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La vestimenta islámica de la mujer
(Al-Hiÿâb)
Busco refugio en Al·lâh, El Más Sublime, El Omnisciente, contra el maldito
Satanás.
En el nombre de
Al·lâh, El Más Compasivo, El Muy Misericordioso.
La alabanza es para Al·lâh, lo
alabamos y en Él buscamos ayuda y pedimos Su perdón; y en Él buscamos refugio
del mal de nuestras almas y de nuestras malas acciones. A quien Al·lâh guía
nadie podrá desviarlo y a quien desvía, nadie podrá guiarlo.
Cuando
hemos hablado del pudor, hemos dicho que el más sublime pudor es el de tener
pudor de Al·lâh. La primera aplicación del pudor de la mujer y lo más importante
que encarna su pudor es: llevar la vestimenta islámica. En realidad,
empezaré con el pudor de la mujer, porque la rectitud de la sociedad depende del
pudor de nuestras mujeres. Con ello, no es mi intención, en absoluto, agraviar a
las chicas y hermanas. Lo que pretendo es comenzar y hacer hincapié en el pudor
de la mujer porque es lo más importante. Pues los enemigos del Islam cuando
quieren corromper, intentan suprimir el pudor de la mujer, porque así resultará
más fácil destruir a los jóvenes.
Si decimos que el pudor para el hombre
es un deber religioso, para la mujer es un deber y una obligación capital.
Además la naturaleza de la mujer es más cercana al pudor, y resulta más fácil
para ella actuar con decencia. Y el más grandioso pudor de la mujer es el hecho
de cubrir su cuerpo.
Quiero preguntarte algo: ¿si poseyeras
algo precioso, no lo preservarías? Imagina que posees una perla o un tesoro,
¿no lo guardarías en un lugar seguro? Y ¿no aumentará más la necesidad de
ocultarlo cuanto más aumente su valor? ¿O acaso vas a exponerlo ante todo el
mundo?
¿Qué es lo más precioso que posee la mujer? ¿No es su pudor? ¿Y
no merece ser guardado? ¿Acaso no veis que la concha guarda la perla aunque su
aspecto no es maravilloso? Sin embargo, la concha es imprescindible para
proteger a esta perla. Así mismo, la vestimenta islámica es indispensable para
protegerte.
Aquí, cabe preguntarse: ¿por qué el
hiÿâb es un deber para la mujer y no lo es para el hombre? ¿Será una medida
de opresión contra la mujer? ¿De qué se trata?
Cien hombres no pueden hacer que una
mujer esté atada a ellos, hagan lo que hagan. Sin embargo, una sola mujer puede
hacer que cien hombres se enamoren de ella. Por eso el hiÿâb es un deber
para la mujer, porque ella es una fuente de seducción.
Veamos algo asombroso: el mundo antes
del Islam miraba injustamente a la mujer. Por ejemplo en la época de los
romanos, la mujer era valorada según su belleza y su cuerpo. El concepto de
belleza para los romanos y las naciones anteriores estaba relacionado con el
cuerpo de la mujer. El Islam vino para realzar estos sentimientos y conceptos y
para dar más valor a la humanidad y decir al mundo: purificad vuestros gustos.
El Islam enseña al hombre que el valor de la mujer no está en su cuerpo, sino
en la belleza de sus sentimientos, o sea, la belleza de su interior. Nadie tiene
derecho a gozar de la belleza de su cuerpo, exceptuando a una persona: “su
marido”.
Entonces, ¿quién protege a la mujer y
la respeta y quién hace lo contrario?
Pasamos a una importante pregunta
planteada por la mayoría de las chicas: ¿Quién dijo que el hiÿâb es un
deber?
Al·lâh, El Enaltecido y Glorificado,
dijo: “¡Profeta! Di a tus esposas e hijas y a las mujeres de
los creyentes que se cubran desde arriba con sus vestimentas.” 33: 59.
La vestimenta es la prenda que cubre el cuerpo. Las palabras de Al·lâh son
claras y dirigidas a las mujeres creyentes en la citada aleya. Entonces, ¿quién
dice que la orden está dirigida sólo a las mujeres del Profeta, que los Rezos y
la Paz de Al·lâh sean sobre él? Después sigue el dicho de Al·lâh: “Es
lo mejor para que se las distinga y no se las ofenda.” Es decir que
para ella es más apropiado vestirse de esta manera para que se sepa que es
comprometida y devota. De esta forma nadie la va a molestar, y será respetada y
valorada por toda la sociedad.
¿Cómo puede saber la gente si tu
corazón es puro o no? Lo sabrán por tu compromiso con el hiÿâb y el
atuendo musulmán: “Es lo mejor para que se las distinga y no sean
molestadas.”
Al·lâh Dice: “Y di a las
creyentes que bajen la mirada con recato y guarden sus partes privadas, y que no
muestren sus atractivos a excepción de los que sean externos”. Los
sabios han consensuado que son la cara y las manos; Y más adelante, Dice:
“Que cubran su escote con el velo”. ¿Veis la precisión y los detalles?
Con el velo se refiere a la prenda de tela larga que cubre el escote,
concretamente el pecho y la apertura del cuello. “Y no exhiban sus adornos”, que
no muestren la belleza de su cuerpo. Esto ha sido repetido dos veces. “¡Volveros
todos a Al·lâh, creyentes! Quizás, así,
prosperéis” Sura de La luz (An·nûr, 31).
Estos versículos están dirigidos a
quien dice que los versículos del hiÿâb no son claros en el Qor´ân, y que están
destinados a las mujeres del Profeta, pero en el versículo viene: “Di a
las creyentes” y termina con “Volveros todos a Al·lâh”.
¡Hermana! Ponte la vestimenta
islámica. Y ¡tu, hermano! Di a tu esposa que se ponga la vestimenta islámica, no
la dejes, ayúdala, y proporciónale el ambiente adecuado. Convéncela, porque es
tu responsabilidad y vas a ser juzgado por ello.
Al·lâh Dice: “No os adornéis con
los adornos del tiempo de la ignorancia”, Sura de Los Coligados (Al-Ahzâb,
33). Es una fuerte prohibición, así que cuidado con exhibir tus encantos en
público. En el tiempo de la ignorancia antes de la llegada del Islam, el adorno
de las mujeres no consistía en ponerse minifalda o vestidos apretados y
estrechos. En aquella época las mujeres llevaban trajes largos y anchos, sólo
que mostraban el cuello y parte del cabello. Era así como se adornaban en la
época de la ignorancia anterior al Islam.
Aquella manera de vestirse se asemeja
al hiÿâb incompleto que llevan algunas chicas hoy en día. No quiero
ofenderlas, pero se trata de tu pudor con Al·lâh, y de lo que vas a hacer cuando
Al·lâh te pregunte por el hiÿâb en el Día de la Resurrección.
Tampoco quiero que se ofendan quitándose este hiÿâb
incompleto. Al contrario, estamos muy contentos con el paso que has emprendido,
que sin duda es un paso hacia adelante. Sin embargo, queremos otros pasos
adelante para que se complete tu hiÿâb, que cubras tu cabello, la
apertura del cuello y el pecho, para que no te adornes como se adornaban en
el tiempo de la ignorancia anterior al Islam.
Cuando los versículos del hiÿâb
fueron revelados, salieron los hombres para recitarlos a sus mujeres, sus hijas,
sus hermanas y a sus familiares. ¿Veis cómo el hombre se preocupaba por los que
conoce? Así que preocúpate por transmitir todo lo que lees y escuchas a tus
hermanas, hijas y familiares, pero de una manera amable y delicada. Los
compañeros del Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, dijeron:
juramos en nombre de Al·lâh que, al escuchar los versículos del Qor´ân, no hubo
una mujer que no tomara algún vestido suyo y lo rasgara en dos para hacerse un
hiÿâb cubriendo así su cabello y cuerpo, dada su condición de extrema
pobreza. No hubo una sola mujer que acudiera a la siguiente oración con el
Profeta sin llevar su hiÿâb.
Pero hoy en día cuando dices a la
mujer: ¡Ponte la vestimenta islámica!, te responde: ¡Me la pondré el próximo
invierno, si Al·lâh Quiere, porque no me puedo permitir cambiar ahora todo mi
vestuario de verano. Ya conoces mi situación económica. Cuando llega el invierno
dice: francamente los vestidos del invierno son más caros, me los pondré, si
Al·lâh Quiere, el próximo verano para que pueda comprar bastante ropa adecuada
para la vestimenta islámica.
Las mujeres de la época del Profeta no
mantuvieron su cabello al descubierto desde el momento en que fue revelada la
aleya del hiÿâb, y rasgaron sus vestidos en dos, aún sabiendo que sólo
disponía de dos vestidos, por ejemplo.
Aquí radica la diferencia entre
nosotros y las mujeres de los compañeros del Profeta, que los Rezos y la Paz de
Al·lâh sean sobre él, en lo que se refiere a la fe y el pudor.
El Profeta, que los Rezos y la Paz de
Al·lâh sean sobre él, dice: “Entre vuestras mujeres la más buena es la
afectuosa, la fecunda y la consoladora, si teme a Al·lâh, y la más mala es la
vanidosa que se exhibe”.
La consoladora: se refiere a la
mujer que se comporta cariñosamente con su marido y no lo trata con dureza,
mientras que la vanidosa es la que se comporta con arrogancia y
presunción.
El Profeta, que los Rezos y la Paz de
Al·lâh sean sobre él, dice: “Dos tipos de gente que van al infierno, todavía
no los he visto: gente que tiene látigos, como la cola de la vaca, con los
cuales azotan a la gente, y mujeres vestidas pero desnudas, desviacionistas y
desviadoras, sus cabezas son como las jorobas inclinadas de los dromedarios, no
entrarán al Paraíso ni olerán su fragancia, aunque puede percibirse a una
distancia de quinientos años.”.
Desviacionistas:
que se apartan y se desvían de la verdad.
Desviadoras:
que separan y apartan a otros del camino de la verdad.
¿Dónde vio el Profeta estas
descripciones? Son pruebas de su profecía, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean
sobre él. Vestidas pero desnudas: no se sabe si van vestidas o no. No entrarán
al Paraíso ni olerán su fragancia. ¿No temes por tu hermana y tu esposa?
El Profeta, que los Rezos y la Paz
sean sobre él, declaró la guerra a causa de una mujer a la que se le quitó el
hiÿâb a la fuerza. Se trata de la invasión de “Banu Qainoqâ’a”. Los
judíos de Banu Qainoqâ’a vivían en Medina, donde poseían un mercado para
el oro. Un día entró una mujer de uno de los compañeros del Profeta para comprar
en este mercado. Un judío malicioso se acercó a ella y ató una parte de su
traje con el hiÿâb de la mujer, entonces, cuando ésta quiso levantarse,
su cuerpo quedó al descubierto, y los judíos se burlaron y rieron de ella. Un
Compañero del Profeta mató a este judío y los judíos lo mataron a él. Cuando el
Profeta se enteró de este suceso, salió con un ejército con el que sitió a los
judíos de Banu Qainoqâ’a, y los expulsó de Medina. Los expatrió, entonces se
separaron y murieron. Todo eso por una mujer a la que se le quitó el hiÿâb.
Si el Profeta y sus Compañeros,
después de todo este esfuerzo, vieran nuestra situación, ¿qué harían? Y
nosotros ¿qué les vamos a decir el Día del Levantamiento?
Un día, el imâm Ahmad Ibnu Hanbal
estaba caminando, encontró en su camino a una mujer con su hiÿâb completo
y traje largo. De repente, el viento hizo volar su traje ligeramente poniendo al
descubierto su talón. Al ver esto, el citado imán cubrió su cara con una parte
de su traje diciendo furioso: “estamos en la época de las seducciones”. ¿Qué
dirías, imán Ahmad, si presenciaras nuestra época?
La recta observancia del hiÿâb
para la mujer equivale a una recta observancia de su pudor. Si su pudor es
recto, la sociedad será más recta, y su fe será completa “El pudor y la fe
están entrelazados” ¿Veis el valor del hiÿâb y cuánto lo necesitamos?
Entonces, ¿qué es lo que impide a las
mujeres llevar el hiÿâb? Son varios los equívocos que existen:
*Primer equívoco:
Algunas dicen: no estoy convencida con
el hiÿâb. Cuando le preguntas: ¿quién eres? Y ¿Cuál es tu religión? Te
responde: mi religión es el Islam, y por supuesto soy musulmana. ¿Y qué
significa “musulmana”? El origen de la palabra es “someterse a Al·lâh”. No es
correcto ser musulmán sólo de nombre, sin que me entregue con todo mi ser a
Al·lâh.
Al·lâh dice: “Cuando Al·lâh y Su
Enviado han decidido un
asunto, ni el creyente ni la
creyente tienen ya opción
en ese asunto”, sura Al Ahzâb (Los Coaligados,
36).
Al·lâh dictaminó el hiÿâb, y
después de haber leído las aleyas que hablan del hiÿâb, no es adecuado
que tengas otra opción después del dictamen de Al·lâh.
El profeta Ibrâhîm (Abraham) cuando
recibió la orden de Al·lâh estuvo a punto de degollar a su hijo sin saber el
motivo ni preguntar. ¿Nosotros sabemos por qué Al·lâh ordenó al profeta Abraham
hacer eso?
La respuesta es: para enseñarnos el
sometimiento y decirnos que esta religión está basada en la obediencia de Al·lâh
y de todas sus órdenes aunque no las comprendamos.
Es verdad que, muy a menudo, Al·lâh
nos da explicaciones, pero a veces no lo hace, para probar tu fe. Lo que debes
decir es que eres débil y no puedes llevar la vestimenta islámica, es menos
grave que decir que no estás convencida con el precepto de Al·lâh.
*El segundo equívoco:
Otras dirán: lo realmente importante
es mi interior. Yo tengo buenas intenciones, la vestimenta islámica es la del
corazón. Yo rezo, practico Salât al-Qiyâm (la oración nocturna
voluntaria) y doy limosna.
El Profeta, que los Rezos y la Paz
sean sobre él, dice: “No lleva a la práctica esta religión (Dîn) sino aquél
que cose todos sus lados”. Esto quiere decir que debes tomar este Dîn
(religión) por completo, no practicarla parcialmente o dejar algún pilar. Dirás
a Al·lâh el Día del Levantamiento: Dios mío, he cumplido muchísimos deberes,
creo que es bastante. En cuanto al hiÿâb, ¡llevaba el del corazón!
Al·lâh Dice: “¿Es
que creéis en parte del Qor´ân y
dejáis de creer en otra?”
Vamos a hacer juntos el recuento. Tú
cumples muchos deberes con un corazón purificado... y a raíz de ello, estarás
recompensada. Luego sales sin tu hiÿâb y cada vez que un hombre ve tu
cabello y tu cuerpo, vas acumulando pecados ¿no es así?
Con toda seguridad estás acumulando
malas acciones porque no has respetado las órdenes de Al·lâh. Vas a decir que es
un problema del hombre, porque es él quien mira, él está pecando por no haber
bajado su mirada. Pero tú también eres responsable, porque eres la que ha
provocado su mirada, lo has incitado a mirar. Así, cuando tomas el autobús,
entras en el aula...etc. Calcula cuántas malas acciones acumularás a lo largo
del día. ¿Crees que no sobrepasarás las mil? Cada hombre tiene ojos y un corazón
que desea. ¡Imagina el peso de las malas acciones que se añaden a tu cuenta
diariamente! ¿Tus buenos actos bastarán para equilibrar la balanza el Día de la
Resurrección? ¿Quién te lo asegura? ¿Te bastarán?
Es más, Al·lâh es Quien te ha creado y
es el único que sabe lo que te beneficia y si tus buenos actos te bastarán o los
vas a perder.
Temo que estés sosteniendo un jarro
agujereado. Cada vez que lo llenas por arriba con buenos actos, todo se derrama
por abajo por haber dejado de llevar el hiÿâb.
¿Por qué en esta vida nada te basta, y
cada vez que ganas dinero corres para gastarlo, mientras que en el tema de la
religión decimos que con lo que hemos hecho de deberes o buenas acciones es
suficiente?
*El tercer equívoco: el hiÿâb
y el calor:
Una chica dice: mi cabello se daña a
causa del hiÿâb cuando hace calor. Es algo que ha sido diagnosticado por
los médicos.
Al·lâh Dice: “Di:
«El fuego del infierno es aún más
caliente»”.
El Profeta dice: “El infierno está
rodeado de placeres, y el Paraíso, de disgustos ”.
Es necesario que sufras un poco, ya
que el Paraíso está rodeado de desagrados, y cuanto más difícil sea el hiÿâb
para ti, tu recompensa será aún más extraordinaria.
*El cuarto equívoco:
Algunas dicen: yo veo a mujeres que
llevan el hiÿâb y sin embargo hacen tal y tal cosa (cosas reprobables).
No te engañes a ti misma. Yo también veo a muchos hombres que rezan y cometen
adulterio. Entonces, ¿qué? ¿Dejamos de rezar? Conozco a otros que cumplen con el
Haÿÿ (Peregrinación a La Meca), pero en realidad se sirven de ello para
pulir su imagen de las malas acciones que cometen con regularidad…Entonces ¿qué?
¿No peregrinamos? Y decimos que el defecto está en la peregrinación. No, el
defecto está en la gente. Realmente ¿el hiÿâb es malo o lo que está mal
es que la gente actúe mal a pesar de llevar el hiÿâb? Debes recordar que
“nadie acarreará
con la carga ajena”.
*El quinto equívoco:
Algunas dirán: Yo creo que todavía
Al·lâh no me ha guiado al buen camino. Estoy convencida del hiÿâb pero
Al·lâh me guiará cuando Quiera, puede que a los 50 años. Esto no vale. Al·lâh
Dice: “Al·lâh no cambia a un pueblo hasta que su gente cambie lo que está
en sí misma”.
Al·lâh no te guiará al hiÿâb si
no lo deseas en el fondo de tu corazón, si no cambias y deseas realmente llevar
el hiÿâb. No digas que Al·lâh todavía no te ha guiado, porque te ha
abierto el camino recto con la lectura de estas aleyas del hiÿâb o con la
asistencia a alguna conferencia religiosa.
Al·lâh Dice: “Y en cuanto a los
tamudeos, les dirigimos, pero
prefirieron la ceguera a la guía
[al camino recto]”.
¿No sientes que esta aleya se dirige a
ti? Al·lâh no ha dejado a nadie sin procurarle el camino recto. Cuidado con
decir que Al·lâh no me ha guiado.
*Otro equívoco:
Otras dirán: Después del matrimonio
llevaré el hiÿâb, para garantizar el matrimonio. Y yo te digo que los
hombres a menudo buscan una mujer con hiÿâb más que a una que se
descubre. Y te digo también que nadie se casará con la mujer de otro hombre. A
cada cual Al·lâh le tiene escrito el nombre de su esposa. Así que no te
preocupes y confía en Al·lâh, Él te dará un buen marido. Un hombre fue a Hasan
Al Basri y le dijo: “¿Con quién casaré a mi hija?” Y le respondió:
“Cásala con un religioso, porque si la ama será generoso con ella, y si la odia
no será injusto con ella”.
Cuando te cases elige al que está
satisfecho con tu hiÿâb y lo respeta. Sólo él será quien te cuide y te
proteja.
*Otro equívoco: Todavía soy joven
Tú que tienes 17 años, ¿puedes
garantizar que no morirás mañana u hoy? ¿Quién morirá antes que el otro? Cuando
en el periódico leemos la página de los difuntos, encontramos que el 40% de
éstos son jóvenes, como si se tratara de un recordatorio para la gente.
Tomemos un ejemplo real que me ha
contado un amigo de Alejandría, en el mes de Ramadán. Dijo: “Mi mujer lleva el
hiÿâb, es obediente gracias a Al·lâh. En el piso de enfrente vivía una
chica joven, no llevaba hiÿâb, su vestido no tiene nada que ver con la
vestimenta islámica, pero tiene mucha bondad en su interior. Mi mujer tenía
buena relación con ella. Es un deber de las que llevan el hiÿâb actuar de
ese modo. Un día la chica pidió a mi mujer que la acompañara al mercado para
comprar un vaquero Mi inteligente mujer aceptó a condición de que la acompañara
primero a una conferencia religiosa. La chica aceptó...Se fueron a la
conferencia. El tema versaba sobre el arrepentimiento, y el retorno a Al·lâh. Al
final de la conferencia, la chica se conmovió mucho y empezó a llorar. Sólo dijo
una frase: “¡Oh Al·lâh, Estoy arrepentida, vuelvo a ti, mi Señor! ¡Dadme un hiÿâb!”.
Las mujeres la tranquilizaron, diciéndole que se fuera a su casa y que después
se pusiera el hiÿâb. Pero no aceptó y quería que le trajeran un vestido largo y
un hiÿâb de inmediato. Accedieron a sus deseos, se los puso y salió de la
conferencia. Al salir a la calle la atropelló un coche y falleció...
¡Qué buena suerte la suya! ¿Veis cuál
fue la última cosa que hizo antes de morir? Entonces, cuidado con decir:
“todavía soy joven”.
*También existe otro equívoco:
Yo no quiero llevar el hiÿâb
porque no va acorde con “la moda”.
Entonces, la moda para ti vale más que
un precepto de Al·lâh. ¿Pones la moda en una parte de la balanza y la orden de
Al·lâh en la otra, y prefieres la de la moda?
¿Hasta este punto no respetas a Al·lâh?
¿La moda es tan apreciada para ti? Te juro que la obediencia da a la cara una
espléndida hermosura e inunda de luz el corazón. Serás más encantadora, más
guapa y más pura con tu hiÿâb.
¿Quién dice que con el hiÿâb te
alejarás de la moda y de la elegancia? Es verdad que no lo llevamos por moda,
pero puedes compaginar ambas cosas. Pero si no tienes la posibilidad de hacerlo,
entonces llevarás el hiÿâb porque es una orden de Al·lâh, porque obedecer
a Al·lâh es más importante que la moda.
Otras dicen:
Yo no quiero llevar el hiÿâb
porque quiero ser como las mujeres occidentales. Yo digo: ¿Quién respeta más a
la mujer, Occidente o el Islam? Occidente no vende una caja de cerillas o
cualquier otra cosa insignificante sin la foto de una mujer desnuda. El Islam es
el que preserva y protege a la mujer. Occidente tiene las tasas más elevadas de
homosexualidad, y las tasas más elevadas de violaciones, a causa del libertinaje
que han difundido. Después de todo eso ¿quieres imitar a Occidente?
Algunas dicen:
No quiero llevarlo porque temo
quitármelo después.
Pero, Glorificado Sea Al·lâh ¿porqué
no das más prioridad a lo que te hará mantenerte firme en la religión? ¿Por qué
no dices que lo normal es llevar el hiÿâb? No niego que es un grave
pecado no llevarlo, y el peor pecado es quitárselo después de haberlo llevado.
Porque no sólo te has alejado de Al·lâh, sino que habrías provocado dudas y
llevado a otras a sentirse mal y a quitarse el hiÿâb. De este modo la
religión se convertirá en un juego. En este caso hay que armarse con la voluntad
de llevarlo y no volverlo a quitar después. Pero ¿cómo puedes conseguirlo?
1-
Buenas amistades que te ayudarán a llevar el hiÿâb.
2-
Asistir a conferencias religiosas.
3-
El ruego y la súplica a Al·lâh diciendo: “Al·lâh ayúdame a llevar el hiÿâb”,
así como valerse de plegarias del Profeta (SAAWS) como por ejemplo: “!Oh, Tú
que cambias los corazones, consolida mi corazón con tu Dîn!” o, consolida mi
corazón con la vestimenta islámica.
¿Por qué después de todo esto te
opones a llevar la vestimenta islámica?
Responderás: Yo tengo vergüenza de mis
amigas, de mis familiares que no llevan el hiÿâb. Seré menospreciada en
mi escuela (de alto nivel) o en mi facultad. ¡Por Al·lâh! ¿No tienes vergüenza
de Al·lâh en el Día del Levantamiento, y de su Profeta, que los Rezos y la Paz
sean sobre él? ¿No sabes que tendrás sed ese Día y correrás hacia la
fuente del Profeta (Al Haudh), que los Rezos y la Paz de Al·lâh
sean sobre él, para beber? Él intentará darte de beber con su noble mano, un
sorbo de agua después del cual nunca volverás a sentir sed. Tú te acercarás,
pero los ángeles te alejarán de él. El Profeta dirá: ¡Dejadla es de mi nación!,
y ellos le responderán: ¡Oh Mohammad!, no sabes qué es lo que ha hecho después
de ti: ha abandonado la vestimenta islámica después de tu muerte! Entonces el
Profeta le dirá: ¡lejos, lejos! (refiriéndose a la chica) tal como vino en el
hadiz del Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él. ¿No sientes
vergüenza del Profeta y sí de la gente?
¿Quién debe tener vergüenza? La que ha
destapado su cuerpo o la que ha protegido su Dîn y su cuerpo?
El Profeta, que los Rezos y la Paz de
Al·lâh sean sobre él, dice: “Quien satisfaga a Al·lâh provocando la ira de la
gente, Al·lâh estará satisfecho con él y hará que también la gente lo esté, y
quien satisfaga a la gente provocando la ira de Al·lâh, Al·lâh estará furioso
con él, y hará que la gente lo esté tambiénl”.
El Profeta, que los Rezos y la Paz de
Al·lâh sean sobre él, dice:
“No seáis seguidores ciegos
diciendo: Si la gente hace el bien, nosotros también lo haremos; y si hacen el
mal, nosotros igual. Manteneos firmes: si la gente hace el bien, hacedlo, y si
hacen el mal, no lo hagáis”.
Esta ha sido mi invitación a nuestras
hermanas para que tomen conciencia de la importancia del hiÿâb, pero me
queda un consejo y una recomendación. Al·lâh te ha ordenado llevar la vestimenta
islámica, pero yo te aconsejo:
1- Realiza los pasos gradualmente. Si
ahora deseas llevar el hiÿâb ¡póntelo en seguida¡ pero ¡cuidado con
llevarlo sin que reces, sin que ayunes, o que tu comportamiento con la gente,
que hasta ahora carecía de la moralidad y la ética propias del Islam, siga
siendo el mismo, o que tu pudor con los hombres no haya cambiado!
Si puedes ponerte el hiÿâb hoy
mismo y con ello corregir el resto de todo lo que he dicho, perfecto. Empieza a
rezar en cuanto escuches la llamada a la oración, hazte amiga de una chica
religiosa que se preocupe de obedecer a Al·lâh y que lleve el hiÿâb.
Procura leer diariamente el Qor´ân aunque sea poco, y empieza a alabar a Al·lâh
diariamente aunque sea poco.
Si cumples estos cinco consejos, tu
hiÿâb irá en paralelo con tus prácticas religiosas, con tus virtudes, y
serás un ejemplo de lo que es una verdadera musulmana.
Y cuidado con creer que el hiÿâb
es únicamente lo que se lleva sobre la cabeza, y que las virtudes y las
prácticas no tienen nada que ver.
Si no puedes mejorar tus virtudes y
prácticas automáticamente, entonces mejóralas primero y después ponte el hiÿâb.
Pero eso no quiere decir que lo vas a llevar al cabo de 6 años, sino de aquí a
un mes o dos como máximo a contar desde ahora.
No tienes pretexto, el hiÿâb es
un deber. Pero perfecciona primero tu oración y tus prácticas y luego ponte el
hiÿâb.
2- Llevar el hiÿâb no es el
fin del camino, sino que es el principio con Al·lâh. Aún te quedan muchos pasos.
3- Acuérdate siempre que eres una
invitadora al camino recto, que con tu hiÿâb invitas al camino de Al·lâh.
Los hombres por el camino no pueden impresionar a nadie; en cambio tú, de camino
a la facultad, entre la gente, con tus virtudes, tu sabiduría, tu cultura y tu
belleza vistiendo el hiÿâb, eres una antorcha del Islam en movimiento.
Sin necesidad de hablar con la gente
de Islam, impresionas. Puedes guiar a miles de personas con tu hiÿâb. Por
tanto, ¡ten confianza en tu hiÿâb y en ti misma!
Con tu hiÿâb coges de la mano a
mucha gente, purificarás la sociedad. Tu recompensa será enorme, a raíz de guiar
a miles de chicas y chicos. Eres su modelo. Por Al·lâh, ¡no dañes la imagen del
Islam y de los musulmanes!
Condiciones del hiÿâb:
No voy a imponerte llevar el velo y la
chilaba, más bien te propongo estas condiciones para que las apliques, de forma
que quede patente que se trata de un verdadero hiÿâb:
1- No deben adivinarse ni las
piernas, ni las caderas. No se llama atuendo musulmán lo que no es ancho.
2- No debe ser transparente. No lleves
un hiÿâb a través del cual se vea tu cabello. No es adecuado.
3- Debe cubrir todo el cuerpo, salvo
la cara y las manos.
4- No debe ser parecido a la ropa de
los hombres.
5- No debe estar perfumado.
Con esto concluimos un punto esencial
relativo al pudor de la mujer.
Quiero ahora pasar a un punto
importante relacionado con el pudor del hombre que es: “Bajar la mirada”.
Cuidado con decir que las mujeres no llevan el hiÿâb, razón por la cual
yo no puedo bajar mi mirada, no es una excusa. Al·lâh Dice: “Di
a los creyentes que bajen la mirada y guarden sus partes privadas, eso es más
puro para ellos.”. Es más puro para tu corazón, porque si no restringes
la mirada te sentirás mal. Aquí se plantea la pregunta: ¿es verdad que los
corazones pueden enfermar? Claro, porque ves cosas que no lograrás, y el ojo es
el mensajero del corazón. El ojo ve y anhela estas cosas pero no las puede
conseguir, de hecho, se siente mal. Puedes salir de tu trabajo alegre y llegar a
tu casa abatido, o salir de tu facultad alegre por pasar bien un examen, y
después a causa de lo que ven tus ojos, volver a tu casa angustiado y agotado.
Y al final, ¿qué has ganado? Nada. Es
más, has perdido tu corazón, que estará alejado de Al·lâh; has perdido tus ojos,
que han visto lo que está prohibido, y en el Día del Levantamiento serás
preguntado por ellos. Has perdido tu alma y tu voluntad. El único ganador es el
diablo, pero tú no has logrado nada, salvo la perturbación de tu voluntad y el
agotamiento de tu corazón.
Lo que ocurre es que te acostumbras a
dejar suelta tu mirada, y después ya no puedes alejarte de este pecado, aunque
no te beneficies de nada con ello. Aunque las mujeres sean feas, las miras. ¿Por
qué? Porque el diablo te ha hecho habituarte a esta mala costumbre. ¿Dónde está
tu pudor? Tienes que controlar tu mirada, debes luchar contigo mismo.
Pero ¿bajar la mirada es una práctica
o una moral?
Ciertamente se trata de la llave para
el pudor del hombre. Si bajas la mirada vas a ser más apto para la adoración, y
estarás más cerca de Al·lâh, que va a iluminar tu corazón. Estas palabras están
basadas en la experiencia.
Intenta bajar la mirada una semana,
encontrarás las palabras del Profeta de Al·lâh, que los Rezos y la Paz de Al·lâh
sean sobre él, cuando dice: “La mirada es una de las flechas del diablo.
Quien se abstenga por temor de Al·lâh, Él le va a recompensar con una fe cuya
dulzura encontrará en su corazón”.
El Profeta, que los Rezos y la Paz de
Al·lâh sean sobre él, dice: “cualquier musulmán que haya topado con su mirada
con los encantos de una mujer – la primera mirada -, y a continuación baje la
mirada, Al·lâh le recompensará con una fe cuya dulzura descubrirá”. Al·lâh
te agraciará con una mayor capacidad de adoración (oración voluntaria nocturna,
recuerdo de Al·lâh, humildad ante Al·lâh o lágrimas por temor a Al·lâh) ¿Todo
eso por dejar de mirar? Si, porque “quien deja algo por Al·lâh, Al·lâh le
recompensa con lo mejor”.
Pero, ¡cuidado! El diablo intentará
convencerte de que lo que está lejos de tu alcance es mejor de lo que está entre
tus manos. A un hombre casado el diablo le embellece las demás mujeres para sus
ojos, y le hará verlas más guapas que su propia mujer, aunque su mujer sea más
completa y buena. Debes tener en cuenta que lo lícito es más bueno que lo que no
está a tu alcance.
Un hombre se acercó al Profeta, que
los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, y le dijo: ¡Mensajero de Al·lâh!
Quisiera preguntarte sobre la mirada (su vista se topó con una mujer), le
respondió: “¡Desvía tu mirada!, no serás juzgado por la primera mirada pero por
la segunda sí”.
El Profeta dice: “Quien mira en una
casa sin el permiso de sus dueños, y éstos le arrancan sus ojos, no merece
ninguna indemnización ni perdón”. Quien mira en la casa de alguien desde una
ventana, a través de una abertura en la puerta o de un telescopio, y él - el
dueño de la casa- le arranca sus ojos, no merece ninguna indemnización según
dice el Profeta en el hadiz recopilado por An·nisâ´iy.
El Profeta, que los Rezos y la Paz de
Al·lâh sean sobre él, dice: “Los ojos cometen adulterio con la mirada, los
oídos con la escucha, las manos cogiendo, las piernas caminando, la lengua con
el habla, el corazón con el deseo y las partes privadas o bien lo confirman o lo
desmienten”.
Los ojos cometen adulterio con la
mirada prohibida, el oído escuchando palabras que animan a cometer malas
acciones, las manos tocando lo prohibido, las piernas andando hacia lo prohibido
(hacia una fiesta ilícita o un lugar sospechoso), la lengua describiendo a tu
amigo los encantos de una mujer, hablar con él con grosería o hablar con una
mujer por teléfono. Eso no quiere decir que el ojo o la lengua u otros órganos
cometen adulterio en el propio sentido de la palabra, sino que, el que hace todo
eso, está en el camino del adulterio y a punto de cometerlo. Por lo tanto, el
primer paso en el camino del adulterio es la mirada, y lo que te va a proteger
de ello es bajar la mirada.
A modo de conclusión, salimos con dos
consejos que intentaremos cumplir con la ayuda de Al·lâh, porque si has leído o
escuchado esta conferencia es para cambiar. Si no lo haces, es una pena todo el
esfuerzo que hayas empleado en leerla o escucharla.
Me acongoja muchísimo recibir llamadas
de los tutores o padres de jóvenes que me cuentan que sus hijos cumplen
perfectamente su oración en la mezquita y asisten a las conferencias, pero sus
comportamientos todavía no son rectos. Siento que todo lo que digo sea en vano,
y que estamos escuchando y leyendo pero todavía somos incapaces de llevarlo a
cabo.
Los dos consejos con los que
salimos, extraídos de la lección del pudor, son:
1- Vamos a bajar la mirada, por pudor
a Al·lâh, que dice: “Conoce la
perfidia de los ojos y lo que
ocultan los pechos”. La
frase “Conoce la perfidia de los ojos” se puede aplicar en la situación en que
un hombre está entre gente que no conoce, y sigue a una de las mujeres de esta
gente con su mirada. ¿Acaso no suele ocurrir? ¿Dónde está tu rubor con Al·lâh
que te ve y conoce la perfidia de los ojos?
2- La vestimenta islámica. Convence a
tu esposa, hija y hermana, de modo suave, de ponerse una vestimenta islámica. Y
si tú restringes la mirada, entonces la ayudarás a llevarlo y a mantenerlo.
En este contexto de la idea de bajar
la mirada tanto para las mujeres como para los hombres: “di a las
creyentes que bajen la mirada”, existe un consejo para los tutores y
para los padres: ten pudor de Al·lâh y no impidas a tu hija llevar la
vestimenta islámica, ya que llegará el Día en el que estarás delante de Al·lâh y
ni siquiera te mirará.
El Profeta, que los Rezos y la Paz de
Al·lâh sean sobre él, dice: “Tres no entrarán al Paraíso y Al·lâh no les
mirará en el Día del Levantamiento, entre ellos: el hombre dayûz”
**Dayûz: es aquel que no tiene celos
con respecto a las mujeres de su casa [su esposa – su hija – su hermana…etc.] Es
decir, que no le importa que otros hombres miren sus cuerpos o tener relaciones
extra-matrimoniales con ellas.
El hombre que ve a su hija cometiendo
un pecado o sin llevar la vestimenta islámica, sin que su corazón se inquiete
por ello y no le ordena o, por lo menos, le explica lo que es correcto ¿Por qué
te expones a esto? ¡Por Al·lâh! No impidáis a vuestras hijas llevar la
vestimenta islámica, sino ayudadlas…
Por último, mis rezos y mis saludos
sean sobre el Profeta de Al·lâh,
que los Rezos y la
Paz de Al·lâh sean sobre él.
Que la Paz, la
Misericordia, y las Bendiciones de Al·lâh sean con vosotros.
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