La educación y la cortesía
Busco refugio en Al·lâh,
El Más Sublime, El Omnisciente, contra el maldito Satanás.
En el nombre de Al·lâh, El Más Compasivo, El Muy Misericordioso.
La alabanza es para Al·lâh, lo alabamos y en Él buscamos ayuda y buen camino y
pedimos Su perdón; y en Él buscamos refugio del mal de nuestras almas y de
nuestras malas acciones. A quien Al·lâh guía nadie podrá desviarlo y a quien
desvía, nadie podrá guiarlo.
Casi
toda la gente se sorprende de que los buenos modales y la cortesía tengan algo
que ver con el Islam. Hoy vamos a hablar de la sublimidad del alma, de la
cortesía y la corrección, de la finura en el trato a los demás.
Puede que algunos se pregunten: ¿qué tiene que ver esta virtud con el Islam?
Pues en esta lección pretendo demostraros que esta virtud moral tiene su origen
en el Islam.
En primer lugar, ¿qué significa la cortesía y la educación? Me refiero a tener
educación en el trato con la gente, a la amabilidad, la personalidad refinada,
la limpieza, el orden, el alma transparente que se da cuenta del error que ha
cometido rápidamente -con sólo una mirada- y lo admite con una sonrisa.
Esta virtud es una auténtica moralidad islámica. Sé que aún estáis asombrados y
que os preguntáis ¿qué tiene que ver esta moralidad con la religión?, y que el
título de la lección esta vez no os atrae, y os decís a vosotros mismos que este
discurso interesa más bien a los diplomáticos, o que esto se estudia en las
escuelas extranjeras, pues ellos son los que valoran estas palabras… Pero, ¿que
tenemos nosotros que ver con todo esto?
En nuestra sociedad destacan cuatro
tipos de personas en relación con esta moralidad:
El primer tipo:
Los que piensan que la educación, la cortesía, la urbanidad, la finura y la
sublime moral son valores occidentales, y que los hemos aprendido de ellos. Por
eso, enviamos a nuestros hijos a escuelas extranjeras, con el fin de aprender la
corrección y la cortesía, para que sean educados en base a dichas virtudes.
Nuestra lección de hoy está dirigida, especialmente, a este tipo de gente.
El segundo tipo:
Son gente que han tenido una educación en sus casas basada en estas virtudes,
pero que piensan que el Islam está opuesto a ellas. Y cuando oyen algo sobre una
persona religiosa practicante, entienden que se trata de alguien poco delicado,
desordenado, que no se preocupa de la limpieza, etc. Y así, la cortesía se ha
convertido en una barrera entre él y su práctica de la religión.
A éstos les digo: “Esta barrera que habéis puesto entre la cortesía, la
afabilidad, la urbanidad y la etiqueta por un lado y la práctica de la religión,
por el otro, es una ficción. Todas estas virtudes tienen su origen en el Islam.
El tercer tipo
Gente que piensa que el Islam está solamente en la mezquita y que no tiene nada
que ver con lo que pasa fuera de ella, en cuanto a educación y conducta, trato
con la gente y administración.
El cuarto tipo
Se trata de un joven religioso practicante, comprometido, y que entiende el
Islam en el sentido de adoración, oración, dhikr (recuerdo de Al∙lâh),
oraciones nocturnas voluntarias… pero, desgraciadamente no es educado ni cortés
– espero que no os enfadéis conmigo-, y de esta forma ha provocado que los demás
odien la práctica de la religión. Tal vez entre estos últimos esté su padre y su
madre, que dicen: “Mira, desde que es religioso practicante descuida su
apariencia y sus cosas”. Es una persona practicante, ávida en su adoración, y
que busca tenazmente la satisfacción de Al·lâh, Alabado y Enaltecido Sea, pero
no entiende que la cortesía es uno de los bellos y esenciales valores islámicos
que nos enseñó el Profeta, (SAAWS)
que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él.
Hoy quiero decir a este tipo de personas: “Por favor, entended el Islam como una
religión completa, indivisible”. Bajo mi punto de vista, esta moralidad es una
de las virtudes islámicas que debemos apreciar y practicar, y que no es menos
importante que la sinceridad o la fidelidad. En último término, la finalidad de
mi mensaje es fortalecer un significado muy importante: ¡estamos orgullosos de
pertenecer al Islam!
El motivo de hablaros sobre la
cortesía no es porque pienso que no tratáis a los demás cortésmente, desde luego
que no, sé que todos nosotros hemos sido educados y hemos aprendido la cortesía
en nuestras casas. Sin embargo, nos mostramos corteses porque esa conducta
forma parte de los buenos modales en la relación con los demás -especialmente
aquellos que han recibido muy buena educación- y no porque esa conducta forma
parte del Islam o porque nuestra religión nos pide tratar a la gente de esta
forma. Yo he venido hoy para deciros que vuestra buena conducta en lo que se
refiere a la educación y la cortesía en el trato a otras personas tiene su
origen en el Islam.
Después de esta larga introducción,
vamos a empezar nuestra lección de hoy clasificando la educación y la cortesía
en tres niveles.
1- Educación con Al·lâh.
2- Educación con el Profeta, que
los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él.
3- Educación con la gente.
La educación con la gente:
Vamos a empezar por este apartado y
dejaremos para el final el de la educación con Al·lâh, Alabado y Enaltecido Sea.
Para ser sincero, al intentar
recopilar las conductas de buena educación y cortesía que nos aportó el Islam,
me encontré perdido. Entonces, decidí que era necesario seguir un orden. Por
esta razón vamos a empezar hablando de la educación y la cortesía en casa, luego
en la calle, luego con las personas que visitas, etc.
La educación y la cortesía en tu
casa:
Aquí debemos comenzar con la
cortesía hacia tus padres, y no me refiero a la benevolencia con los
padres, es preciso que no mezcles los asuntos. Puesto que el tema es muy amplio,
me conformo con dar algunos ejemplos sólo para demostrarte la gran importancia
que tienen la educación y la cortesía en el Islam.
Por ejemplo, imaginaos que uno de
nosotros llega a su casa llevando consigo algo de su comida favorita, pero teme
que sus padres lo vean y tenga que compartirlo, por consiguiente, se lo esconde,
o se lo come por el camino antes de llegar, o con sus amigos. Repito que no
estoy hablando aquí de la benevolencia hacia los padres, sino de la delicadeza
del musulmán con su padre y su madre, y de cómo el Islam valora esta delicadeza.
Voy a contaros una historia:
“En tiempos del Profeta, uno de sus compañeros estaba agonizando, entonces sus
hermanos se acercaron a él diciéndole: “¡Di que no hay más dios que Al·lâh y que
Mohammad es Su mensajero!”. Pero, el hombre no podía decirlo, era como si
tuviera un nudo en la lengua. Entonces, se dirigieron al Profeta, que los Rezos
y la Paz de Al·lâh sean sobre él, pues el asunto era muy grave. Se trataba de
uno de los compañeros del Profeta, comprometido, obediente a Al·lâh y a Su
Profeta (SAAWS). El Profeta les preguntó: “¿tiene madre?”. Contestaron: “Sí,
Mensajero de Al·lâh”. Entonces, el Profeta fue a preguntarle si su hijo había
sido benevolente con ella. La mujer respondió: “Ha sido benevolente conmigo,
sólo que a veces traía fruta y comida y me la ocultaba para dársela a sus
hijos, y a mí no me ofrecía”.
Por lo tanto, no pudo pronunciar
ash-shahâda porque no trataba a su madre con delicadeza. A continuación, el
Profeta encendió fuego, y dijo a la madre: “Le quemaremos, si no le perdonas”.
Entonces, la madre dijo: “Le he perdonado, Mensajero de Al·lâh”. Entonces,
cuando el corazón de la madre se conmovió, la lengua del hijo pudo pronunciar
que no hay más dios que Al·lâh y que Mohammad es Su mensajero.
Reflexiona sobre este
acontecimiento, y el valor que da el Islam a la educación y la delicadeza en el
trato con tu madre hasta en los más pequeños detalles: daba fruta a sus hijos, y
no ofrecía a su madre. Ahora compáralo con lo que tú haces.
Otra situación parecida ocurre
cuando tu madre te llama y no le respondes porque estás ocupado. El Islam nos da
un ejemplo sobre este punto, y existe un largo hadîz que nos cuenta el Profeta,
que los Rezos y la paz de Al·lâh sean sobre él: “Había entre los antepasados un
hombre conocido por Yoraiÿ, el devoto, ya que oraba mucho. Una vez,
cuando estaba rezando, vino su madre y le llamó, entonces se dijo: “¡Oh,
Al·lâh! ¿Mi madre o mi oración?”. Estaba indeciso, pero finalmente decidió
continuar su oración y no contestar a su madre, entonces su madre se marchó. Al
día siguiente volvió su madre y le llamó: “¡Yoraiÿ!”. Él pensó: “¡Oh, Al·lâh!
¿Mi madre o mi oración?”, pero siguió con su oración y su madre se marchó. Llegó
el tercer día y pasó lo mismo pero, esta vez, su madre se enfureció y salió
suplicando: ¡Oh Al·lâh!, ¡no le hagas morir sin que antes vea las caras de las
prostitutas! Después, apareció en su pueblo una prostituta que estaba embarazada
y que afirmaba que su hijo era de Yoraiÿ. Entonces, los hijos de Israel le
apalearon y le causaron agravio hasta que Al·lâh le salvó al final.
La conclusión que extraemos de esta
historia es que aquel hombre devoto y benevolente con su madre fue agraviado
porque no le respondió tres veces seguidas. Explico esta historia al joven que
fue a la oración del viernes y se retrasó dos horas a la cita que tenía con su
familia, que le estaba esperando para el almuerzo. La dedico también a una chica
que pasa horas con sus amigas, encerradas en un cuarto pero se niega a dedicar
media hora a su madre.
Incluso en pedir permiso para
entrar al dormitorio de los padres, encontrarás una aleya en el Corán que trata
solamente de ello y que será recitada hasta el Día del Levantamiento:
((¡Vosotros que creéis! Que aquéllos que poseen vuestras diestras
y los que de vosotros no hayan llegado a la pubertad os pidan permiso en tres
ocasiones: antes de la oración del alba, cuando al mediodía aligeráis vuestros
vestidos y después de la oración de la noche, pues son tres momentos de
intimidad que tenéis; fuera de ellos no hay falta si os frecuentáis unos a
otros. Así es como os Aclara Al·lâh Sus signos. Y Al·lâh es Conocedor y Sabio.))
– TSQ
Es una aleya que establece una de
las reglas de la delicadeza. Los niños que no han llegado a la edad de la
pubertad deben pedir premiso tres veces, tal como dice la aleya. ¿Es ésta una
religión que llegó para organizar la vida en la mezquita o en la casa? ¡Pues
incluso organiza la vida dentro del dormitorio! ¡No hay más dios que Al·lâh!
Una vez, un hombre le preguntó al
Profeta: “Mensajero de Al·lâh, ¿debo pedir premiso para entrar al dormitorio de
mi madre?”, a lo que le contestó el Profeta: “sí”. El hombre dijo: “Profeta de
Al·lâh, ¿debo pedir premiso para entrar al dormitorio de mi madre?”El Profeta
repitió: “Sí”. Entonces, el hombre volvió a inquirirle: “Profeta de Al·lâh,
¿debo pedir permiso para entrar al dormitorio de mi madre?”. El Profeta le dijo:
“¿Te gustaría verla desnuda?”. El hombre dijo: “¡No, Mensajero de Al·lâh! El
profeta concluyó: “Entonces, pídele permiso”. Desde entonces, todas las
generaciones posteriores se educaron pidiendo permiso a los padres conforme a la
educación y refinamiento del Islam.
El Islam trasladó a la humanidad de
la ignorancia a la civilización y la urbanidad, por eso, una situación como la
anterior resultaba extraña para ese hombre.
Dentro del mismo
apartado, creo que es necesario dedicar unas palabras a la cortesía con
la esposa:
Estamos acostumbrados a ver en las
películas y series extranjeras la escena en que el hombre europeo está comiendo
con su esposa en un restaurante, entonces corta un trozo de carne con el tenedor
y lo pone gentilmente en la boca de su esposa. A las chicas y a los chicos les
encanta la escena y dicen: “¡qué romántico!”. Entonces, empezamos a imitar este
tipo de comportamiento pretendiendo ser gente civilizada y educada a partir de
lo que hemos visto de los europeos. Pero, ¿qué me dices del dicho de nuestro
amado Profeta: “la mejor limosna es el bocado de comida que pone el hombre en
la boca de su esposa”. Entonces, dime: ¿En quién buscas la buena educación y
la gentileza?
También hay otro problema: muchas
familias se destruyen y se separan los futuros esposos poco antes de celebrar la
boda a causa de los requisitos para la fundación del hogar. O bien la familia de
la novia exagera en sus peticiones, o bien el marido no está dispuesto a ofrecer
a la esposa el mismo nivel de vida que tenía ella en casa de su padre… por lo
tanto, el matrimonio fracasa. Observa la delicadeza del profeta en una
situación similar.
El Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, se casó con sus
esposas, y todas vivían cerca de la mezquita del Profeta, en Medina. Esta zona
es desértica y sus esposas estaban acostumbradas a ese clima. Más tarde, el
Profeta se casó con la señora María la egipcia, que se había criado cerca
del Nilo y de tierras verdes. El Profeta, el comandante, el responsable de la
da’wa (invitación a seguir el camino recto de Al·lâh), de la enseñaza del
Corán a la gente, de la ayuda a sus compañeros y de rezar las oraciones
nocturnas… se preocupaba por estos pequeños detalles. De ahí, que el Profeta no
dispuso la casa de la señora María cerca de sus otras esposas, sino en una zona
llamada Al ‘awâlî, que es una zona agrícola. ¿Observas su consideración y
su delicadeza hacia su esposa? Podría haberla hecho vivir al lado de sus otras
esposas… ¡Pero no lo hizo!
(¡Espero que mis palabras no se
malinterpreten y piensen todos los padres que sus hijas deben tener sus hogares
con vistas al Nilo!).
Por otra parte, el Profeta no fue
nada exigente en cuanto a riqueza se refiere a la hora de casar a su preciada
hija Fâtima. Pidió su mano un hombre creyente, responsable, una persona con la
que puedes contar -afortunada sería la que se casara con él-… Sin embargo, era
muy pobre. El Profeta lo aceptó, a pesar de que no poseía más que una estera y
una almohada rellenada a base de paja. No pretendo que hoy en día hagamos lo
mismo, pero sí que consideréis la situación del hombre que pide la mano de
vuestra hija, y no os diferenciéis por cosas materiales. A pesar de ello, yo
sostengo que una de las delicadezas del Islam es respetar el nivel social y
material de la esposa.
Volvamos otra vez a tratar otro
aspecto en el trato de la esposa:
·
·
El
estado moral de la esposa en el periodo de su menstruación suele ser más
sensible. Durante dicho periodo, muchos maridos rechazan cualquier tipo de trato
con sus esposas. A decir verdad, este comportamiento es muy poco delicado.
Observa la delicadeza del Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre
él:
Dice nuestra señora ‘´isha:
“Mientras estaba en el periodo de mi menstruación, bebí agua de un vaso y a
continuación el Profeta lo cogió y, buscando el lugar donde yo había puesto mis
labios, bebió”.
El Profeta lo hacía
intencionadamente durante la menstruación de su esposa, teniendo en cuenta su
estado moral, que necesitaba esos detalles durante ese período.
Dime, ¿después de todo lo que te he
explicado me dirás que la educación y la cortesía no pueden venir sino de imitar
a Occidente y sus costumbres?
Hermanos y hermanas, no estoy
aportando ejemplos extraños, todos conocemos estos hadices, sin embargo no nos
damos cuenta de que establecen las bases de la corrección y la cortesía en el
trato con los demás. Por eso, tenemos que sentirnos orgullosos de pertenecer al
Islam.
Entre otros aspectos de la
delicadeza en el trato a la esposa destaca el hecho de comprenderla en los
momentos de su debilidad o enfado.
Una vez, mientras la señora ‘´isha estaba sentada con el Profeta, que los Rezos
y la Paz de Al·lâh sean sobre él, su voz se elevó por encima de la de su esposo
en el momento en que entró nuestro señor Abû Bakr as-Siddîq, su
padre. Enfadado por tal comportamiento intentó pegarle, pero el Profeta la
defendió y calmó a su padre, evitando que llegara a hacerlo. Cuando Abû Bakr
marchó, el Profeta encontró a la señora ‘´isha afectada porque había estado a
punto de ser reprendida y humillada. Entonces, el Profeta le dijo: “¿has visto
cómo he intercedido por ti ante tu padre?”.
Esta es la delicadeza del Profeta
en el trato a su esposa en una situación de debilidad. Muchos maridos no tratan
a sus esposas con delicadeza y suavidad, sino que siempre les amenazan
diciéndoles: “Me casaré con otra” o “me separaré de tí”. Estas palabras, aunque
no se digan en serio, hieren mucho a la mujer.
Una vez, la señora ‘´isha estaba sentada con el Profeta contándole una historia
sobre el trato de diez maridos con sus esposas. Era una historia muy larga y al
final le relató la historia de un hombre llamado Abâ Zar’in. Era un
hombre tierno con su esposa, se amaban y llevaban una vida maravillosa, sin
embargo al final se divorció de ella. Entonces, el Profeta la miró y le dijo:
“Yo soy contigo como Abâ Zara’in para su mujer, sólo que yo no me
divorciaré de ti”. El Profeta había notado la preocupación de la señora ‘´isha
con el tema del divorcio, entonces quiso tranquilizarla con su delicadeza y
rápida percepción.
Otro ejemplo de poca cortesía con
la esposa es el siguiente: El marido regresa a casa después de una larga jornada
de trabajo con cara de pocos amigos. Lo primero que hace es sentarse en el sofá
a leer el periódico, y no lo suelta hasta que se va a dormir. Eso realmente
molesta a la esposa. Es verdad que el marido regresa fatigado y exhausto por
haber trabajado todo el día, pero seguro que no tiene más preocupaciones que el
profeta (SAAWS). Fíjate cómo se comportaba él en su casa: todas las esposas del
Profeta informaron de que “era un hombre amable, simpático y sonriente en su
casa. También tenía muy buen humor: reía a menudo y hacía reír a los de su
alrededor. Solía sentarse con cada una de nosotras para hablarnos y para que le
habláramos… pero cuando sonaba el Âdhân (la llamada a la oración), se
levantaba como si no nos conociera de nada”.
No obstante se sentaba con ellas,
charlaba con ellas y nunca se encerró en una habitación con el pretexto de que
estaba exhausto o tenía muchas preocupaciones.
Hay otro punto importante que es el
tema de que la mujer tenga buena presencia y que se ponga guapa para su marido.
Siempre el marido desea que su esposa esté en su casa muy guapa, arreglada y
embellecida para él. Sin embargo, él no presta atención a su propia presencia
ni se preocupa de ponerse guapo para ella.
Sin embargo,
tenemos el ejemplo de Abdul·lâh Ibn ‘Abbâs – uno de los compañeros del profeta
más sabios – dijo: "Me gusta arreglarme para mi mujer igual que me gusta que
ella se arregle para mí”.
La verdad es que el concepto de la
corrección y la cortesía en el Islam es extremadamente sublime y superior.
El último punto que trataremos en
este apartado es la cortesía en la relación íntima entre el hombre y su
mujer. Es sorprendente que Al Qor’ân (El Noble Corán) trata la
delicadeza de la relación conyugal en la cama. El Islam no desatiende el más
mínimo detalle. Escucha esta aleya:
“Vuestras mujeres son para vosotros
un campo de siembra; id a vuestro sembrado según queráis. Y adelantad (buenas
acciones) que os sirvan”.
Entonces, “adelantad (buenas acciones) que os sirvan” significa
que la finura, la amabilidad y la dulzura entre los esposos antes de una
relación íntima forma parte de la cortesía en la relación conyugal.
Al-Qorâ'n Al Karîm
(El Noble Corán) nos enseña este concepto por medio de una expresión llena de
elegancia:
“Adelantad (buenas acciones) que os sirvan”.
La educación y la cortesía al
entrar en casa:
La sunna (tradición del
Profeta (SAAWS) nos enseña una práctica muy educada antes de entrar en nuestras
casas. Efectivamente, es sunna que antes de entrar en tu casa, llames al
timbre de la puerta y esperes unos segundos. Esta bella práctica tiene dos
objetivos:
1-
El Islam da mucha importancia al hecho de que veas a tu
mujer siempre en su mejor imagen. Mediante esta práctica de la sunna,
das a tu mujer la oportunidad de arreglarse en caso que su pelo o su vestido
estén descuidados y de este modo podrá ella guardar siempre la mejor apariencia
para ti, cumpliendo con el hadîz que nos informa de la mejor esposa
diciendo: [cuando él la mira, se alegra].
2-
El Profeta nos enseña que no está bien que los esposos
desconfíen de sus esposas. Hay algunos hombres que, como norma, desconfían de
sus mujeres. El profeta quiere arrancar esta desconfianza de los corazones y de
las mentes porque no es correcto ni cortés tratar a tu esposa de esta forma.
Debes confiar en ella. Por eso debes llamar al timbre primero para avisarle
de tu llegada y, luego, entrar.
¡Qué refinamiento! Es una práctica
muy sencilla, sin embargo tiene mucho efecto en la relación conyugal.
·
La
educación y la cortesía en la calle:
Para hablar con franqueza, la educación en las relaciones interpersonales y el
buen comportamiento en la calle han desaparecido casi por completo. Por eso,
vamos a tratar varias conductas erróneas:
1) La forma de andar:
En casa nos han enseñado desde
pequeños que no debemos caminar deambulando, así como tampoco dando patadas a
las piedras que encontramos en el suelo... ¿No es cierto?
Fíjate
como describieron la forma de andar del Profeta (SAAWS): "Cuando andaba, lo
hacía deprisa pero sin llegar a correr”. Esta es una forma de andar decente, muy
educada, que no conlleva ni relajación ni precipitación.
Al-Qor’ân también
trató este asunto: “Y los siervos del Misericordioso son aquellos que
caminan por la tierra modestamente”, Sura de Al-Furqân (El
Discernimiento) 25, aleya 63].
Es una
forma de andar modesta, educada y que se aleja de la presunción y de la
soberbia. Al mismo tiempo muestra serenidad y sensatez.
2) la
manera de usar la señal acústica del coche:
En las
calles egipcias, el buen comportamiento en este punto brilla por su ausencia.
Cuando un joven desea llamar a su amigo, que está en su casa, en lugar de
llamarle al timbre, prefiere quedarse en su coche y usar la bocina
excesivamente, molestando a los vecinos sin ningún tipo de cortesía. Y todo eso
por que le da pereza salir del coche y subir a su casa a llamarlo. Incluso este
pequeño asunto ha sido tratado en Al-Qorâ'n:
[(4) Esos que te llaman desde la parte de atrás de los aposentos privados en su
mayoría no razonan.(5)
Más les valdría esperar pacientemente a que salieras ante ellos. Y Al·lâh es
Perdonador y Compasivo] La sura de Al-Hoÿorât
(Los Aposentos Privados) 49: Aleyas 4 y 5.
Es una
regla de buena educación en el trato. Es verdad que la aleya hablaba al Profeta
(SAAWS), pero nos sirve también de lección para corregir los comportamientos de
la gente. No es cortés que la gente se llame a grito o mediante sonidos que
molestan a los demás.
3) Cortar el paso o no hacer
sitio a tu hermano:
Otra mala conducta muy habitual la
lleva a cabo la persona que conduce su vehículo y que no soporta que el
conductor del coche de atrás le adelante, por lo que continuamente le cierra el
camino y no le deja conducir normalmente. En esta situación deberíamos tener en
cuenta la aleya 11 de la sura de Al-Muÿâdala (La Discusión, 58):
[¡Vosotros que creéis! Cuando
se os diga que hagáis sitio en alguna reunión, hacedlo; y Al·lâh os hará sitio a
vosotros.]
‘Omar Ibn Al-Jattâb dijo: “Tres
cosas te facilitaran obtener el cariño de tu hermano: Una de ellas es hacerle
sitio en una reunión”.
La expresión “hacerle sitio” se
puede aplicar en muchas situaciones: en la mezquita, en la carretera -mientras
conduces tu coche-. Lo mismo que en las ceremonias. ¿Acaso no has observado que
quien entra a un lugar donde hay mucha gente reunida se siente inquieto e
incómodo porque todo el mundo le mira? Entonces ¿por qué no le tomas la mano y
le guías a un lugar disponible para que se siente? ¿No le habrás liberado con
ello de su estado de inquietud?
También se puede aplicar en las
aulas de las universidades, un signo de cortesía es hacer sitio a tus
compañeros. ¡Qué hermosa aleya de Al-Qor’ân que te enseña la cortesía al hacer
sitio a tu hermano!
·
4) Tirar los desperdicios a la
calle:
Por ejemplo, una persona está
conduciendo su coche y mira a derecha e izquierda para asegurarse de que nadie
le está mirando y, entonces, tira desperdicios a la calle. A este respecto, el
Profeta (SAAWS) nos enseña: “Retirar del camino un objeto que pueda molestar
a los demás es una limosna”.
Entonces, ¿Qué decir del que hace
justo lo contrario: tirar los desperdicios a la calle? ¿Qué magnitud tendrá su
falta?
El Profeta
-que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él- dijo también: “La fe está
compuesta por setenta y tantas partes, la más elevada es creer que no hay más
divinidad que Al∙lâh y la más baja es retirar del camino un objeto que pueda
molestar a los demás”. Eso significa que “retirar del camino un objeto que
pueda molestar a los demás” constituye una parte de la fe, y es como si nos
dijera que la educación es parte de la fe. Y también nos enseña que aquél que
preserva la limpieza de la calle es como el que da limosna.
Todo esto nos demanda cambiar de
actitud y esforzarnos en entender el Islam correctamente. ¿Por qué la gente teme
al Islam y a las personas comprometidas con la religión mientras que esta
religión está repleta de educación y cortesía?
Reflexiona conmigo: El Profeta
(SAAWS) pronunció el hadîz que acabo de citar en un lugar –la península arábiga-
desértico. En pleno desierto no difiere mucho si quitas el objeto o no, puesto
que el lugar es completamente abierto. Sin embargo, el Profeta (SAAWS) nos
estaba enseñando un comportamiento civilizado hace 1400 años, como si se
estuviera dirigiendo a nosotros actualmente. Pero, desgraciadamente, nosotros no
sentimos el más mínimo remordimiento al tirar un desperdicio a la calle ni
tampoco en pleno camino del desierto.
Pero todavía más grave es
escupir en la calle.
Fíjate en el significado del
siguiente dicho del Profeta: “Ciertamente, a los ángeles les molesta lo mismo
que al hijo de Âdam (Adán)”.
¿No te basta con este dicho para
que aprendas a aplicar las reglas de la educación y la cortesía en todo?
Reflexiona en cualquier cosa que causa molestia al ser humano y sabrás que
igualmente causa molestia a los ángeles. Por ejemplo: escupir, fumar, llevar
calcetines sucios y malolientes...etc.
La educación y la cortesía son
también fundamentos de la fe.
El Profeta (SAAWS) dice: “Ni se
os ocurra sentarse por los caminos. Comentaron algunos: ¡Mensajero de Al∙lâh, no
podemos evitarlo, son los lugares de nuestro encuentro! El profeta respondió:
“Si no tenéis más remedio, entonces cumplid con los derechos del camino”.
Preguntaron ¿Y cuáles son los derechos del camino, mensajero de Al∙lâh? El
Profeta contestó: “Bajar la mirada, abstenerse de causar agravios, responder al
saludo, ordenar el bien e impedir el mal”.
¿Habéis observado que ellos
preguntaban por las reglas de la buena educación en la calle?
·
5) La
educación y la cortesía en las visitas:
·
Te informaré sobre la sunna
– tradición- del Profeta sobre este punto. En verdad, ¡no sé si estoy hablando
de civilización, sunna o una bella virtud moral!
En
primer lugar, en cuanto a visitar a alguien sin cita previa, observamos en la
Sura de An·nûr (La Luz, 24), en la aleya 27, Dice Al∙lâh, Glorificado Sea:
“¡Vosotros
que habéis llegado a creer! No entréis en ninguna casa que no sea la vuestra sin
antes haber pedido permiso
[tasta`nisû] y haber saludado a su
gente. Esto es lo mejor para vosotros, recapacitad pues”.
Actualmente, la palabra
[tasta`nisû] quiere decir que antes de visitar a alguien, debes
llamarle por teléfono para pedir su permiso.
Fíjate en la expresión
coránica:( tasta`nisû) que significa también: asegurarte de que al dueño de la
casa le complacerá tu visita y eso es fácil de adivinar observando el tono de su
voz durante la conversación telefónica.
Observa la delicadeza que
encierran estas palabras: “...y haber saludado a su gente...” Es
decir que el saludo viene después de haber obtenido permiso para la visita, en
el momento de entrar a la casa del anfitrión. Sin embargo, si éste no está listo
para recibirte, entonces, no debes enfadarte ni molestarte: “….y si os
dijera: ¡No entréis! entonces marchaos, pues ello conviene más a vuestra pureza;
y Al∙lâh bien conoce lo que hacéis.” Sura de
An·nûr (La Luz ,24: aleya 28).
En el caso de hayan aceptado
recibirte y hayáis establecido una cita en un día y una hora determinados, te
diriges a su casa y habiendo llegado a su puerta debes recordar lo que te enseñó
tu madre siendo un niño: una vez que hayas llamado al timbre, no te coloques
justo en frente de la puerta, ya que esto no es de buena educación. El Profeta,
que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, te aconsejó exactamente lo
mismo: “No os pongáis justo delante de la puerta, sino un poco al este o al
oeste”, es decir que te pongas un poco a la derecha o a la izquierda de la
puerta. También aprendimos en nuestras casas que no debemos insistir tocando el
timbre repetidamente para que no causemos molestia o enfado a los dueños de la
casa. También el Profeta (SAAWS) nos enseña diciendo: “Pide permiso tres veces”.
Además, es sunna dejar un intervalo de tiempo entre cada una de las tres
llamadas para darles tiempo en caso de estén cumpliendo con el salâ(t) –
oración – o estén en el cuarto de baño.
Dice el Profeta (SAAWS): “Pide
permiso tres veces como máximo, y si no obtienes permiso, entonces márchate”.
Es decir, que no debes insistir llamando al timbre repetidamente porque estás
seguro de que hay alguien dentro… eso no es correcto.
“….y si os dijera: ¡No entréis! entonces marchaos”.
Estamos pues en el umbral de la
puerta, hemos llamado al timbre y el dueño de la casa pregunta: “¿quién es?”. No
debes decir: “Yo” a secas. El Islam nos enseña a identificarnos diciendo
nuestros nombres. Dice Ÿâber Ibn Abdul∙lâh: “Fui a casa del Profeta y llamé a la
puerta. Él preguntó desde dentro: “¿Quién es?” Yo le contesté: “Yo”. Entonces,
le escuché repetir como enfadado: “!Yo!, ¡Yo!”. Y por eso los compañeros del
Profeta aprendieron que cuando el Profeta les preguntaba: “¿Quién es?” ellos
debían identificarse con sus nombres.
Así lo aprendieron los compañeros
hace unos 1400 años. Así es el Islam que no deja escapar ningún detalle, grande
o pequeño.
Tampoco es propio de una persona
educada que una vez dentro de la casa des un portazo a la puerta para cerrarla.
El Profeta (SAAWS) dijo: “La delicadeza, cuando está presente en cualquier
cosa la embellece, y cuando está ausente de cualquier cosa la deja fea”.
Otro detalle: Cuando el dueño de la
casa te invita a ti personalmente a alguna comida, y tú vienes acompañado de uno
de tus amigos, o cuando dices a tu madre que has invitado a un amigo tuyo y
luego te presentas con seis, no te estás comportando de una manera educada y
cortés.
Una vez, el Profeta (SAAWS) fue con
cinco de sus compañeros a casa de un hombre de los Ansâr (Auxiliadores del
Profeta, medineses) ya que les había invitado a una comida. Cuando estaban de
camino, una sexta persona se les unió. Cuando llegaron a la puerta del Ansârî,
el Profeta (SAAWS) dijo: “Éste nos ha seguido. Así pues, si deseas darle
permiso para entrar, entrará, y si no, regresará”. El hombre de la
casa respondió: “Le doy permiso, Mensajero de Al∙lâh”.
Sin embargo, nosotros actualmente
decimos “de cinco a seis no hay mucha diferencia, no se dará cuenta”. Pero el
Profeta (SAAWS) nos dice que eso no está bien y nos enseña algo muy diferente.
Si acabas de entrar en casa del
anfitrión y viendo el teléfono, le pides por favor que te permita hacer una
llamada telefónica, y haces una llamada que puede ser incluso internacional y
estás media hora hablando… Tampoco eso es propio de una persona educada y
refinada.
Dice el Profeta (SAAWS): “Lo que
se apodera con la espada de la timidez está prohibido”. Es decir lo que
coges o tomas de alguien mientras que éste solo acepta y calla por timidez es
algo prohibido. ¡Imagínate! ¡Qué gran religión!
Te expondré otra situación. Si
estando en una visita, te alargas y te quedas mucho tiempo, en esta situación
fue revelada una aleya coránica que dice: “…y una vez hayáis comido,
retiraos….”, Sura de Al-Ahzâb (Los coligados, 33), aleya 53. Es
decir, que después de haber acabado de comer, debes marcharte. No te quedes
durante mucho tiempo porque es posible que molestes a la gente.
El Imam Ash-shafe`î pasó por algo
parecido. Un día un hombre le vino a visitar y se quedó mucho tiempo. El Imam no
cesaba de ofrecerle comida y el hombre comía y continuaba la visita. Al final
dijo: Imam, Espero que no te resulte pesado”. El Imam respondió: “Me resultas
pesado cuando estás en tu casa”. Fíjate que incluso cuando le dirige un
reproche, lo hace con delicadeza, porque la frase lleva doble significado.
Vamos a imaginar otra situación.
Imagínate que decides visitar a un pariente y permanecer en su casa durante dos
días o una semana. Su esposa te da una calurosa y amable acogida, sin embargo,
tú eres descuidado y desordenado en la casa, y encima invitas a gente de tu
cuenta y se quedan contigo hasta muy tarde.
El Profeta (SAAWS) cuando emigró
desde Makkah (La Meca) a Medina, un hombre llamado Abû Ayyûb Al-Ansârî le
ofreció que se quedara en su casa como huésped hasta que acabara de construir la
mezquita y su casa. La casa de Abû Ayyûb constaba de dos plantas. Éste con mucha
cortesía dijo al Profeta: “vive tú arriba y yo y mi familia nos quedaremos
abajo”, ya que no veía bien estar arriba caminando y haciendo ruido encima del
piso del Profeta. Pero la educación del profeta (SAAWS) era aún mayor, y le
dijo: “yo viviré abajo porque muchos compañeros y otras personas vendrán a
visitarme y eso podría molestaros a vosotros estando en el primer piso. En
cambo, si estáis arriba, no os molestaremos, sobretodo a la esposa”.
Si visitas a alguien, tampoco es
propio de la buena educación que entres y te sientes en el sitio que te
apetezca. Debes sentarte en el lugar que te asigne el dueño de la casa. Y ello
para que no te sientes en un lugar desde el que puedes divisar toda la casa y
así causar molestia a su mujer, por ejemplo.
El Profeta (SAAWS) dice al
respecto: “Ninguno de vosotros debe sentarse en la cama de alguien, sin su
permiso”. Por extensión, tampoco debemos sentarnos en el sofá de alguien o
en cualquier otro lugar que le pertenezca sin su permiso.
Imaginaos a una persona que actúa
teniendo en cuenta todas estas reglas, ¿no creéis que todo el mundo le tendrá
afecto? ¿No será ésta una persona urbanizada? La civilización no depende sólo de
los avances tecnológicos, ni está representada por los caros vestidos que
llevamos, ni por el coche que uno posee. La civilización viene representada por
la educación y cortesía que aplicamos en nuestro trato con la gente. Y aunque
que hayamos sido educados desde la niñez según estas reglas, sin embargo debemos
saber que son reglas arraigadas desde hace 1400 años, y que el Islam es nuestra
referencia en todos los asuntos, ya sean grandes o pequeños.
La educación y la cortesía con el
enfermo:
No te quedes mucho tiempo cuando
visites a un enfermo para que no le causes molestia ni fatiga, excepto si es él
quien te lo pide y necesita tu compañía. Pero, lo normal es que no te quedes
mucho.
En una ocasión vinieron cuatro
personas a visitar al Imam Abû Hanîfa cuando estaba enfermo, y se
quedaron allí mucho tiempo. El Imam les dijo: “Levantaos que Al∙lâh, Alabado y
Ensalzado Sea, me ha curado”.
La delicadeza y la cortesía con los
vecinos:
El Profeta nos enseña que es
sunna que si llegas a tu casa llevando una comida preciada o unas frutas
deliciosas por ejemplo, y tus vecinos las ven o las miran, entonces debes
ofrecerles un poco. No es cortés ocultarlas tenazmente, como tampoco lo es que
las exhibas. Pero, en cualquier caso, si llegan a verlas debes ofrecerles un
poco.
Suele ocurrir que llega uno con una
bolsa de manzanas, por ejemplo, y saca alguna ofreciéndosela a sus hijos delante
de los niños de sus vecinos, sólo para demostrarles que tienen dinero. Eso no es
de personas educadas.
Lo mismo ocurre si cocinas alguna
comida que desprende un olor penetrante y apetitoso, en ese caso debes ofrecer
un plato a tus vecinos.
Tampoco es correcto que añadas
altura a un muro de tu casa, de modo que sobrepase el de tu vecino, sin antes
haberle pedido permiso. Nosotros tenemos conflictos en la mayoría de los
edificios, porque muchos vecinos levantan paredes o añaden pisos sin tener
permiso legal ni permiso de los vecinos, a los que privan con ello del sol y el
aire que tenían.
Las reglas de educación y cortesía
en las mezquitas:
1-
Hacer sitio a los demás.
2-
No caminar por encima de las cabezas de otras personas que están
rezando cuando te desplazas entre las filas.
3-
Apagar el móvil. ¡Efectivamente, a los ángeles les molesta lo
mismo que a los hijos de Adâm (Adán)! Imaginaos que alguien se encuentre en un
estado de completa sumisión a Al·lâh (jushû’a), inmerso completamente en
su oración… ¡y de repente suena un móvil! Evidentemente, le distrae y le despoja
de ese momento tan preciado. Eso, por supuesto, le molesta y seguramente se
enfada con el dueño del móvil. Puede incluso que llegue a hacer súplicas (do’â´)
contra él. Además, ha molestado a los ángeles.
4-
Algunas veces procuramos luchar contra algunas costumbres,
arraigadas en la sociedad, que son innovaciones (no tienen nada que ver con la
sunna o la tradición del Profeta), pero desafortunadamente lo hacemos de
manera incorrecta. A este respecto, recuerdo una situación que nunca podré
olvidar:
“Había un hombre anciano que no
aplicaba correctamente la sunna, ya que al finalizar el salât -la
oración- alargó su mano para saludar al joven que estaba sentado a su derecha
diciéndole: “Haraman” (refiriéndose a su deseo de que visite la
mezquita inviolable de Makkah) y el joven le saludó respondiendo “ÿam`an”
(es decir, deseo que todos nosotros lo hagamos). Esto es una innovación y
no tiene nada que ver con la sunna del Profeta (SAAWS).
El anciano después alargó su mano para
saludar al joven que estaba a su izquierda diciéndole lo mismo. Pero éste
rechazó estrecharle la mano y le dijo: “eso no es sunna”.
El anciano le dijo: ¿Acaso piensas que
la falta de educación es la que tiene que ver con la sunna?”
Simplemente, este joven habría podido
estrecharle su mano y al mismo tiempo explicarle que aquello era una innovación
y no pertenece a la sunna.
Prestad atención a estos simples
gestos de educación y cortesía en el trato a los demás.
5-
Otro signo de buena educación es no separar a dos personas en una
reunión, sentándose en medio de ellos. Es sunna pedirles permiso antes de
sentarte en medio o ponerte a su lado.
La educación y cortesía al hacer
da’wa ( llamamiento al camino recto de Al∙lâh):
Dedico estos consejos a los jóvenes
y a las jóvenes que aman la religión y que quieren hablar a la gente sobre ella:
1)
si observáis que alguien comete un error: Fijaos como Al-Hasan
y Al-Husain (nietos del Profeta, que los Rezos y La Paz de Al∙lâh sean
sobre él) se comportan en tal situación.
((Una vez observaron que un hombre
hacía el wûdû´ (las abluciones) de una manera incorrecta, entonces
elaboraron un plan inteligente. Uno de ellos se acercó al hombre y le dijo:
“Señor, mi hermano afirma que hace el wûdû´ mejor que yo, pero yo juro
que lo hago exactamente igual que lo hacía el mensajero de Al∙lâh, así que
juzgue usted quién de nosotros lo hace mejor”. Entró el primero e hizo las
abluciones paso a paso y
exactamente como dice la Sunna (la tradición del Profeta). Después entró
el otro y lo hizo igual que su hermano. El hombre les miró a los dos y les dijo:
“Por Al∙lâh, yo no la hago tan bien como vosotros”. Entonces, le respondieron: “Yazâka
Al·lâhu jairan (Que Al∙lâh te recompense con el bien)”, y se marcharon)).
¿Habéis visto como debe ser el
comportamiento refinado al intentar corregir algún error o al llamar al camino
recto de Al∙lâh. Eso es mucho mejor eso que decir: “Oiga, lo que usted está
haciendo es incorrecto. Así es como debe hacerlo”.
En una ocasión, estaba el Profeta
en la mezquita cuando entró un beduino y se puso a orinar dentro de la mezquita.
¡Imagínate, dentro de la mismísima mezquita del Profeta (SAAWS)! Entonces, los
compañeros del Profeta se dirigieron hacia él enfurecidos, pero el Profeta
(SAAWS) les dijo: “Dejadlo que acabe de orinar”. ¡Imaginaos! Observad el buen
juicio del Profeta (SAAWS) y su refinamiento al tratar de solucionar esta
situación. Realmente, el agravio ya estaba hecho. Además, ¿os imagináis lo que
hubiera ocurrido si empiezan a correr detrás del beduino mientras está
orinando?
2)
Todos nosotros sabemos que Yibrîl (El Arcángel Gabriel), que la paz sea
con él, no descendió para informar al Profeta sobre la necesidad de establecer
el “Âdhân” (llamada a la oración). Mientras los musulmanes pensaban en
cual sería la mejor manera de reunir a la gente para la oración, un compañero
vio en un sueño como alguien hacía el Âdhân tal como se hace ahora. ‘Omar Ibn El
Jattâb tuvo la misma visión. Entonces, los dos se dirigieron corriendo a
informar al Profeta sobre sus respectivos sueños. El Profeta dijo: “Habéis
tenido una visión verdadera, pero encargad a Bilâl que sea él quien haga
el Âdhân, porque su voz es más bella”.
Efectivamente, no fue el que tuvo
el sueño el responsable de realizar el Âdhân, sino Bilâl. Aunque haya otra
persona que esté más cercana a Al·lâh, el que se encarga de llamar a la oración
debe ser alguien que posea una bella voz. Se trata de un valor estético en el
Islam. Y después llegaron miles de Mo`adhinîn (el que realiza el Âdhân)
que destacaban por la belleza de su voz para cumplir con lo que el Profeta había
dicho 1400 años antes.
3) El
Imâm Abû Hanîfa procuraba realizar siempre los rezos nocturnos
voluntarios (Quiyam el lail). El vecino más próximo a él era un joven
vicioso. Cada noche volvía a su casa borracho, y empezaba a cantar, cosa que
molestaba al imam que se encontraba rezando. Abû Hanîfa sabía que si le llamaba
la atención en ese estado, no le haría el menor caso. El joven siempre cantaba
diciendo: “Me han echado a perder, me han echado a perder...”. Una noche el Imâm
se disponía a hacer sus rezos nocturnos, pero no escuchó al joven vecino
cantando. Entonces, preguntó por él: “¿Dónde está el joven que cantaba Me
han echado a perder?” La gente le respondió que la policía le había
detenido por embriaguez.
El Imâm quiso hacerle da’wa
(llamarle a seguir el camino de Al·lâh) pero de una manera refinada. Se
dirigió a la comisaría de policía y dijo: ¿Lo podéis dejar en libertad por mí
(yo respondo por él)? Le dijeron: ¡Pero está continuamente borracho! El Imâm
repitió su petición una y otra vez hasta que lo soltaron. El Imâm le acompañó y
le dijo “Móntate detrás de mí en la mula”. El joven se mantuvo callado todo el
camino y cuando llegaron a casa, el Imâm le preguntó: ¿De verdad te hemos echado
a perder, muchacho? Y éste contestó: “Por Al∙lâh que no. ¡Por Al∙lâh que no
volveré a hacerlo!”, refiriéndose a beber alcohol.
¿Habéis observado lo que se puede
conseguir con la educación y la cortesía en el trato con la gente?
La educación y la cortesía al
hablar con la gente:
1) Uno de los comportamientos más
extendidos que refleja la falta de educación es Interrumpir al otro
mientras está hablando sin dejarle oportunidad para hablar.
Observa lo que hizo el Profeta
(SAAWS):
Un hombre incrédulo se dirigió
hacia él proponiéndole cosas ridículas, llenas de burla hacia la religión. Le
dijo: “¡Mohammad! Si con lo que estás haciendo pretendes hacerte rico,
estamos dispuestos a ofrecerte tanta riqueza que te convertirías en el más rico
de nosotros. Y si lo que pretendes es obtener poder sobre nosotros, te
nombraremos nuestro rey…¡Qué ridiculez!
Este hombre se llamaba: ‘Otba Ibn
Rabi’a y era un familiar del Profeta (SAAWS). Al principio, cuando empezó a
hablar al Profeta le dijo: “¡Sobrino! Te voy a exponer algunas cosas que te
propone tu gente, escúchame pues”. El profeta le contestó: “Adelante, Abâ Al
Walîd, te escucho” - observa la educación del Profeta- y a pesar de todo lo
que dijo el hombre (las propuestas citadas arriba) el Profeta no lo interrumpió
ni una sola vez.
Cuando éste acabó, el Profeta le
preguntó: “¿Has acabado, Abâ Al Walîd?” –observa la cortesía del Profeta:
le llamó con el apodo que más gustaba a los árabes (haciendo referencia a su
hijo, “Padre de Walîd”) y no por su nombre, “’Otba”. Cuando le dijo que,
efectivamente, había acabado, entonces el Profeta le dijo: “Ahora, escúchame
tú”.
A continuación, empezó a recitar la
sura Fus·silat (“Expuestos con claridad”-41), de la aleya 1 a la 13, en
la que dice: “(13) Pero si se
apartan, di: “¡Os prevengo de un rayo de castigo como el rayo
[que cayó sobre las tribus] de ‘Aâd y Zamûd!”.
Al escuchar las aleyas el hombre sintió miedo, y
puso la mano sobre la boca del Profeta –para que no continuara- y le dijo
suplicándole: “¡Por nuestro parentesco, te ruego que no continúes!”. El Profeta
calló. ¡Has observado qué educación en el diálogo!
El día en el que el Profeta se
dirigió a la población de At-Tâ´if para invitarles al Islam, la tribu de Zaqîf
causó al Profeta muchos agravios: le tiraron piedras, le insultaron y le
escupieron en la cara. Además, hirieron la cabeza de Zayd Ibn Hâriza, el
sirviente del Profeta (SAAWS). Las piernas del Profeta estaban llenas de sangre.
En medio de todo esto, buscando algún lugar para refugiarse de las piedras, el
Profeta (SAAWS) encontró un pequeño huerto en el que se escondió para
protegerse. Los propietarios del huerto se conmovieron al ver el estado del
Profeta (SAAWS), que estaba cubierto de sangre. Por eso, enviaron un muchacho
que se llamaba ‘Ad·dâs - de 12 años – que era cristiano, encargándole que
ofreciera algunos racimos de uva a aquel pobre hombre – ellos no sabían que era
el Profeta- . El muchacho puso el plato ante el Profeta (SAAWS) para que
comiera, tomó una y dijo en voz alta “En el nombre de
Al·lâh”.
Enseguida el muchacho exclamó:
“¡Estas palabras no son corrientes entre la gente de estos parajes!”.
El Profeta entonces, aprovechó
para entablar una conversación con el muchacho, diciéndole:
-“¿Cómo te llamas?”
- “‘Ad·dâs”, contestó el
chico.
-¿De qué país eres, ‘Ad·dâs?,
preguntó el Profeta.
-“Soy de Ninawa” (Nínive, la
capital de Asiria, situada en la orilla izquierda del Tigris).
-“¿Del mismo país del hombre
piadoso Yûnos Ibn Mat·ta
(el profeta Jonás)?”, le
preguntó el Profeta.
-¿Cómo lo conoces? Preguntó
‘Ad·das.
-“Es mi hermano. Era un
profeta y yo soy profeta”, respondió el Profeta (SAAWS).
En ese momento, el muchacho se
inclinó a besar los pies del Profeta.
Cada vez que escuchaba esta
historia, me sorprendía y no entendía por qué razón el muchacho se había
inclinado a besar los pies del Profeta. Al final, he sacado estas conclusiones:
1-
El Profeta empezó diciendo “En el nombre de Al·lâh”. La lección
que debemos sacar de ello es que no debemos evitar las palabras que reflejan
nuestra fe con el propósito de ganarnos el afecto de los demás.
2-
El Profeta le preguntó “¿Cómo te llamas?”. Una de las claves para
mantener un diálogo positivo es preguntar a tu interlocutor por su nombre.
3-
El Profeta le llamó directamente por su nombre al volver a
preguntarle: “¿De qué país eres, ‘Ad·dâs?”
Lo que hace normalmente uno de
nosotros es preguntar el nombre de su interlocutor sin prestar mucha atención.
Por ejemplo, estás hablando con un joven y le preguntas por su nombre, y él te
dice “me llamo Ahmad”. Pasados unos minutos le dices “estoy encantado de
hablar contigo, Mohammad”. Y eso porque no has prestado suficiente
atención a su nombre.
Al contrario, el Profeta
(SAAWS) llamó al muchacho por su nombre enseguida, para no olvidarlo, y de ese
modo creó en el chico un sentimiento de afecto hacia el Profeta.
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