre. Ahora compáralo con lo que tú haces.

 

Otra situación parecida ocurre cuando tu madre te llama y no le respondes porque estás ocupado. El Islam nos da un ejemplo sobre este punto, y existe un largo hadîz que nos cuenta el Profeta, que los Rezos y la paz de Al·lâh sean sobre él: “Había entre los antepasados un hombre conocido por Yoraiÿ, el devoto, ya que oraba mucho. Una vez, cuando estaba rezando, vino su madre y le llamó, entonces  se dijo: “¡Oh, Al·lâh! ¿Mi madre o mi oración?”. Estaba indeciso, pero finalmente decidió continuar su oración  y no contestar a su madre, entonces su madre se marchó. Al día siguiente volvió su madre y le llamó: “¡Yoraiÿ!”. Él pensó: “¡Oh, Al·lâh! ¿Mi madre o mi oración?”, pero siguió con su oración y su madre se marchó. Llegó el tercer día y pasó lo mismo pero, esta vez, su madre se enfureció y salió suplicando: ¡Oh Al·lâh!, ¡no le hagas morir sin que antes vea las caras de las prostitutas! Después, apareció en su pueblo una prostituta que estaba embarazada y que afirmaba que su hijo era de Yoraiÿ.  Entonces, los hijos de Israel le apalearon y le causaron agravio  hasta que Al·lâh le salvó al final.

 

La conclusión que extraemos de esta historia es que aquel hombre devoto y benevolente con su madre fue agraviado porque no le respondió tres veces seguidas. Explico esta historia al joven que fue a la oración del viernes y se retrasó dos horas a la cita que tenía con su familia, que le estaba esperando para el almuerzo. La dedico también a una chica que pasa horas con sus amigas, encerradas en un cuarto pero se niega a dedicar media hora a su madre.

 

Incluso en pedir permiso para entrar al dormitorio de los padres, encontrarás una aleya en el Corán que trata solamente de ello y que será recitada hasta el Día del Levantamiento:

((¡Vosotros que creéis! Que aquéllos que poseen vuestras diestras y los que de vosotros no hayan llegado a la pubertad os pidan permiso en tres ocasiones: antes de la oración del alba, cuando al mediodía aligeráis vuestros vestidos y después de la oración de la noche, pues son tres momentos de intimidad que tenéis; fuera de ellos no hay falta si os frecuentáis unos a otros. Así es como os Aclara Al·lâh Sus signos. Y Al·lâh es Conocedor y Sabio.)) – TSQ [3]

 

 

Es una aleya que establece una de las reglas de la delicadeza. Los niños que no han llegado a  la edad de la pubertad deben pedir premiso tres veces, tal como dice la aleya. ¿Es ésta una  religión que llegó para organizar la vida en la mezquita o en la casa? ¡Pues incluso organiza la vida dentro del dormitorio! ¡No hay más dios que Al·lâh!

 

Una vez, un hombre le preguntó al Profeta: “Mensajero de Al·lâh, ¿debo pedir premiso para entrar al dormitorio de mi madre?”, a lo que le contestó el Profeta: “sí”. El hombre dijo: “Profeta de Al·lâh, ¿debo pedir premiso para entrar al dormitorio de mi madre?”El Profeta repitió: “Sí”. Entonces, el hombre volvió a inquirirle: “Profeta de Al·lâh, ¿debo pedir permiso para entrar al dormitorio de mi madre?”. El Profeta le dijo: “¿Te gustaría verla desnuda?”. El hombre dijo: “¡No, Mensajero de Al·lâh! El profeta concluyó: “Entonces, pídele permiso”. Desde entonces, todas las generaciones posteriores se educaron pidiendo permiso a los padres conforme a la educación y refinamiento del Islam.

 

El Islam trasladó a la humanidad de la ignorancia a la civilización y la urbanidad, por eso, una situación como la anterior resultaba extraña para ese hombre.

 

Dentro del  mismo apartado, creo que es necesario dedicar unas palabras a  la cortesía con la esposa:

 

Estamos acostumbrados a ver en las películas y series extranjeras la escena en que el hombre europeo está comiendo con su esposa en un restaurante, entonces corta un trozo de carne con el tenedor y lo pone gentilmente en la boca de su esposa. A las chicas y a los chicos les encanta la escena y dicen: “¡qué romántico!”. Entonces, empezamos a imitar este tipo de comportamiento pretendiendo ser gente civilizada y educada a partir de lo que hemos visto de los europeos. Pero, ¿qué me dices del dicho de nuestro amado Profeta: “la mejor limosna es el bocado de comida que pone el hombre en la boca de su esposa”. Entonces, dime: ¿En quién buscas la buena educación y la gentileza?

 

También hay otro problema: muchas familias se destruyen y se separan los futuros esposos poco antes de celebrar la boda a causa de los requisitos para la fundación del hogar. O bien la familia de la novia exagera en sus peticiones, o bien el marido no está dispuesto a ofrecer a la esposa el mismo nivel de vida que tenía ella en casa de su padre… por lo tanto, el matrimonio fracasa. Observa  la delicadeza del profeta en una situación similar.

 

El Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, se casó con sus esposas, y todas vivían cerca de la mezquita del Profeta, en Medina. Esta zona es desértica y sus esposas estaban acostumbradas a ese clima. Más tarde, el Profeta se casó con la señora María la egipcia, que se había criado cerca del Nilo y de tierras verdes. El Profeta, el comandante, el responsable de la da’wa (invitación a seguir el camino recto de Al·lâh), de la enseñaza del Corán a la gente, de la ayuda a sus compañeros y de rezar las oraciones nocturnas… se preocupaba por estos pequeños detalles. De ahí, que el Profeta no dispuso la casa de la señora María cerca de sus otras esposas, sino en una zona llamada Al ‘awâlî, que es una zona agrícola. ¿Observas su consideración y su delicadeza hacia su esposa? Podría haberla hecho vivir al lado de sus otras esposas… ¡Pero no lo hizo!

 

(¡Espero que mis palabras no se malinterpreten y piensen todos los padres que sus hijas deben tener sus hogares con vistas al Nilo!).

 

Por otra parte, el Profeta no fue nada exigente en cuanto a riqueza se refiere a la hora de casar a su preciada hija Fâtima. Pidió su mano un hombre creyente, responsable, una persona con la que puedes contar -afortunada sería la que se casara con él-… Sin embargo, era muy pobre. El Profeta lo aceptó, a pesar de que no poseía más que una estera y una almohada rellenada a base de paja.  No pretendo que hoy en día hagamos lo mismo, pero sí que consideréis la situación del hombre que pide la mano de vuestra hija, y no os diferenciéis por cosas materiales. A pesar de ello, yo sostengo que una de las delicadezas del Islam es respetar el nivel social y material de la esposa.

 

Volvamos otra vez a tratar otro aspecto en el trato de la esposa:

·                     

·                    El estado moral de la esposa en el periodo de su menstruación suele ser más sensible. Durante dicho periodo, muchos maridos rechazan cualquier tipo de trato con sus esposas. A decir verdad, este comportamiento es muy poco delicado. Observa la delicadeza del Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él:

 

Dice nuestra señora ‘´isha: “Mientras estaba en el periodo de mi menstruación, bebí agua de un vaso y a continuación el Profeta lo cogió y, buscando el lugar donde yo había puesto mis labios, bebió”.

El Profeta lo hacía intencionadamente durante la menstruación de su esposa, teniendo en cuenta su estado moral, que necesitaba esos detalles durante ese período.

 

Dime, ¿después de todo lo que te he explicado me dirás que la educación y la cortesía no pueden venir sino de imitar a Occidente y sus costumbres?

 

Hermanos y hermanas, no estoy aportando ejemplos extraños, todos conocemos estos hadices, sin embargo no nos damos cuenta de que establecen las bases de la corrección y la cortesía en el trato con los demás. Por eso, tenemos que sentirnos orgullosos de pertenecer al Islam.

 

Entre otros aspectos de la delicadeza en el trato a la esposa destaca el hecho de comprenderla en los momentos de su debilidad o enfado.

 

Una vez, mientras la señora ‘´isha estaba sentada con el Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, su voz se elevó por encima de la de su esposo en el momento en que entró nuestro señor Abû Bakr as-Siddîq, su padre. Enfadado por tal comportamiento intentó pegarle, pero el Profeta la defendió y calmó a su padre, evitando que llegara a hacerlo. Cuando Abû Bakr marchó, el Profeta encontró a la señora ‘´isha afectada porque había estado a punto de ser reprendida y humillada. Entonces, el Profeta le dijo: “¿has visto cómo he intercedido por ti ante tu padre?”.

 

Esta es la delicadeza del Profeta en el trato a su esposa en una situación de debilidad. Muchos maridos no tratan a sus esposas con delicadeza y suavidad, sino que siempre les amenazan diciéndoles: “Me casaré con otra” o “me separaré de tí”. Estas palabras, aunque no se digan en serio, hieren mucho a la mujer.

 

Una vez, la señora ‘´isha estaba sentada con el Profeta contándole una historia sobre el trato de diez maridos con sus esposas. Era una historia muy larga y al final le relató la historia de un hombre llamado Abâ Zar’in. Era un hombre tierno con su esposa, se amaban y llevaban una vida maravillosa, sin embargo al final se divorció de ella. Entonces, el Profeta la miró y le dijo: “Yo soy contigo como Abâ Zara’in para su mujer, sólo que yo no me divorciaré de ti”. El Profeta había notado la preocupación de la señora ‘´isha con el tema del divorcio, entonces quiso tranquilizarla con su delicadeza y rápida percepción.

 

Otro ejemplo de poca cortesía con la esposa es el siguiente: El marido regresa a casa después de una larga jornada de trabajo con cara de pocos amigos. Lo primero que hace es sentarse en el sofá a leer el periódico, y no lo suelta hasta que se va a dormir. Eso realmente molesta a la esposa. Es verdad que el marido regresa fatigado y exhausto por haber trabajado todo el día, pero seguro que no tiene más preocupaciones que el profeta (SAAWS). Fíjate cómo se comportaba él en su casa: todas las esposas del Profeta informaron de que “era un hombre amable, simpático y sonriente en su casa. También tenía muy buen humor: reía a menudo y hacía reír a los de su alrededor. Solía sentarse con cada una de nosotras para hablarnos y para que le habláramos… pero cuando sonaba el Âdhân (la llamada a la oración), se levantaba como si no nos conociera de nada”.     

 

No obstante se sentaba con ellas, charlaba con ellas y nunca se encerró en una habitación con el pretexto de que estaba exhausto o tenía muchas preocupaciones.

 

Hay otro punto importante que es el tema de que la mujer tenga buena presencia y que se ponga guapa para su marido. Siempre el marido desea que su esposa esté en su casa muy guapa, arreglada y embellecida para él. Sin embargo, él no presta atención a su propia presencia  ni se preocupa de ponerse guapo para ella.

 

Sin embargo, tenemos el ejemplo de Abdul·lâh Ibn ‘Abbâs – uno de los compañeros del profeta más sabios – dijo: "Me gusta arreglarme para mi mujer igual que me gusta que ella se arregle para mí”.

 

La verdad es que el concepto de la corrección y la cortesía en el Islam es extremadamente sublime y superior.

 

El último punto que trataremos en este apartado es la cortesía en la relación íntima entre el hombre y su mujer. Es sorprendente que Al Qor’ân (El Noble Corán) trata la delicadeza de la relación conyugal en la cama. El Islam no desatiende el más mínimo detalle. Escucha esta aleya:

Vuestras mujeres son para vosotros un campo de siembra; id a vuestro sembrado según queráis. Y adelantad (buenas acciones) que os sirvan”.                

 

Entonces, “adelantad (buenas acciones) que os sirvan” significa que la finura, la amabilidad y la dulzura entre los esposos antes de una relación íntima forma parte de la cortesía en la relación conyugal.

 

Al-Qorâ'n Al Karîm (El Noble Corán) nos enseña este concepto por medio de una expresión llena de elegancia: “Adelantad (buenas acciones) que os sirvan[4]”.

 

 

La educación y la cortesía al entrar en casa:

 

La sunna (tradición del Profeta (SAAWS) nos enseña una práctica muy educada antes de entrar en nuestras casas. Efectivamente, es sunna que antes de entrar en tu casa, llames al timbre de la puerta y esperes unos segundos. Esta bella práctica tiene dos objetivos:

 

1-     El Islam da mucha importancia al hecho de que veas a tu mujer siempre en su mejor imagen. Mediante esta práctica de la sunna, das a tu mujer la oportunidad de arreglarse en caso que su pelo o su vestido estén descuidados y de este modo podrá ella guardar siempre la mejor apariencia para ti, cumpliendo con el hadîz que nos informa de la mejor esposa diciendo: [cuando él la mira, se alegra].

 

2-     El  Profeta nos enseña que no está bien que los esposos desconfíen de sus esposas. Hay algunos hombres que, como norma, desconfían de sus mujeres. El profeta quiere arrancar esta desconfianza de los corazones y de las mentes porque no es correcto ni cortés tratar a tu esposa de esta forma. Debes confiar en ella. Por eso debes llamar al timbre primero para avisarle de tu llegada y, luego, entrar.

 

¡Qué refinamiento! Es una práctica muy sencilla, sin embargo tiene mucho efecto en la relación conyugal.

 

·                    La educación y la cortesía en la calle:

 

Para hablar con franqueza, la educación en las relaciones interpersonales y el buen comportamiento en la calle han desaparecido casi por completo. Por eso, vamos a tratar varias conductas erróneas:

1) La forma de andar:

En casa nos han enseñado desde pequeños que no debemos caminar deambulando, así como tampoco dando patadas a las piedras que encontramos en el suelo... ¿No es cierto?

 

Fíjate como describieron la forma de andar del Profeta (SAAWS): "Cuando andaba, lo hacía deprisa pero sin llegar a correr”. Esta es una forma de andar decente, muy educada, que no conlleva ni relajación ni precipitación.

Al-Qor’ân también trató este asunto: “Y los siervos del Misericordioso son aquellos que caminan por la tierra modestamente”, Sura de Al-Furqân (El Discernimiento) 25, aleya 63].

Es una forma de andar modesta, educada y que se aleja de la presunción y de la soberbia. Al mismo tiempo muestra serenidad y  sensatez. 

 

2) la manera de usar la señal acústica del coche:

 

En las calles egipcias, el buen comportamiento en este punto brilla por su ausencia. Cuando un joven desea llamar a su amigo, que está en su casa, en lugar de llamarle al timbre, prefiere quedarse en su coche y usar la bocina excesivamente, molestando a los vecinos sin ningún tipo de cortesía. Y todo eso por que le da pereza salir del coche y subir a su casa a llamarlo. Incluso este pequeño asunto ha sido tratado en Al-Qorâ'n:

[(4) Esos que te llaman desde la parte de atrás de los aposentos privados en su mayoría no razonan.(5) Más les valdría esperar pacientemente a que salieras ante ellos. Y Al·lâh es Perdonador y Compasivo] La sura de Al-Hoÿorât (Los Aposentos Privados) 49: Aleyas 4 y 5.

 

Es una regla de buena educación en el trato. Es verdad que la aleya hablaba al Profeta (SAAWS), pero nos sirve también de lección para corregir los comportamientos de la gente. No es cortés que la gente se llame a grito o mediante sonidos que molestan a los demás. 

 

3) Cortar el paso o no hacer sitio a tu hermano:

 

Otra mala conducta muy habitual la lleva a cabo la persona que conduce su vehículo y que no soporta  que el conductor del coche de atrás le adelante, por lo que continuamente le cierra el camino y no le deja conducir normalmente. En esta situación deberíamos tener en cuenta la aleya 11 de la sura de Al-Muÿâdala (La Discusión, 58):

[¡Vosotros que creéis! Cuando se os diga que hagáis sitio en alguna reunión, hacedlo; y Al·lâh os hará sitio a vosotros.]

 

‘Omar Ibn Al-Jattâb dijo: “Tres cosas te facilitaran obtener el cariño de tu hermano: Una de ellas es  hacerle sitio en una reunión”.

 

La expresión “hacerle sitio” se puede aplicar en muchas situaciones: en la mezquita, en la carretera -mientras conduces tu coche-. Lo mismo que en las ceremonias. ¿Acaso no has observado que quien entra a un lugar donde hay mucha gente reunida se siente inquieto e incómodo porque todo el mundo le mira? Entonces ¿por qué no le tomas la mano y le guías a un lugar disponible para que se siente?  ¿No le habrás liberado con ello de su estado de inquietud?

 

También se puede aplicar en las aulas de las universidades, un signo de cortesía es hacer sitio a tus compañeros. ¡Qué hermosa aleya de Al-Qor’ân que te enseña la cortesía al hacer sitio a tu hermano!

·                     

4) Tirar los desperdicios a la calle:

 

 Por ejemplo, una persona está conduciendo su coche y mira a derecha e izquierda para asegurarse de que nadie le está mirando y, entonces, tira desperdicios a la calle. A este respecto, el Profeta (SAAWS) nos enseña: “Retirar del camino un objeto que pueda molestar a los demás es una limosna”.

Entonces, ¿Qué decir del que hace justo lo contrario: tirar los desperdicios a la calle? ¿Qué magnitud tendrá su falta?

 

El Profeta  -que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él- dijo también: “La fe  está compuesta por setenta y tantas  partes, la más elevada es creer que no hay más divinidad que Al∙lâh y la más baja es retirar del camino un objeto que pueda molestar a los demás”. Eso significa que “retirar del camino un objeto que pueda molestar a los demás” constituye una parte de la fe, y es como si nos dijera que la educación es parte de la fe.  Y también nos enseña que aquél que preserva la limpieza de la calle es como el que da limosna.

 

Todo esto nos demanda cambiar de actitud y esforzarnos en entender el Islam correctamente. ¿Por qué la gente teme al Islam y a las personas comprometidas con la religión mientras que esta religión está repleta de educación y cortesía?

 

Reflexiona conmigo: El Profeta (SAAWS) pronunció el hadîz que acabo de citar en un lugar –la península arábiga- desértico. En pleno desierto no difiere mucho si quitas el objeto o no, puesto que el lugar es completamente abierto. Sin embargo, el Profeta (SAAWS) nos estaba enseñando un comportamiento civilizado hace 1400 años, como si se estuviera dirigiendo a nosotros actualmente. Pero, desgraciadamente, nosotros no sentimos el más mínimo remordimiento al tirar un desperdicio a la calle ni tampoco en pleno camino del desierto. 

 

Pero todavía más grave es escupir en la calle.   

 

Fíjate en el significado del siguiente dicho del Profeta: “Ciertamente, a los ángeles les molesta lo mismo que al hijo de Âdam (Adán)”.    

 

¿No te basta con este dicho para que aprendas a aplicar las reglas de la educación y la cortesía en todo? Reflexiona en  cualquier cosa que causa molestia al ser humano y sabrás que igualmente causa molestia a los ángeles. Por ejemplo: escupir, fumar, llevar calcetines sucios y malolientes...etc.

 

La educación y la cortesía son también fundamentos de la fe.

El Profeta (SAAWS) dice: “Ni se os ocurra sentarse por los caminos. Comentaron algunos: ¡Mensajero de Al∙lâh, no podemos evitarlo, son los lugares de nuestro encuentro! El profeta respondió: “Si no tenéis más remedio, entonces cumplid con los derechos del camino”. Preguntaron ¿Y cuáles son los derechos del camino, mensajero de Al∙lâh? El Profeta contestó: “Bajar la mirada, abstenerse de causar agravios, responder al saludo, ordenar el bien e impedir el mal”.

 

¿Habéis observado que ellos preguntaban por las reglas de la buena educación en la calle?

 

·                    5) La educación y la cortesía en las visitas:

·                     

Te informaré sobre la sunna – tradición- del Profeta sobre este punto. En verdad, ¡no sé si estoy hablando de civilización, sunna o una bella virtud moral!

En primer lugar, en cuanto a visitar a alguien sin cita previa, observamos en la Sura de An·nûr  (La Luz, 24), en la aleya 27,  Dice Al∙lâh, Glorificado Sea: ¡Vosotros que habéis llegado a creer! No entréis en ninguna casa que no sea la vuestra sin antes haber pedido permiso [tasta`nisû] y haber saludado a su gente. Esto es lo mejor para vosotros, recapacitad pues”.

 

Actualmente, la palabra [tasta`nisû] quiere decir que antes de visitar a alguien, debes llamarle por teléfono para pedir su permiso.

 

Fíjate en la expresión coránica:( tasta`nisû) que significa también: asegurarte de que al dueño de la casa le complacerá tu visita y eso es fácil de adivinar observando el tono de su voz durante la conversación telefónica.

 

Observa la delicadeza que encierran estas palabras: “...y haber saludado a su gente...” Es decir que el saludo viene después de haber obtenido permiso para la visita, en el momento de entrar a la casa del anfitrión. Sin embargo, si éste no está listo para recibirte, entonces, no debes enfadarte ni molestarte: “….y si os dijera: ¡No entréis! entonces marchaos, pues ello conviene más a vuestra pureza; y Al∙lâh bien conoce lo que hacéis.” Sura de An·nûr  (La Luz ,24: aleya 28).

 

En el caso de hayan aceptado recibirte y hayáis establecido una cita en un día y una hora determinados, te diriges a su casa y habiendo llegado a su puerta debes recordar lo que te enseñó tu madre siendo un niño: una vez que hayas llamado al timbre, no te coloques justo en frente de la puerta, ya que esto no es de buena educación. El Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, te aconsejó exactamente lo mismo: “No os pongáis justo delante de la puerta, sino un poco al este o al oeste”,  es decir que te pongas un poco a la derecha o a la izquierda de la puerta. También aprendimos en nuestras casas que no debemos insistir tocando el timbre repetidamente para que no causemos molestia o enfado a los dueños de la casa. También el Profeta (SAAWS) nos enseña diciendo: “Pide permiso tres veces”. Además, es sunna  dejar un intervalo de tiempo entre cada una de las tres llamadas para darles tiempo en caso de estén cumpliendo con el salâ(t) – oración – o estén en el cuarto de baño.     

 

Dice el Profeta (SAAWS): “Pide permiso tres veces como máximo, y si no obtienes permiso, entonces márchate”.  Es decir, que no debes insistir llamando al timbre repetidamente porque estás seguro de que hay alguien dentro… eso no es correcto.  “….y si os dijera: ¡No entréis! entonces marchaos”.

 

Estamos pues en el umbral de la puerta, hemos llamado al timbre y el dueño de la casa pregunta: “¿quién es?”. No debes decir: “Yo” a secas. El Islam nos enseña a identificarnos diciendo nuestros nombres. Dice Ÿâber Ibn Abdul∙lâh: “Fui a casa del Profeta y llamé a la puerta. Él preguntó desde dentro: “¿Quién es?” Yo le contesté: “Yo”. Entonces, le escuché repetir como enfadado: “!Yo!, ¡Yo!”. Y por eso los compañeros del Profeta  aprendieron que cuando el Profeta les preguntaba: “¿Quién es?” ellos debían identificarse con sus nombres.

 

Así lo aprendieron los compañeros hace unos 1400 años. Así es el Islam que no deja escapar ningún detalle, grande o pequeño.  

 

Tampoco es propio de una persona educada que una vez dentro de la casa des un portazo a la puerta para cerrarla. El Profeta (SAAWS) dijo: “La delicadeza, cuando está presente en cualquier cosa la embellece, y cuando está ausente de cualquier cosa la deja fea”.

 

Otro detalle: Cuando el dueño de la casa te invita a ti personalmente a alguna comida, y tú vienes acompañado de uno de tus amigos, o cuando dices a tu madre que has invitado a un amigo tuyo y luego te presentas con seis,  no te estás comportando de una manera educada y cortés.

 

Una vez, el Profeta (SAAWS) fue con cinco de sus compañeros a casa de un hombre de los Ansâr (Auxiliadores del Profeta, medineses) ya que les había invitado a una comida. Cuando estaban de camino, una sexta persona se les unió. Cuando llegaron a la puerta del Ansârî, el Profeta (SAAWS) dijo: “Éste nos ha seguido. Así pues, si deseas darle permiso para entrar, entrará, y si no, regresará”. El hombre de la casa respondió: “Le doy permiso, Mensajero de Al∙lâh”.

 

Sin embargo, nosotros actualmente decimos “de cinco a seis no hay mucha diferencia, no se dará cuenta”. Pero el Profeta (SAAWS) nos dice que eso no está bien y nos enseña algo muy diferente.

 

Si acabas de entrar en casa del anfitrión y viendo el teléfono, le pides por favor que te permita hacer una llamada telefónica, y haces una llamada que puede ser incluso internacional y estás media hora hablando… Tampoco eso es propio de una persona educada y refinada.

 

Dice el Profeta (SAAWS): “Lo que se apodera con la espada de la timidez está prohibido”. Es decir lo que coges o tomas de alguien mientras que éste solo acepta y calla por timidez es algo prohibido. ¡Imagínate! ¡Qué gran religión!

 

Te expondré otra situación.  Si estando en una visita,  te alargas y te quedas mucho tiempo, en esta situación fue revelada una aleya coránica que dice: “…y una vez hayáis comido, retiraos….”, Sura de Al-Ahzâb (Los coligados, 33), aleya 53. Es decir, que después de haber acabado de comer, debes marcharte. No te quedes durante mucho tiempo porque es posible que molestes a la gente.

 

El Imam Ash-shafe`î pasó por algo parecido. Un día un hombre le vino a visitar y se quedó mucho tiempo. El Imam no cesaba de ofrecerle comida y el hombre comía y continuaba la visita. Al final dijo:  Imam, Espero que no te resulte pesado”. El Imam respondió: “Me resultas pesado cuando estás en tu casa”.  Fíjate que incluso cuando le dirige un reproche, lo hace con delicadeza,  porque la frase lleva doble significado.

 

Vamos a imaginar otra situación. Imagínate que decides visitar a un pariente y permanecer en su casa durante dos días o una semana. Su esposa te da una calurosa  y amable acogida, sin embargo, tú  eres descuidado y desordenado en la casa, y encima invitas a gente de tu cuenta y se quedan contigo hasta muy tarde.

 

El Profeta (SAAWS) cuando emigró desde Makkah (La Meca) a Medina, un hombre llamado Abû Ayyûb Al-Ansârî le ofreció que se quedara en su casa como huésped hasta que acabara de construir la mezquita y su casa. La casa de Abû Ayyûb constaba de dos plantas. Éste con mucha cortesía dijo al Profeta: “vive tú arriba y yo y mi familia nos quedaremos abajo”, ya que no veía bien estar arriba caminando y haciendo ruido encima del piso del Profeta.  Pero la educación del profeta (SAAWS) era aún mayor, y le dijo: “yo viviré abajo porque muchos compañeros y otras personas vendrán a visitarme y eso podría molestaros a vosotros estando en el primer piso. En cambo, si estáis arriba, no os molestaremos, sobretodo a la esposa”.  

 

Si visitas a alguien, tampoco es propio de la buena educación que entres y te sientes en el sitio que te apetezca. Debes sentarte en el lugar que te asigne el dueño de la casa. Y ello para que no te sientes en un lugar desde el que puedes divisar toda la casa y así causar molestia a su mujer, por ejemplo.

 

El Profeta (SAAWS) dice al respecto: “Ninguno de vosotros debe sentarse en la cama de alguien, sin su permiso”.  Por extensión, tampoco debemos sentarnos en el sofá de alguien o en cualquier otro lugar que le pertenezca sin su permiso.

 

Imaginaos a una persona que actúa teniendo en cuenta todas estas reglas, ¿no creéis que todo el mundo le tendrá afecto? ¿No será ésta una persona urbanizada? La civilización no depende sólo de los avances tecnológicos, ni está representada por los caros vestidos que llevamos, ni por el coche que uno posee. La civilización viene representada por la educación y cortesía que aplicamos en nuestro trato con la gente. Y aunque que hayamos sido educados desde la niñez según estas reglas, sin embargo debemos saber que son reglas arraigadas desde hace 1400 años, y que el Islam es nuestra referencia en todos los asuntos, ya sean grandes o pequeños.

 

La educación y la cortesía con el enfermo:

No te quedes mucho tiempo cuando visites a un enfermo para que no le causes molestia ni fatiga, excepto si es él quien te lo pide y necesita tu compañía. Pero, lo normal es que no te quedes mucho.

 

En una ocasión vinieron cuatro personas a visitar al Imam Abû Hanîfa cuando estaba enfermo, y se quedaron allí mucho tiempo. El Imam les dijo: “Levantaos que Al∙lâh, Alabado y Ensalzado Sea,   me ha curado”.

 

La delicadeza y la cortesía con los vecinos:

El Profeta nos enseña que es sunna que si llegas a tu casa llevando una comida preciada o unas frutas deliciosas por ejemplo, y tus vecinos las ven o las miran, entonces debes ofrecerles un poco. No es cortés ocultarlas tenazmente, como tampoco lo es que las exhibas. Pero, en cualquier caso, si llegan a verlas debes ofrecerles un poco.  

 

Suele ocurrir que llega uno con una bolsa de manzanas, por ejemplo, y saca alguna ofreciéndosela a sus hijos delante de los niños de sus vecinos, sólo para demostrarles que tienen dinero. Eso no es de personas educadas.

 

Lo mismo ocurre si cocinas alguna comida que desprende un olor penetrante y apetitoso, en ese caso debes ofrecer un plato a tus vecinos.

 

Tampoco es correcto que añadas altura a un muro de tu casa, de modo que sobrepase el de tu vecino, sin antes haberle pedido permiso. Nosotros tenemos conflictos en la mayoría de los edificios, porque muchos vecinos levantan paredes o añaden pisos sin tener permiso legal ni permiso de los vecinos, a los que privan con ello del sol y el aire que tenían.

 

Las reglas de educación y cortesía en las mezquitas:

 

1-     Hacer sitio a los demás.

2-     No caminar por encima de las cabezas de otras personas que están rezando cuando te desplazas entre las filas.

3-     Apagar el móvil. ¡Efectivamente, a los ángeles les molesta lo mismo que a los hijos de Adâm (Adán)! Imaginaos que alguien se encuentre en un estado de completa sumisión a Al·lâh (jushû’a), inmerso completamente en su oración… ¡y de repente suena un móvil! Evidentemente, le distrae y le despoja de ese momento tan preciado.  Eso, por supuesto, le molesta y seguramente se enfada con el dueño del móvil. Puede incluso que llegue a hacer súplicas (do’â´) contra él. Además, ha molestado a los ángeles.

 

4-     Algunas veces procuramos luchar contra algunas costumbres, arraigadas en la sociedad, que son innovaciones (no tienen nada que ver con la sunna o la tradición del Profeta), pero desafortunadamente lo hacemos de manera incorrecta. A este respecto, recuerdo una situación que nunca podré olvidar:

 

“Había un hombre anciano que no aplicaba correctamente la sunna, ya que al finalizar el salât -la oración- alargó su mano para saludar al joven que estaba sentado a su derecha diciéndole: “Haraman” (refiriéndose a su deseo de que visite la mezquita inviolable de Makkah) y el joven le saludó respondiendo “ÿam`an” (es decir, deseo que todos nosotros lo hagamos).  Esto es una innovación y no tiene nada que ver con la sunna del Profeta (SAAWS).

El anciano después alargó su mano para saludar al joven que estaba a su izquierda diciéndole lo mismo. Pero éste rechazó estrecharle la mano y le dijo: “eso no es sunna”.

El anciano le dijo: ¿Acaso piensas que la falta de educación es la que tiene que ver con la sunna?

Simplemente, este joven habría podido estrecharle su mano y al mismo tiempo explicarle que aquello era una innovación y no pertenece a la sunna.

 

Prestad atención a estos simples gestos de educación y cortesía en el trato a los demás.

 

5-     Otro signo de buena educación es no separar a dos personas en una reunión, sentándose en medio de ellos. Es sunna pedirles permiso antes de sentarte en medio o ponerte a su lado.

 

La educación y cortesía al hacer da’wa ( llamamiento al camino recto de Al∙lâh):

 

Dedico estos consejos a los jóvenes y a las jóvenes que aman la religión y que quieren hablar a la gente sobre ella:

 

1) si observáis que alguien comete un error: Fijaos como Al-Hasan y Al-Husain (nietos del Profeta, que los Rezos y La Paz de Al∙lâh sean sobre él) se comportan en tal situación.

 

((Una vez observaron que un hombre hacía el wûdû´ (las abluciones) de una manera incorrecta, entonces elaboraron un plan inteligente. Uno de ellos se acercó al hombre y le dijo: “Señor, mi hermano afirma que hace el wûdû´  mejor que yo, pero yo juro que lo hago exactamente igual que lo hacía el mensajero de Al∙lâh, así que juzgue usted quién de nosotros lo hace mejor”. Entró el primero e hizo las abluciones paso a paso y exactamente como dice la Sunna (la tradición del Profeta). Después entró el otro y lo hizo igual que su hermano. El hombre les miró a los dos y les dijo: “Por Al∙lâh, yo no la hago tan bien como vosotros”. Entonces, le respondieron: “Yazâka Al·lâhu jairan (Que Al∙lâh te recompense con el bien)”, y se marcharon)).

 

¿Habéis visto como debe ser el comportamiento refinado al intentar corregir algún error o al llamar al camino recto de Al∙lâh. Eso es mucho mejor eso que decir: “Oiga, lo que usted está haciendo es incorrecto. Así es como debe hacerlo”.

 

 

En una ocasión, estaba el Profeta en la mezquita cuando entró un beduino y se puso a orinar dentro de la mezquita. ¡Imagínate, dentro de la mismísima mezquita del Profeta (SAAWS)! Entonces, los compañeros del Profeta se dirigieron hacia él enfurecidos, pero el Profeta (SAAWS) les dijo: “Dejadlo que acabe de orinar”. ¡Imaginaos! Observad el buen juicio del Profeta (SAAWS) y su refinamiento al tratar de solucionar esta situación. Realmente, el agravio ya estaba hecho. Además,  ¿os imagináis lo que hubiera ocurrido si empiezan a correr detrás del beduino mientras está orinando?      

 

2) Todos nosotros sabemos que Yibrîl (El Arcángel Gabriel), que la paz sea con él, no descendió para informar al Profeta sobre la necesidad de establecer el “Âdhân” (llamada a la oración). Mientras los musulmanes pensaban en cual sería la mejor manera de reunir a la gente para la oración, un compañero vio en un sueño como alguien hacía el Âdhân tal como se hace ahora. ‘Omar Ibn El Jattâb tuvo la misma visión. Entonces, los dos se dirigieron corriendo a informar al Profeta sobre sus respectivos sueños. El Profeta dijo: “Habéis tenido una visión verdadera, pero encargad a Bilâl que sea él quien haga el Âdhân, porque su voz es más bella”.  

 

Efectivamente, no fue el que tuvo el sueño el responsable de realizar el Âdhân, sino Bilâl. Aunque haya otra persona que esté más cercana a Al·lâh, el que se encarga de llamar a la oración debe ser alguien que posea una bella voz. Se trata de un valor estético en el Islam. Y después llegaron miles de Mo`adhinîn (el que realiza el Âdhân) que destacaban por la belleza de su voz para cumplir con lo que el Profeta había dicho 1400 años antes.

 

3) El Imâm Abû Hanîfa procuraba realizar siempre los rezos nocturnos voluntarios (Quiyam el lail). El vecino más próximo a él era un joven vicioso. Cada noche volvía a su casa borracho, y empezaba a cantar, cosa que molestaba al imam que se encontraba rezando. Abû Hanîfa sabía que si le llamaba la atención en ese estado, no le haría el menor caso. El joven siempre cantaba diciendo: “Me han echado a perder, me han echado a perder...”. Una noche el Imâm se disponía a hacer sus rezos nocturnos, pero no escuchó al joven vecino cantando. Entonces, preguntó por él: “¿Dónde está  el joven que cantaba Me han echado a perder?” La gente le respondió que la policía  le había detenido por embriaguez.

 

El Imâm quiso hacerle da’wa (llamarle a seguir el camino de Al·lâh) pero de una manera refinada. Se dirigió a la comisaría de policía y dijo: ¿Lo podéis dejar en libertad por mí (yo respondo por él)? Le dijeron: ¡Pero está continuamente borracho! El Imâm repitió su petición una y otra vez hasta que lo soltaron. El Imâm le acompañó y le dijo “Móntate detrás de mí en la mula”. El joven se mantuvo callado todo el camino y cuando llegaron a casa, el Imâm le preguntó: ¿De verdad te hemos echado a perder, muchacho? Y  éste contestó: “Por Al∙lâh que no. ¡Por Al∙lâh que no volveré a hacerlo!”, refiriéndose a beber alcohol.

 

¿Habéis observado lo que se puede conseguir con la educación y la cortesía en el trato con la gente?

 

La educación y la cortesía al hablar con la gente:

 

1) Uno de los comportamientos más extendidos que refleja la falta de educación es Interrumpir al otro mientras está hablando sin dejarle oportunidad para hablar.

 

Observa lo que hizo el Profeta (SAAWS):

Un hombre incrédulo se dirigió hacia él proponiéndole cosas ridículas, llenas de burla hacia la religión. Le dijo: “¡Mohammad! Si con lo que estás haciendo pretendes hacerte rico, estamos dispuestos a ofrecerte tanta riqueza que te convertirías en el más rico de nosotros. Y si lo que pretendes es obtener poder sobre nosotros, te nombraremos nuestro rey…¡Qué ridiculez!  

 

Este hombre se llamaba: ‘Otba Ibn Rabi’a y era un familiar del Profeta (SAAWS). Al principio, cuando empezó a hablar al Profeta le dijo: “¡Sobrino! Te voy a exponer algunas cosas que te propone tu gente, escúchame pues”. El profeta le contestó: “Adelante, Abâ Al Walîd, te escucho” - observa la educación del Profeta- y a pesar de todo lo que dijo el hombre (las propuestas citadas arriba) el Profeta no lo interrumpió ni una sola vez.

 

Cuando éste acabó, el Profeta le preguntó: “¿Has acabado, Abâ Al Walîd?” –observa la cortesía del Profeta: le llamó con el apodo que más gustaba a los árabes (haciendo referencia a su hijo, “Padre de Walîd”) y no por su nombre, “’Otba”. Cuando le dijo que, efectivamente, había acabado, entonces el Profeta le dijo: “Ahora, escúchame tú”.

 

A continuación, empezó a recitar la sura Fus·silat (“Expuestos con claridad”-41), de la aleya 1 a la 13, en la que dice: (13) Pero si se apartan, di: “¡Os prevengo de un rayo de castigo como el rayo [que cayó sobre las tribus] de ‘Aâd y Zamûd!”.  Al escuchar las aleyas el hombre sintió miedo, y puso la mano sobre la boca del Profeta –para que no continuara-  y le dijo suplicándole: “¡Por nuestro parentesco, te ruego que no continúes!”. El Profeta calló. ¡Has observado qué educación en el diálogo!

 

El día en el que el Profeta se dirigió a la población de At-Tâ´if para invitarles al Islam, la tribu de Zaqîf causó al Profeta muchos agravios: le tiraron piedras, le insultaron y le escupieron en la cara. Además, hirieron la cabeza de Zayd Ibn Hâriza, el sirviente del Profeta (SAAWS). Las piernas del Profeta estaban llenas de sangre. En medio de todo esto, buscando algún lugar para refugiarse de las piedras, el Profeta (SAAWS) encontró un pequeño huerto en el que se escondió para protegerse. Los propietarios del huerto se conmovieron al ver el estado del Profeta (SAAWS), que estaba cubierto de sangre. Por eso, enviaron un muchacho que se llamaba ‘Ad·dâs - de 12 años – que era cristiano, encargándole que ofreciera algunos racimos de uva a aquel pobre hombre – ellos no sabían que era el Profeta- . El muchacho puso el plato ante el Profeta (SAAWS) para que comiera, tomó una y dijo en voz alta “En el nombre de Al·lâh”.

Enseguida el muchacho exclamó: “¡Estas palabras no son corrientes entre la gente de estos parajes!”.

El Profeta entonces, aprovechó para entablar una conversación con el muchacho, diciéndole:

-“¿Cómo te llamas?”

- “‘Ad·dâs”,  contestó el chico.

-¿De qué país  eres, ‘Ad·dâs?, preguntó el Profeta.

 -“Soy de Ninawa” (Nínive, la capital de Asiria, situada en la orilla izquierda del Tigris).

-“¿Del mismo país del hombre piadoso Yûnos Ibn Mat·ta (el profeta  Jonás)?”, le preguntó el Profeta.

-¿Cómo lo conoces? Preguntó ‘Ad·das.

-“Es mi hermano. Era un profeta y yo soy profeta”, respondió el Profeta (SAAWS).

En ese momento, el muchacho se inclinó a besar los pies del Profeta.

 

Cada vez que escuchaba esta historia, me sorprendía y no entendía por qué razón el muchacho se había inclinado a besar los pies del Profeta. Al final, he sacado estas conclusiones: 

 

1-     El Profeta empezó diciendo “En el nombre de Al·lâh”. La lección que debemos sacar de ello es que no debemos evitar las palabras que reflejan nuestra fe con el propósito de ganarnos el afecto de los demás. 

2-     El Profeta le preguntó “¿Cómo te llamas?”. Una de las claves para mantener un diálogo positivo es preguntar a tu interlocutor por su nombre.

3-     El Profeta le llamó directamente por su nombre al volver a preguntarle: “¿De qué país  eres, ‘Ad·dâs?”

 

Lo que hace normalmente uno de nosotros es preguntar el nombre de su interlocutor sin prestar mucha atención. Por ejemplo, estás hablando con un joven y le preguntas por su nombre, y él te dice “me llamo Ahmad”. Pasados unos minutos le dices “estoy encantado de hablar contigo, Mohammad”. Y eso porque no has prestado suficiente atención a su nombre.

 

Al contrario, el Profeta (SAAWS)  llamó al muchacho por su nombre enseguida, para no olvidarlo, y de ese modo creó en el chico un sentimiento de afecto hacia el Profeta.